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27/09/2017
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¿A quién pertenecen las tierras en Israel?

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¿A quién pertenecen las tierras en Israel?
 
 
Por: Tzila Chelminsky, Tel-Aviv, Israel
 
 
Ha surgido recientemente a la luz pública, por cuestiones legales, el debate sobre la propiedad de las tierras en Israel. A todos nos es conocido y cercano el Keren Kayemeth Leisrael (KKL) o Fondo Nacional Judío (JNF). La cajita azul y blanca ha sido uno de los símbolos míticos del renacimiento nacional del pueblo judío en la tierra de Israel. Con cuanta nostalgia recordamos las cajitas de metal en la casa y el colegio. Casi nos hacían sentir que con los pesos y centavos que contribuíamos se podía percibir el perfume de los naranjales sembrados en las tierras redimidas.
 
En 2004 se presentó ante la Suprema Corte de Israel una demanda contra el KKL por el hecho de que renta tierras sólo a judíos. La demanda fue firmada por el Centro Legal para los Derechos de las Minorías Árabes en Israel, la Asociación de Derechos Civiles en Israel y el Centro Árabe para Planificación Alternativa. Estos grupos acusaron al gobierno de actuar ilegalmente al discriminar a los ciudadanos árabes mediante la renta de tierras del KKL sólo a judíos (vale aclarar que en Israel hay tierras que son propiedad del gobierno y otras que pertenecen al KKL). En su demanda establecen que la Administración de Tierras de Israel (Israel Land Authority, Minhal Lekarkaei Israel), no puede prohibir a árabes israelíes en competir en el alquiler de tierras, incluyendo las que se hallan en posesión del KKL.
 
El Fondo Nacional Judío existe desde hace más de un siglo. Fue establecido en el Quinto Congreso Sionista en 1901, como el instrumento de la Organización Sionista Mundial para recaudar dinero de las comunidades judías en el mundo con el propósito de «redimir tierras en Palestina», es decir, adquirirlas para asentamientos judíos, como primer paso con vistas a obtener la soberanía nacional judía. Esas tierras serían propiedad del pueblo judío a perpetuidad y nunca podrían ser expropiadas del KKL.
 
La idea del establecimiento de un Fondo Nacional Judío para comprar y desarrollar tierras para colonización judía antecedió a HerzI. Pertenece a Zvi Herman Schapira, profesor de matemáticas en Heidelberg y líder de Jovevei Zión (Amantes de Sión), quien ya había logrado establecer colonias en Palestina. Schapira presentó su idea al Primer Congreso Sionista en 1897 y sus principios fueron la base para la creación del KKL: el dinero sería recaudado entre los judíos de todo el mundo, ricos y pobres; dos terceras partes se destinaría a la compra de las tierras y el resto a su desarrollo; la tierra sería arrendada y nunca vendida. Sólo en el Quinto Congreso Sionista en 1901, cuando Herzl se dio cuenta de que los grandes bancos no apoyaban su idea, aceptó la idea de juntar los centavos de las masas y así crear el Fondo.
 
En 1904 se fabricaron las primeras alcancías color azul y blanco, uno de los más fuertes símbolos del sionismo entre las masas judías, y en 1907 el KKL fue registrado como compañía en Inglaterra. Para entonces ya había adquirido sus primeras parcelas cerca de Hadera, Tiberíades y Ben Shemen, y se estaba involucrando seriamente en la fundación de Tel-Aviv, la primera ciudad judía moderna. Antes de 1917, cuando el Mandato Británico tomó posesión de Palestina, el KKL fue sólo uno entre los grupos e individuos judíos que compraban tierras, especialmente de terratenientes árabes y del gobierno turco. Dicho gobierno deseaba deshacerse de enormes extensiones de tierra y las vendió a ricos terratenientes árabes que operaban en la región. Recordemos la gran participación que tuvo el Barón Edmond de Rotschild en la compra, desarrollo y establecimiento de colonias judías, pues él solo invirtió 10 veces más que lo que reunió todo el judaísmo mundial hasta esas fechas. Pero después de los disturbios árabes en 1936, fue peligroso para otros individuos o instituciones privadas seguir comprando tierras. Mencionemos que los árabes casi siempre vendían a los judíos tierras pantanosas, secas o carentes tic agua, y el excesivo costo de obtener agua fue lo que produjo el fracaso de las primeras colonias.
 
Con la creación del Estado de Israel y el final de la Guerra de Independencia, el KKL se enfrentó con una nueva realidad. Para aquel entonces poseía cerca de 1,25 millones de dúnams (un dúnam tiene 1.000m2). En ese entonces el gobierno tomó posesión de 3,5 millones de dúnams, tanto pertenecientes al anterior gobierno turco y al gobierno británico, como tierras «abandonadas» por árabes ausentes o por los que huyeron al estallar la guerra.
 
En 1949 el Primer Ministro Ben Gurión vendió 1,25 millones de dúnams al KKL lo que permitió al gobierno obtener fondos muy necesarios para el país y alejó, de alguna manera, a los propietarios ausentes. Hasta entonces el manejo de tierras abandonadas había sido tratado en base a reglas de emergencia. Pero para crear un esquema legal más sólido, el gobierno pasó en 1953 el Acta de Adquisición de Tierras, estipulando que las tierras que no estuviesen en posesión de su propietario hasta abril de 1953, podrían ser expropiadas por seguridad o necesidad de desarrollo. Las tierras expropiadas pasarían a poder de la Autoridad de Desarrollo, creada especialmente, la cual podría transferirlas al KKL o al Estado. En 1960 el gobierno creó la Administración de Tierras de Israel, ya mencionada, y en 1961 el KKL y el Estado concluyeron un «pacto» por el cual el gobierno administraría todas las tierras del KKL pero de acuerdo a los principios establecidos desde su creación. Asimismo, el KKL se hace responsable de cultivar y cuidar los bosques en las tierras de su propiedad así como en las del Estado.
 
Durante muchos años, el KKL eludió el problema de «tierras sólo para los judíos» por medio de un sistema de transferencia. Sus concursos estaban abiertos a todos los ciudadanos, sin discriminación alguna. Cuando un ciudadano no judío ganaba un concurso de arrendamiento, el KKL recibía tierras en otro lugar, lo que le permitía mantener la misma superficie, y así seguir poseyendo en forma constante el 13% «reservado para los judíos». Esto cambió en 2004, cuando la ILA (que maneja todas las tierras del gobierno y del KKL) decidió suspender la práctica de transferencia de tierras. En consecuencia, el KKL podría arrendar tierra sólo a los judíos, lo que provocó la demanda presentada por los ciudadanos árabes. Hasta esa fecha casi no hubo casos de árabes que trataran de arrendar tierras del KKL debido a que éstas se encontraban principalmente en comunidades judías. El problema se ha agudizado recientemente debido al crecimiento de la población de Israel y en particular la de los árabes, que viven en poblaciones congestionadas, sin planeamiento alguno, por lo que han empezado a buscar casas en otras zonas, incluyendo comunidades judías como Carmiel y Katzir.
 
En la actualidad, el Estado es dueño del 89.5% de las tierras, incluyendo el 13% del KKL, un 2.5% en manos del Waqf (autoridad religiosa musulmana) y un 8% en manos privadas, adquirido antes de la creación del estado. La ILA o el gobierno tampoco vende sus tierras, sino que, mediante un sistema especial de «alquiler a largo plazo» (jajirá), arrienda el derecho de uso por 48 años con opción constante de renovación, y queda como socio con un 8% del valor de la tierra. Este sistema, aplicado a todas las tierras del país, es complicado y único, como prueba de lo anormal y diferente que ha sido la situación de los judíos y su retorno a la tierra de Israel.
 
A raíz de la demanda ante la Suprema Corte, tanto el gobierno como el KKL anunciaron haber llegado a un acuerdo, que esencialmente consiste en volver a la situación existente antes de 1904. El acuerdo, en su concepción básica, implica que las dos organizaciones llevarán a cabo una transferencia de tierras en gran escala. El gobierno a través del ILA tomará posesión de las tierras del KKL en zonas del país que están siendo desarrolladas en la actualidad, mientras que dará al KKL tierras en zonas del país, principalmente en el Néguev, que no serán desarrolladas en un futuro próximo. El estado podrá arrendar tierras sin discriminar a los árabes, mientras que el KKL seguirá siendo «el propietario de las tierras del pueblo judío». Este arreglo permitirá al KKL regresar a su función original de asegurar tierras que eventualmente podrán ser usadas para asentamientos judíos.
 
La verdad es que el KKL ha sido el instrumento de la colonización judía y en ello ha tenido enorme éxito. En sus tierras se han establecido 500 kibutzim y moshavim, y ha jugado un rol sumamente importante en el desarrollo y conservación del medio ambiente, particularmente en la reforestación. Ha combatido la desertificación y aumentado los recursos de agua. Ha sembrado alrededor de 223 millones de árboles, convirtiendo a Israel en el único país que tiene en siglo XXI más árboles de los que tenía al inicio del siglo XX. Ha construido 180 presas y reservas hídricas, y como miembro fundador del Consorcio Internacional de Tierras Áridas comparte su enorme experiencia con otros países áridos. Actualmente, el KKL está concentrado en lo que llama proyectos de «transformación comunitaria» en el Néguev. Si bien en esta transferencia de tierras el KKL ha perdido mucho de los recursos monetarios que recibía por el arriendo de mejores tierras, está estudiando la manera creativa de emplear de la mejor manera las tierras adquiridas. Se piensa usar parte de las tierras del Néguev para la producción de energía solar suficiente para proveer un 10% del consumo del país durante la próxima década.
 
Muchos habitantes de Israel consideran que la demanda en contra del KKL es sólo parte de un proyecto mayor para cambiar la definición de Israel como «estado judío democrático», a la que seguiría la abolición de la Ley del Retorno, el cambio del himno nacional y el esfuerzo por convertirlo en un país no sólo judío, sino de todos sus habitantes.
 
Con este último arreglo sobre las tierras parece haberse resuelto el problema de la igualdad de todos los ciudadanos, y probablemente Herzl, el visionario liberal, estaría contento.  
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