A Propósito de contagios - Intelecto Hebreo

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04/07/2018
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A Propósito de contagios

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A Propósito de contagios
Por: Gabriel Katz Miami, Fla.
No cabe duda que tiene bastante de cierto aquel dicho que dice: "Al sarnoso, un grano más"; por lo menos con lo que ha, y sigue pasando en México con todo tipo de contagios, que por lo visto, aún los económicos, los han ligado con la gripe, pues hasta el mismo Secretario de Hacienda -al principio de la crisis económica- definió y comparó los fenómenos que se le presentaban, como un catarrito o pequeña gripe.
Lo cierto es que resultó toda una pulmonía económica de la que será difícil salir, y además -pareciera ser brujo- pues invocó inconscientemente a un nuevo mal de naturaleza endémica, que terminó con un cuadro agravado en todos los órdenes, incluso en el internacional. Todos estos flagelos para la humanidad tienen su historia y al parecer con el modernismo y globalización, la velocidad con que se desarrollan es cada vez más alarmante.
Es bueno aclarar antes de continuar, las diferencias existentes entre epidemias y pandemias; las primeras por lo general son enfermedades infecciosas que atacan simultáneamente a un gran número de personas. Si estos ataques siempre están localizados en las mismas regiones, se les denomina endémica, pero si por lo contrario se extienden y abarcan uno o más continentes, se clasifican como pandemias. En cualquiera de sus denominaciones, pueden ser comparadas en pérdidas humanas y efectos colaterales, con calamidades como los sismos, fenómenos meteorológicos y los creados por la propia mano del hombre, como las grandes guerras y contaminaciones.
Ahora bien, se puede afirmar que las muertes por causas de epidemias, se encuentran registradas desde las primeras formas de escritura, incluyendo la Biblia, pero de las que existen más detalles registrados de causa y efecto científico y no divino, inician en la Edad Media en Europa a mediados del siglo XIV; propiamente en Mesina, Génova y Marsella, desde donde se propagó por toda Europa Continental e islas Británicas. En esos tiempos se pensó que su inicio era europeo, pero posteriormente se supo que ya había aparecido antes en Asia.
Los registros europeos dan un total de 20 millones de muertes, pero se piensa fueron más, unos 48 millones de muertes, ya que prácticamente comprendió a casi todo el mundo, a excepción de América, Australia y las islas del índico y Pacífico. Estos fenómenos, aunque fueran parcialmente registrados, hicieron la peste, una de las más grandes epidemias que han asolado a la humanidad.
         Pero ¿cuáles fueron en la práctica sus verdaderos orígenes? de este gran mal que también se conoció como "Muerte negra".
Después de varios años -ya que duró (sólo en Europa) de 1347 a 1351- y gracias a las observaciones que algunos médicos hacían, se confirmó que el        elemento transmisor eran las pulgas que habitaban en los cuerpos de las ratas, que una vez muertas por la infección, saltaban al hombre con las mismas consecuencias. Por esa misma razón, se suponía que la enfermedad se tornaba más contagiosa cuando no se enterraban bien y con rapidez a las víctimas. Los efectos primarios en los contagiados, consistía en brotes (que llamaron bubas) en ingles y axilas, del tamaño de un huevo o una manzana. Como al principio no se sabía que precauciones se debían cumplir para evitar mayores contagios, por lo general los infectados morían a los 3 días de la aparición de los síntomas.
En esa época el pánico y la ignorancia reinaban entre la mayor parte de la población europea, que dieron por resultado varias interpretaciones y conductas irracionales, como: la creencia en una furia y castigo divino, la práctica de sacrificios expiatorios... y las más radicales, la atribución de los males a judíos, a los que se les persiguió, expulsó y mató sin consideración alguna. Con el tiempo, el microscopio, las acciones higiénicas y los grandes bacteriólogos como el francés Pasteur o el alemán Koch -entre otros-, mostrarían al verdadero culpable; no obstante los conocimientos y adelantos científicos conseguidos en tantos años, no se puede afirmar que la batalla contra la peste ha terminado, pues todavía existen algunos focos endémicos localizados en territorio de la India.
Pero no sólo la peste ha causado enormes estragos en la historia de la humanidad; nada menos que al principio del pasado siglo, al término de la Primera Guerra Mundial, se registra una de las gripes llamada "Gripe Española" que causó 30 millones de muertos. También sobre el tema de gripes, muchos recordamos en 1957 a la "Gripe Asiática" que llegó a afectar todos los continentes, pero que no causó tantas víctimas como se esperaba; según estimaciones, no llegó al millón de muertos en todo el planeta. Aunque la alerta, atención a los contagiados y fabricación de vacunas cada vez es más rápida, el peligro no se puede minimizar, pues con mucha facilidad el virus muta de una cepa sensible a la vacunación, a otra que resulta inmune.
El uso de vacunas polivalentes para virus productores A y B son más frecuentes; la investigación es constante y la producción de nuevas vacunas se cambia por lo general cada año. La aplicación se ha recomendado a personas de edad avanzada o que muestren síntomas de debilidad; por lo general los resultados han sido positivos y se realizan campañas de vacunación -en el hemisferio norte- en los meses de septiembre y octubre, antes de que se sientan los primeros fríos del invierno.
Aparte de las vacunas, la penicilina -a principios del s. XX- fue el arma clave en la lucha contra las enfermedades infecciosas, gracias a sus descubridores Fleming, Florey y Chain. A diferencia de las vacunas, este primer antibiótico y los que le siguieron, no aumenta las defensas del individuo enfermo, sino que destruye o impide el desarrollo de las bacterias causantes de la enfermedad. Pero lamentablemente se ha comprobado que muchos antibióticos no pueden actuar contra los virus, que son agentes muy especiales por su naturaleza y su menor tamaño respecto a los microbios.
Los hechos demuestran que este tipo de macro batallas, tienen buenos resultados, pero generalmente con ellas no se han podido ganar del todo algunas guerras, en enfermedades crónicas como la tuberculosis o la también legendaria sífilis, que no sólo persisten en países menos desarrollados, sino también en varios países ricos o avanzados en higiene o buena medicina y atención social. El cuadro de contagios tiene nuevos retos, pues aparecen nuevas enfermedades infecciosas graves, como la más destructiva que ha resultado ser el sida, que ha puesto al planeta en una permanente alerta sanitaria, y a los contagiados, en una angustiosa esperanza o resignación.
Lo sucedido en México, independiente al origen de esta nueva influenza, tendrá que contener cambios higiénicos profundos y en serio, no sólo por parte del gobierno, sino de todos los ciudadanos que deberán cambiar muchos malos hábitos y conservar sus cuerpos, hogares, pueblos o ciudades más limpios. Afortunadamente la nueva influenza no tuvo las consecuencias temidas -por ello la gran alarma y toma de decisiones molestas y antieconómicas-, pero no debemos olvidar que el virus tal vez perdió la primera batalla, pero seguramente lo tendremos un poco antes del inicio del invierno, con nuevas armas más efectivas contra nuestra salud y la de nuestros seres queridos.

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