Arte infantil durante la Segunda Guerra Mundial - Intelecto Hebreo

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01/08/2017
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Arte infantil durante la Segunda Guerra Mundial

4° Lustro Rev. Foro

La situación del arte infantil durante la Segunda Guerra Mundial


(Primera parte)


Por: Ilana Kalb

Fueron un millón y medio los niños que perecieron en el Holocausto. Durante su permanencia en los diferentes ghettos y campos de concentración, muchos de ellos realizaron una gran variedad de objetos artísticos tales como pinturas, dibujos y fotografías, los cuales reflejan el sentir de los artistas con respecto a las atrocidades que se cometieron en tan dolorosa época. Incluso, se conocen obras producidas desde los inicios de la era nazi.

Al finalizar la guerra se encontraron varias obras piezas de arte, algunas también realizadas por adultos. Todas estas producciones han sido testimonio de una época diabólica y además confirman que los seres humanos, por naturaleza, tienen la enorme necesidad de crear y expresarse.
Durante los años de Hitler, existieron muchos artistas judíos, algunos de ellos reconocidos mundialmente, los cuales representaron un gran peligro para el régimen al plasmar lo que los nazis trataron de ocultar.
Ante aquella situación, se optó por mandarlos junto con sus hijos a Theresienstadt (Checoslovaquia), ghetto del cual los servidores de Hitler presumían de darles un «trato especial» y no permitir que dichos artistas reconocidos mundialmente desaparecieran. En realidad, este lugar fue para las víctimas el punto medio entre sus lugares de origen y los campos de exterminio. De los 15,000 niños que se envió ahí, solo 100 pudieron salvarse.
El pasado 10 de febrero, se inauguró en el Moravian College de Bethlehem en Filadelfia, una exposición de dibujos y collages realizados entre 1941 y 1945 por los niños de dicho ghetto. Se presume que durante esos años se crearon aproximadamente 4 mil dibujos. Esta recopilación cuenta con 30 producciones originales, 70 reproducciones y un gran número de fotografías; además, se planeó ahí mismo un simposio dirigido por historiadores, académicos y tres sobrevivientes cuya infancia les fue arrebatada en Theresienstadt.
Por otro lado y retrocediendo un poco, también me gustaría hacer mención que en 1988 se exhibieron por vez primera en el Museo de Dusseldorf, 125 dibujos de niños judíos alemanes, los cuales realizaron en sus escuelas entre los años de 1936 a 1941.
Definitivamente, dicha producción tan dramática, dinámica y sensible, sirvió como vía de escape tanto a los pequeños como a sus maestros. Gracias al profesor y artista Julio Levin, esta colección sobrevivió la guerra.
De una u otra forma, tanto las obras realizadas por niños judíos desde 1933 en Alemania (año en que subió Hitler al poder), como aquellas producidas en los campos y ghettos, muestran ciertas diferencias obvias:
En primer lugar, los niños tenían acceso en un principio a comprar material artístico de buena calidad, al mismo tiempo que todavía vivían en casa.
Por otro lado, los niños que vivieron los horrores de los ghettos y los campos, además de no contar con la virtud de la privacidad, se les separó de sus padres y hermanos, y sus herramientas de trabajo fueron sumamente primitivas.
Sin embargo, en la producción artística de ambos casos se encuentra latente el espíritu de supervivencia humano y el deseo de darle continuidad a la historia del pueblo de Israel.
A pesar de las condiciones en las que vivieron los judíos, hubo escuelas clandestinas en casi todos los ghettos y campos de concentración. Así, vale la pena mencionar que para muchos niños, sus maestros se convirtieron en padres, además de educadores. Al existir una libertad «relativa» de enseñanza, los profesores le brindaron un lugar fundamental al arte en la educación, pues a dicha disciplina se le consideró una terapia, un medio de escape para expresar los deseo de supervivencia y una forma de transmitir a las generaciones venideras su religión y su cultura.
Se tienen noticias acerca de profesores como Fredy Hirsch y Friedel Dicker Brandejsova, quienes en el ghetto de Terezín (Theresienstadt) desempeñaron una misión de suma importancia en el campo del arte. De aquí se sabe que los niños comenzaron a pintar desde el momento en que llegaban a tan tenebroso lugar. En las clases se les fue inculcando el dibujo de una manera organizada y además las lecciones se dividieron en grados: primero, se trazaban elementos geométricos básicos; posteriormente, los niños dibujaban objetos de la vida cotidiana que podían encontrar en el ghetto y por último, copiaban y pintaban modelos de naturalezas muertas.
Gracias a la maestra Dicker Brandejsova, se pudo obtener información acerca de la educación artística. Ella enseñó tanto a las muchachas como a los muchachos, no obstante que no era una profesora especialista, cumplió exitosamente con su misión de instrucción de arte.
A pesar de hacerlos cumplir con una metodología, los alumnos gozaron de una gran libertad de expresión, quienes a su vez mostraron en las obras su gran fantasía y en algunos casos, mucho talento. Incluso, algunos de ellos llegaron a copiar reproducciones de grandes artistas. Por otro lado, un gran porcentaje de las obras infantiles de Theresienstadt que se encontraron después de la guerra, plasman las atrocidades y la realidad de la era nazi dentro de aquel ghetto como lo eran los muros de piedra, las barracas y las alambradas.
Una vez más, el arte volvió a cumplir con su misión; desgraciadamente, en un evento que jamás debió ocurrir. Una misión en la que el arte sirvió como medio de transporte de ideas, emociones y experiencias que aquellos niños nunca debieron haber vivido...

BIBLIOGRAFÍA
http://fcit.coedu.usf.edu/holocaust./ arts/artvicti.htm
«Exponen dibujos del Holocausto», en Reforma. México 11 de febrero del 2000. pág. 3C.
Milton, Sybil. The Art of Jewish Children. Germany: 1936-1941.
Innocence and Persecution. Nueva York, Philosophical Library, 1989.
Tribuna Israelita. «La segunda generación: los hijos del Holocausto», en Kesher. México. 1º de diciembre de 1999, pág. 18
Aquí no vuelan las mariposas. Buenos Aires, Milá Editor, 1988.

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