Capa, cara a cara - Intelecto Hebreo

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04/07/2018
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Capa, cara a cara

4° Lustro Rev. Foro

Capa, cara a cara


Por: Peter Katz


Es el título de la exposición con más de ciento treinta fotografías en blanco y negro de Roberto Capa, tomadas entre 1936 y 1939, en la España que estaba desangrándose en aquel entonces por la Guerra Civil. La exposición estuvo abierta durante todo el mes de Octubre, en el Museo Rufino Tamayo de esta ciudad y fue posible gracias a la cooperación de la Embajada de España, CONACULT y el INBA.

Para mí, cada vez que veo imágenes acerca de la Guerra Civil, siento una sensación especial; un dolor por el sufrimiento de los españoles, y de solidaridad con aquellos jóvenes milicianos, sin formación militar, que caían bajo las balas del ejército rebelde de Franco. Esto es precisamente lo que muestran estas fotos.
Antes de ser exhibidas en México, fueron mostradas en el Museo Nacional de la Reina Sofía en Madrid. Las fotos de una extraordinaria calidad -fueron tomadas hace sesenta años- nos muestran los hechos y los protagonistas de este terrible conflicto. Las Guerras Civiles y las Revoluciones son probablemente las gestas más destructoras y más sangrientas, porque conllevan el odio, el resentimiento entre hermanos y entre bandos de la misma nacionalidad.
Hay fotografías excepcionales. Una de unos transeúntes en Barcelona, dirigiendo -todos al mismo tiempo- la mirada hacia el cielo, siguiendo la trayectoria de algún avión bombardero enemigo. La exposición está muy bien presentada y perfectamente ordenada por sucesos y por fechas. Algunas muestran a combatientes de las «Brigadas Internacionales». En la pared, a un lado de las fotos, está expresado lo que les dijo Dolores Ibarruri, «la Passionaria» Jefa del Partido Comunista Español, cuando se fueron de España en 1938: «Volved a nuestro lado, aquí encontraréis patria, aquí encontraréis amigos y el agradecimiento del pueblo español que hoy y mañana gritará con entusiasmo ¡Vivan los héroes de las Brigadas Internacionales!» Barcelona, Octubre de 1938.


Otras más muestran a unos soldados despidiéndose de sus esposas y de sus hijas. Madres acompañando a sus hijos al cuartel. Fotos de los muertos en los campos de batalla. Como consecuencia de la Guerra Civil en España, murieron más de un millón de personas. Otras trescientas mil salieron al exilio. La guerra en España fue muy desigual. Por un lado estaba la mayor parte del ejército -soldados profesionales- que se rebelaron bajo el mando de varios generales, a la cabeza de los cuales estaba Francisco Franco. Los rebeldes además controlaban todo el armamento que estaba almacenado en los cuarteles. Del otro lado, estaba un gobierno constitucionalmente electo, que se quedó con el apoyo de una parte del ejército, la fuerza aérea, la marina y una milicia popular levantada a toda prisa, pero sin experiencia militar alguna. Jóvenes con muchas ganas de defender su libertad, pero sin saber siquiera como manejar un arma, además sin uniformes y sin material de guerra. Pero el pueblo estaba con la República. Eso era España en 1936, una nación convulsionada y eso es precisamente lo que nos muestran las fotografías.
Roberto Capa es el seudónimo adoptado en 1936, por Ernö Friedmann, judío húngaro, quien nace en Budapest en 1913. Viene al mundo en el seno de una familia judía de clase media; vivían en la Dohany Utza, muy cerca del Templo Mayor «Nagytemplom» en lo que era la capital de Magyar del Imperio Austro-Húngaro.
Su exilio empieza en 1931, por la situación política restrictiva reinante en Hungría. Sale para Berlín; allí se incorpora en la Universidad «Deutsche Hochschule fuer Politik». Para ayudarse económicamente es contratado por Simón Guttman, un mayorista en artículos fotográficos de Berlín. De allí nace su interés y su amor por la fotografía. Aprende el manejo de cámaras, lentes y materiales sensibles. Los fines de semana toma sus primeras fotografías y él mismo las revela y las imprime.
En 1932, el periódico socialista «Rote Fahne», lo contrata para que viaje a Copenhague y le encomienda tomar unas fotos a León Bronstein Trotsky, quien se encontraba de visita en aquella ciudad. Al tomar Hitler el poder en Alemania, Friedmann se refugia en Francia. En 1934, se instala en París como refugiado político y desde luego como fotógrafo. Allí conoce a Gerda Taro, fotógrafa alemana también refugiada, debido a la toma del poder por los nazis en su tierra natal. Durante toda su vida fue su gran amor, aunque nunca se casaron.
En 1936, el grupo francés de izquierda, «Front Populaire» -León Blum- lo contrata para que viaje a España y documente el conflicto fratricida. De esta época son las fotografías exhibidas en el Museo Tamayo. En 1938, toma fotos en China, donde había ocurrido una invasión japonesa y un conflicto armado sumamente cruel y sanguinario -sobre todo las matanzas de civiles en Nankin. Este viaje lo hace por cuenta de Armin Bettman -The Bettman Archive- judío quien tuvo que salir de Alemania en 1933 y logró salvar un abultado archivo fotográfico de acontecimientos sociales y políticos -también de temática judía- para ponerlo a salvo en Nueva York, donde estableció un archivo fotográfico que proveía a periódicos y revistas.
En 1939 logra emigrar a los Estados Unidos. Se instala en Nueva York, ciudad en la cual Bettman ya había vendido algunas fotos suyas. Primero trabaja como foto-reportero para varios periódicos, hasta que en 1940, es contratado por «Life Magazine» -Time Life Henry Luce. Para un fotógrafo recién llegado de Europa hace apenas quince meses, era una gran oportunidad y representó una seguridad económica poco común.
En 1940 viaja a México e imprime fotos en varias partes de la República para la revista «Life»; rostros de indígenas, escuelas, profesores y una manifestación de partidarios de Almazán. Siempre con gran sentido humano.
Entre 1941 y 1945, cubre la Segunda Guerra Mundial en el teatro de operaciones europeo, incluyendo el desembarco en Normandía y la liberación de París. En 1947, funda en Nueva York la primera Agencia Fotográfica de la Historia «Magnum» (Bettman únicamente compraba y vendía fotos a la prensa) asociándose con Henri Cartier-Bresson y David Seymour. En 1948, va a Israel para cubrir la celebración de la Independencia y la fundación del Estado. Se queda hasta fines de 1950 para cubrir la Guerra de Independencia. En Palestina visita a un amigo Najum Gidal, fotógrafo judío alemán quien emigró en 1934, y con el tiempo se convierte en el mejor foto-reportero en Eretz Israel.
En sus trabajos Capa siempre ha usado una cámara Leica. Su fotografía más famosa y al mismo tiempo la más conocida mundialmente -hoy un clásico- es la «Muerte de un Miliciano», tomada en Cerro Muriano al norte de Córdoba el 5 de Septiembre de 1936.
Ernö Friedmann -Capa- está en el rango cualitativo y en el mismo nivel que fotógrafos como Henri Cartier-Bresson, Alfred Eisenstaedt, Enrich Salomón y David Seymour. Esta forma de catalogarlo es plenamente reconocida entre sus pares.
Muere en 1954, en Vietnam, cerca de Hanoi al pisar una mina. Por trágico que parezca el hecho de perder la vida en semejantes circunstancias, para él, fue una forma normal de morir, tal vez hasta previsible. Capa, además de buen profesional, era un artista pues sus fotos son verdaderas obras de arte. Como persona fue un idealista. Sólo un idealista pudo haber producido estas fotografías de la Guerra Civil Española, llenas de bondad, solidaridad, humanidad y de amor.

Él sabía que arriesgaba su vida diariamente. Murió a la edad de 41 años, estando en la plenitud de su vida.


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