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27/09/2017
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Begin quiso atentar contra Adenauer

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Begin quiso atentar contra Adenauer
 
Por: Bill Landau
 
El líder israelí Menahem Begin ordenó, organizó y financió en 1952, un atentado con paquete bomba, contra el entonces canciller alemán, Konrad Adenauer, en el que murió un policía, según reveló el diario Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ). Begin recibió -36 años después- el Premio Nobel de la Paz.

Si bien el hecho del atentado era conocido, nunca se llegó a saber quien estaba detrás de la acción, destinada a boicotear las negociaciones entre Alemania e Israel, sobre una indemnización económica por el Holocausto. El periodista alemán Henning Sietz, autor de un libro sobre el caso, hizo en el FAZ las nuevas revelaciones. Éstas proceden de un libro escrito en 1994 por Elieser Sudit, que preparó la bomba. El libro, que Sudit imprimió por su cuenta, está en hebreo, carece de código ISBN y no figura en ninguna biblioteca. Llegó a manos de Sietz, gracias a la llamada de un lector que le envió un ejemplar. En la obra Sudit intenta, una vez fallecido Begin en 1992, arrojar luz sobre los hechos. Sudit, que vive cerca de Tel Aviv, fue contactado por Sietz, pero respondió que no habla con alemanes.

A comienzos de los años cincuenta, Adenauer se decidió a buscar la forma de compensar a Israel por el Holocausto. El primer canciller de la República Federal esperaba así que su país empezara a ser mejor aceptado en las naciones occidentales. Israel, por su parte, estaba en difícil situación económica por la necesidad de integrar a cientos de miles de inmigrantes europeos. Ello movió al primer ministro, David Ben Gurion, a aceptar una compensación económica. Para Begin, que lideraba en la oposición el partido conservador sionista Cheruth, una indemnización menoscababa la dignidad del pueblo judío, por ser «dinero ensangrentado» del «pueblo asesino». «Esta va a ser una guerra a vida o muerte. No existe un solo alemán que no haya asesinado a nuestros padres. Adenauer es un asesino. Todos los alemanes son asesinos», dijo Begin en 1952.

También indignado por el intento de reparar con dinero el asesinato de seis millones de judíos, Sudit contactó con Begin. El político, que sería primer ministro de Israel entre 1977 y 1983, estuvo de acuerdo en enviar un libro bomba a Adenauer, y dos cartas bomba a los representantes alemanes en la negociación, que debía comenzar en Holanda el 21 de marzo de 1952.

Gracias a 1.000 dólares aportados por Begin, Sudit preparó en París las bombas, que concebía -ante todo- como una protesta simbólica, ya que imaginaba que los explosivos no llegarían a los destinatarios. Para el paquete de Adenauer, Sudit usó el segundo tomo de la enciclopedia Brockhaus, y alojó el explosivo TNT en su interior. El paquete fue entregado a dos chicos en la estación central de Münich, para que lo depositaran en una oficina de correos del barrio muniqués de Schwabing. El envío decía: «Al canciller, Dr. Konrad Adenauer. Bundeshaus, Bonn». Nadie reparó en que el Bundeshaus, la casa federal, no era el domicilio del canciller, sino sede de las oficinas de los diputados. El paquete llamó la atención de la policía y causó la muerte de un agente especialista en explosivos, cuando intentaba desactivarlo.

Cinco personas fueron detenidas en París, una de ellas Sudit, que logró destruir las pruebas, por lo que nunca se le pudo probar su participación. Los otros cuatro, eran miembros del Cheruth, entre ellos, un diputado de la Knesset (Parlamento israelí). Begin protestó por las detenciones ante un diplomático francés, al que aseguró que los detenidos estaban en viaje de trabajo y que no tenían nada que ver con el atentado.

De esta manera se desprende cierta visión de la concepción de mundo de un fanático. Aunque Begin -años más tarde- modificó su posición, llegando hasta obtener el Premio Nobel de la Paz, oh ironía, con Arafat, al principio de su carrera política, en el recién y muy necesitado nacido Estado de Israel, estuvo dispuesto a sacrificar el bienestar de los habitantes del Estado, en aras de una filosofía política, que al fin y al cabo no le hubiese permitido a los israelíes enfrentarse a los graves retos de los años cincuenta.

Ben Gurion, siempre el pragmático estadista, decidió aceptar las compensaciones alemanas, pues en sus manos estaba la creación y la sostenibilidad del Estado. Esa era la diferencia fundamental entre los dos líderes.

Años más tarde Begin le permitió a Ariel Sahron, la completa invasión del sur del Líbano y las matanzas de Sabrá y Shatila, perpetrada por falangistas libaneses con la anuencia de Sharon, y por ende de Begin, creando de nuevo una situación insostenible para el Estado.

Begin murió deprimido, 
tal vez a consecuencia de su concientización de la Historia que protagonizó.

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