Capitán Arturo-Carlos de Barros Basto - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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Capitán Arturo-Carlos de Barros Basto

4° Lustro Rev. Foro

Capitán Arturo-Carlos de Barros Basto


Por: José Brito (Tenerife, Esp.)

In Memoriam
(Apuntes para una biografía inacabada)


En el ejemplar correspondiente al mes de junio de 1.998 de nuestra revista "FORO'' (espero que mi buen amigo y director del medio, Don Jacobo Contente, no se ofenda si utilizo el posesivo con tanta liberalidad), se publicó la última parte de un artículo dedicado al "Judaísmo en Portugal y los Cripto-Judíos portugueses en el siglo XX".

Aquellos lectores que tuvieron la oportunidad de leer esta última "entrega" de la serie -fueron, si la memoria no me es infiel, 3 episodios-, recordarán que en un momento determinado de tan larga disertación, esbocé la figura de Arturo-Carlos de Barros Basto, refiriéndome a él como la persona que hizo posible el renacimiento de los cripto-judíos, léase, también, marranos portugueses en pleno siglo XX.
A veces, resulta difícil para un escritor, o para un aprendiz de tal, como es mi caso-, el plasmar en unas simples cuartillas la trayectoria humana y social de personajes de la talla de Barros Basto. Sin duda alguna, queda catalogado, por derecho propio, dentro de ese tipo de individuos que se apartan de lo meramente normal, de lo cotidiano, de lo que hacemos y vemos todos los días; en una palabra, de lo rutinario, para esforzarse en la realización de tareas que, a los ojos de los demás, nos parecerían ciclópeas, pero que ellos las ven como algo normal y poco dignas de ser mencionadas. Por algo son seres excepcionales.
Pero… conozcamos al personaje.
Nacido en 1.887 en la localidad de Amarante, cerca de la ciudad de Oporto, Barros Basto descendía, por línea paterna, de una familia de clara estirpe marrana.
Tanto si infancia como su adolescencia, no fueron, de acuerdo a sus biógrafos, épocas felices o que él recordara con especial predilección. Hijo único de un matrimonio mal avenido, de sus tiempos de niñez y mocedad sólo gustaba de recordar las vacaciones que pasaba junto a su abuelo en su lugar de nacimiento, Amarante, quien con frecuencia le mostraba una vieja Biblia al tiempo que le decía: "Somos judíos, no debes olvidarlo nunca".

Uno de los momentos trágicos de la vida de Arturo-Carlos fue, según confesión propia, la muerte de su abuelo a quien se hallaba muy unido. Este, en el postrer momento, le llamó a su lado y, al tiempo de bendecirle, le dijo: "Voy a morir, no te veré más, pero muero en la misma fe de mis antepasados. Quien te bendiga, sea bendito. Quien te maldiga, sea maldito".
La vida continuó y a medida que crecía en edad, también aumentaba su interés por todo lo que tenía relación con el judaísmo: su literatura, su música, su historia, su liturgia. A veces, según nos cuenta en su biografía, en sus contadas visitas a Lisboa, se paseaba por delante de la sinagoga de dicha ciudad e intentaba entrar, pero siempre lo dejaba para la próxima ocasión.
Debido a una situación de estrechez económica que le privó de estudiar leyes, se ve en la necesidad de abandonar sus planes de entrar en la Universidad, optando por la vida militar. Su madre María Ernestina Bessa-Fortes, único sostén económico y moral, le animará a dar este paso.
En 1.910 y en plena efervescencia revolucionaria, cae la monarquía en Portugal, proclamándose la república. Barro Basto, ferviente defensor de las libertades públicas, sería quien izaría la bandera republicana en el ayuntamiento de la ciudad de Oporto.
Esta intensa actividad revolucionaria no menguaría, en absoluto, su ferviente admiración hacia todo lo judaico. En una de sus visitas a Lisboa, por fin, se atreve a entrar en la sinagoga, donde es recibido con el típico recelo hacia el extraño, hacia el "otro". Al ver su actitud totalmente positiva, es el rabino de la comunidad quien se interesa personalmente por él, presentándole a varias familias de la colectividad judía de Lisboa.
Este primer acercamiento oficial de Barros Basto al judaísmo, se vería truncado en 1.916 al entrar Portugal en la I Guerra Mundial. Es enviado al frente europeo donde toma parte en arriesgadas misiones en primera línea. Fue precisamente en plena guerra, cuando una tarde de viernes, al entrar en la tienda de campaña de un oficial francés encontró a éste encendiendo las velas sabáticas, al ver su cara de asombro, el oficial le indicó que se trataba de una antiquísima ceremonia judía que se repetía cada viernes al caer la tarde. Arturo-Carlos enseguida recordó la misma escena pero en casa de su abuelo, en la lejana Amarante. A partir de ese momento, el vínculo indestructible que le unía al judaísmo se afianzó de forma aún más rotunda.
Al término de la I contienda mundial, había alcanzado el grado de Capitán de Infantería del ejército portugués, nombrándosele seguidamente comandante de la guarnición militar de Oporto.
Al tratarse de un cómodo puesto situado en una pequeña capital de provincia, todo el tiempo libre que le quedaba, después de cumplir con las obligaciones propias de su cargo, lo dedica a estudiar el judaísmo en profundidad.
Hacia 1.920, un íntimo deseo de conversión le acuciaba e inicia, según propia confesión, un camino plagado de dificultades hasta conseguir su propósito.
De aquella, era prácticamente, por no decir imposible del todo, llevar a feliz término un proceso de conversión en Portugal. Barros Basto no se desanima y después de haber sido aconsejado por el jefe de la comunidad judía de Lisboa, se dirige a la ciudad de Tetuán, en la costa de Marruecos. Allí tampoco fue fácil para él pero, al final, lo consigue. Más tarde, en sus escritos autobiográficos, refiriéndose a su proceso de conversión, diría: "No es fácil entrar en el seno de Israel. Este es el retorno que yo querría facilitar a los marranos. Un camino de vuelta sin tantas dificultades".
En 1.921, regresa a Oporto. Oficialmente ya era judío. Siguiendo una vieja tradición cripto-judía, ahora tenía dos nombres, el judío era el de Abraham Israel Ben Rosh.
Posteriormente, conocería a Lea Montero-Azancot con quien se casaría, naciendo de esta unión sus dos hijas Myriam y Nune.
Es a partir de su conversión oficial al judaísmo cuando Barros Basto empieza su particular cruzada de atraer hacia la Torá a todos aquellos descendientes de familias marranas que, por múltiples causas, habían abandonado sus tradiciones ancestrales.
Aunque, indudablemente, él fue el motor principal de esta etapa de renacimiento judaico en Portugal, no estaba solo, el Comité Pro-Marranos de Londres, en cuanto supo de su afán proselitista, no sólo le ofreció ayuda económica para su causa sino que también le facilitó material didáctico para hacerle más llevadera su misión. Desde la pequeña revista/periódico "Ha Lapid" -La Antorcha-, órgano oficial de la "Comunidad Israelita de Pôrto", Barros Basto ofrecía detallada información a los marranos acerca de las prácticas religiosas judías.
A principios de los años treinta, Barros Basto tenía su "base de operaciones" en la imponente sinagoga de Oporto, de nombre Mekor Chayim, aunque popularmente conocida por el nombre de sinagoga Kadoorie, debido a que fue este famoso financiero judeo-irakí quien proporcionara la mayor parte de los fondos necesarios para su construcción. Desde su Talmud-Torá, de nombre "Rosh Pina" -Piedra Angular-, Carlos Arturo consiguió atraer y matricular a una modesta cantidad de alumnos que, junto con sus familias, le hacían soñar en un renacimiento, a pequeña escala, del judaísmo portugués.
Obviamente, este sueño era demasiado hermoso -yo diría hasta casi infantil-, para ser verdad. La Iglesia, aunque se había mantenido en silencio durante todo el proceso, estaba al acecho. Cuando le pareció que las cosas se desbordaban y escapaban a su control, pasó al contraataque y emprendió acciones. Primero de forma indirecta: apeló al gobierno de la nación al tiempo que ejercía determinadas presiones sobre el mismo. Como estas gestiones no dieron el resultado apetecido, se enfrentó directamente con Barros Basto.
La infamia que se desencadenó posteriormente rebasa todo lo imaginable. Muchos historiadores consideran al caso Barros Basto paralelo al sufrido en Francia por el Capitán Alfred Dreyfuss. En mi opinión particular, aunque menos conocido, el de Barros Basto tiene connotaciones, tanto político-militares como religiosas, que el famoso "affaire francés" no tuvo.
El "brazo ejecutor", por llamarlo de alguna forma, de que se valió la Iglesia para llevar a cabo su venganza, se llamaba Tomaz Correia da Luz Almeida, cura local y prior del monasterio de Alfurada.
La misión de este obscuro individuo consistía en apostarse cada tarde a la salida de los alumnos de la Talmud-Torá. Con métodos persuasivos y hábiles preguntas, consiguió ganarse la confianza de un sector de jóvenes que estudiaban en la institución y que le contaban, detalladamente y de buena fe, las actividades religioso-educativas que se desarrollaban en el centro.

Con tal cúmulo de información en su poder, no fue difícil para las autoridades eclesiásticas portuguesas "fabricar" un caso a su medida y que echara por tierra la actuación y el honor del Capitán Barros Basto.
A partir de ese momento, al no tener pruebas objetivas en que basarse, la calumnia hizo solemne acto de presencia; Tomaz Correia da Luz Almeida, denunció públicamente que el Capitán era un degenerado y que se entregaba a prácticas muy poco convencionales en las ceremonias de "Berit Milá", justo en el momento de succionar la sangre de las incisiones practicadas. De forma automática, el fiscal municipal de Oporto presentó cargos criminales contra Barros Basto.
(Convendría explicar, especialmente teniendo en cuenta que la revista "FORO" es también leída por personas de confesión no judía, que la acción de succionar la sangre de la incisión practicada en el pene, corresponde a una de las partes, de nombre Mezizah, en que se divide la ceremonia de circuncisión o "Berit Milá". Antiguamente, era el mohel, o circuncidador ritual el que, literalmente, limpiaba con su lengua la sangre que brotaba de la incisión practicada al neófito. Debido a múltiples casos de transmisión de enfermedades por parte del cincuncidador al circuncidado, la práctica de la mezizah ha sido, mayoritariamente, reemplazada por métodos más asépticos y acordes a la tendencia o identificación religiosa de cada comunidad).
Arturo-Carlos ya había previsto la oposición de la Iglesia portuguesa a su proyecto de sacar adelante su pequeña comunidad judía, pero nunca se imaginó que la batalla que le presentaban fuera tan encarnizada ni que los cauces escogidos transitaran a través de la calumnia y el deshonor. También pensó que, en todo momento, tendría el apoyo y el respaldo no solamente de sus colaboradores y estudiantes sino de toda la comunidad que con tanto esfuerzo personal había creado. En esto último, amargamente se equivocó.
Si bien hubo, como ya hemos visto, un "detonante" exterior llamado Tomaz Correia da Luz Almeida, no menos importante en esta vergonzosa maniobra de, por utilizar un término taurino, "acoso y derribo" fue el "malsín" interno. Este se llamaba Isaac Cassuto.
Antes de proseguir con la narración de los hechos, significar que una modesta línea de investigación llevada a cabo por el autor del presente artículo nos indica que el tal Isaac Cassuto, "detonante" interno, es, muy probablemente, hijo de J. Cassuto, quien en 1.906, informara al Senador Ángel Pulido, el "Apóstol de la causa Sefaradí", acerca de la comunidad sefaradita de Hamburgo, en Alemania. Posteriormente, toda esa información suministrada no solamente por el Sr. Cassuto sino por múltiples comunidades sefaradíes esparcidas por Europa, África y América, daría lugar a la publicación de su libro "Españoles sin Patria y la reza sefardí'. Pero volviendo al tema de los Cassuto, contrasta la prodigalidad y bonhomía del padre con la maldad y forma chapucera de proceder del vástago. En fin, que no siempre el refrán: "De tal palo tal astilla" se convierte en realidad. Vivir para ver.
Continuando con el relato, decir que la animosidad manifiesta de Isaac Cassuto contra Barros Basto se debía a que éste último conocía de las "andanzas" del primero en la comunidad de Hamburgo, de la que procedía. Según parece, Isaac había, por llamarlo de algún modo, "cambiado de sitio" raros y valiosos incunables hebreos pertenecientes a la academia talmúdica de dicha ciudad. Una vez en Portugal, continuaba con un sospechoso negocio de venta de libros poco frecuentes en las librerías habituales, lo cual le daba para vivir de forma ostentosa y libre de preocupaciones en su lujosa y espaciosa villa de Estoril, ciudad cosmopolita situada en la zona costera de Portugal. Al conocer toda la historia, Barros Basto frustró sus pretensiones de conseguir un puesto relevante en la dirección de la comunidad.
Todo el odio y la bilis acumulados por Isaac Cassuto hacia Barros Basto se vieron reflejados en el testimonio prestado al servir de testigo de cargo contra éste último. Sus calumniosas declaraciones fueron aplastantes.
Más tarde, de la jurisdicción penal ordinaria, su caso pasó, al ser militar, a la jurisdicción castrense, que le juzgó en consejo de guerra.
El proceso continuó de 1.935 a 1.937, y aunque al final fue revocado por falta de pruebas, la insidia, la calumnia y el deshonor ya habían sembrado sus semillas de odio y descrédito. La escuela Rosh Pina se había quedado sin alumnos y para los otrora agradecidos y devotos marranos, Barros Basto se había convertido en persona non grata y a quien era mejor evitar. Mayoritariamente, la comunidad judía portuguesa, aun sabiendo de forma cierta que se le había calumniado y vilipendiado, le dio la espalda.
Pero no estaba todo concluido, era necesario rematar a un todavía agonizante Barros Basto, en 1.943, el Ministerio de Defensa portugués, alegando unas supuestas y muy discutibles razones de "bien social", le retira el grado de oficial del ejército. Tanto moral como económicamente, Barros Basto era un hombre totalmente arruinado.
Su hija, la señora Myriam Barros Basto Teixeira da Silva, recordaría al respecto: "Pasó dos años como un sonámbulo, incapaz de trabajar y de pensar siquiera".
Al retirársele el empleo de oficial, se le condenó a una total parálisis económica. La familia quedó sin ingresos de ningún tipo. Tan precaria era la situación que su esposa se vio en la obligación de confeccionar bizcochos que luego vendía a un proveedor local.
Nadie en la comunidad judía de Oporto le tendió una mano, todos se desentendieron de la suerte, o mejor dicho, la mala suerte, que asfixiaba al que no hacía mucho tiempo atrás se había preocupado por todos ellos, porque salieran a la luz como auténticos judíos.
Buscando similitudes con el ya mencionado "affaire Dreyfuss", se me ocurre pensar que tampoco Barros Basto tuvo un Emile Zola a mano que lanzara un certero "J'accuse" y que, en cierta medida, sirviera de revulsivo a la pasividad manifiesta de sus correligionarios.
De su estado de postración económica vino a medio sacarle un admirador francés de su obra llamado Marcel Goldschmidt quien le contrató como agente local y representante de su fábrica de seda establecida en Lyon. Aunque el acuerdo, económicamente hablando, no fue en absoluto satisfactorio para Barros Basto, éste lo cumplió sin quejas de ningún tipo. Había que sacar adelante a la familia. Murió en 1.961, si no sólo, sí olvidado por todos aquellos por quienes luchó, se sacrificó y perdió uno de los valores más preciados que pueda tener el individuo: el honor.
Su hija Myriam, ya aludida anteriormente, nunca perdió la esperanza de que tanto el nombre como la honra de su padre quedaran algún día limpios de toda la basura y maledicencia que se habían lanzado contra él. En 1.974, tras la revolución llamada "del Clavel", que acabó con los últimos restos de la dictadura Salazarista, creyó que el momento de reivindicar el buen nombre de su padre había llegado. Una vez preparada la apelación, se presentó a los oficiales de tendencia liberal que ahora regían el Ministerio de Defensa portugués el viejo expediente del Capitán Barros Basto. Ante el cúmulo de pruebas que demostraban la inocencia de su padre y la inicua conspiración de que había sido objeto, los oficiales le aconsejaron que acudiera directamente al nuevo presidente de la República, el general socialista Francisco Costa Gómez. Tras una espera de dos meses, recibió contestación del Jefe del Gabinete presidencial. "Me transmitía, dice la Sra. Myriam Barros Basto, la incondicional simpatía del Presidente, pero decía que no era posible ni políticamente conveniente en esos momentos resucitar el caso después de más de treinta años". Las cosas siguen igual hasta el día de hoy. La calumnia, la deshonra y el silencio cómplice se han aposentado y todo sigue igual hasta el día de hoy.

Bibliografía:
A new History of Portugal.  II. V. Livermore. (Última edición 1.987).
A History of the Marranos. Cecil Roth. 1.941.
-  Españoles sin patria y la raza sefardí. Angel Pulido.
-  Jews and Conversos. Yosef Kaplan. 1.984.
-  Farewell to Spain. Howard M. Sachar. 1995.
- "Raíces" (Revista judía de Cultura). Nº 23. Verano 95.



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