Conocí a un pobre tan pobre... - Intelecto Hebreo

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04/07/2018
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Conocí a un pobre tan pobre...

4° Lustro Rev. Foro

Conocí a un pobre tan pobre,
Que lo único que tenía era mucho dinero


Por: Mario Suli (Miami, Flo.)


Vivimos, a no negarlo, tiempos de cambio. Se hace necesario permanentemente un replanteo en nuestras características,
a fin de no desubicarnos en la perspectiva de lo personal a lo social.

Entre las actitudes más posibles de superar está la de ser quienes somos sólo en base a lo que nos rodea. Es común ver a gente que destaca su presencia, por tener un suntuoso automóvil o por vivir en determinado lugar exclusivo del "jet set'" de la actualidad, o cuando menos, vestir únicamente ropa producida por afamados diseñadores de renombre mundial. Olvidando por un momento que somos por lo que realmente somos, más que por lo que poseemos.

Cierta vez, un rabino calificó a los humanos como mentirosos, toda vez que expresaban un término de propiedad: Mi negocio. Mi ropa, etc. Al ser consultado del porque respondió: Si alguien se va a vivir a otro país, de seguro que llevará sus cosas con él. No se irá dejando sus ropas, dinero y pertenencias, salvo que no fueran propias, que en ese caso, si dejaría.

Y siendo así: ¿Por qué el humano, sostenía el rabino, tras su paso por la vida, nada lleva al otro mundo? De pertenecerle todo tal como en vida dice: Mi coche, Mi patrimonio ¿por qué no lo lleva, en su viaje al más allá? Realmente somos pasajeros en un viaje que tiene inicio y final. Y así como vinimos, nos vamos, aún si alcanzáramos a vivir ciento veinte años.

Por lo que resaltamos a quien lograra asumir su personalidad y presencia; mas desde la real perspectiva de su conocimiento y actitudes hacia el bien, que desde la posición social que pudiera ubicarse; impulsado quizás únicamente por logros materiales; que importantes a no negarlo, no alcanzan para elevar al humano a la posibilidad buscada y que pasa por lograr la armonía interior, más allá de metas materiales que no se pudieran haber alcanzado.

Me recuerda el caso de cierto ejecutivo dueño de una gran empresa comercial, quien se sentía superior a sus semejantes más que por su capacidad, por su poderío económico tan importante. De resultas del mismo, vestía impecables trajes de las más afamadas marcas, así como concurría a los lugares de más prestigio, donde para poder entrar debían presentar su credencial que garantizara poseer un millón de dólares depositados en el banco. En su lujosa oficina, se hizo instalar un especial sillón que le daba más altura que sus potenciales visitantes, a fin de sentirse de tal forma, siempre por sobre los demás. Sin dejar de lado su limusine cuyo chofer iba vestido de jacket y negra gorra.

Así las cosas, cierto día, tomando un baño de vapor y siendo que estaba sin sus ropas y su acostumbrado entorno, se sintió uno más entre la multitud pues ya no tenía allí ni sus afamados trajes, ni sus lujosas oficinas, sino que igual a los demás tomaba su baño de vapor. Desesperado, intentó diferenciarse de los presentes, para así retomar su perdida autoestima y no encontró mejor forma que la de colocarse un hilo rojo alrededor del dedo gordo de su pie. Y así muy orondo nuestro peculiar personaje, transitaba en medio del vapor y la gente, sintiendo tal como siempre, que él era el más importante, gracias en esta ocasión, a su hilo rojo que lo diferenciaba del "vulgo imperante".

Mas sucedió que estando bajo las duchas, el hilo que coronaba su dedo, es llevado por el agua. Fue allí que mira su extremidad y al no ver el detalle que lo diferenciaba de los demás, se sintió morir. Y allí comienza su recorrido entre el vapor y la bruma en la búsqueda de su hilo rojo. Hasta que finalmente lo encuentra más enroscado en un dedo del pie de un desconocido señor, a quien las aguas en su impulso, le colocaron tal emblema.

Fue entonces que mentalizado como tenía que el hilo determinaba la gran categoría de quien lo portara, se acercó al poseedor del mismo en medio de la bruma y observándole de pies a cabeza, le pregunta con candor. Señor: Habida cuenta del hilo rojo que lo destaca entre todos, yo ya se quien es usted. ¡Todo un personaje! Más por favor sea bueno y ayúdeme, dígame: Yo que no tengo tal hilo ¿quién soy ahora?

El ser humano realmente debe valorarse a si mismo, por lo que es, más allá de lo que pueda poseer.

"Más que lamentar si poco poseemos,
aplaudamos lo mucho que podemos saber".

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