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01/08/2017
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Diálogo político y diálogo científico

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Diálogo político y diálogo científico
 
Por: Luis Gottdiener
 
Si uno se fija en la evolución del país en los últimos cincuenta años, advertirá un fuerte contraste: mientras que en el campo científico y técnico el avance es impresionante, en aspectos sociales como seguridad, calidad de vida, tranquilidad de los habitantes, hay un deterioro o, en el mejor de los casos, estancamiento.
Uno pensaría que deben estarse haciendo bien algunas cosas en el campo científico, y mal en el político y social. Las características de cada ámbito son numerosas, pero quisiera referirme a una de la que mucho se habla hoy: el diálogo, que una reciente campaña publicitaria denominó "valor de la democracia". La palabra desprende un aire conciliador, civilizado, abierto, en contraste con "monólogo", que sugiere cerrazón y autoritarismo.
En el ámbito político podemos pensar en varios ejemplos de diálogo, o algo que pasa por tal: un funcionario expone sus planes ante algún gremio o en entrevista televisiva; los diputados debaten en la cámara; el presidente presenta su informe anual y escucha la contestación; candidatos a un puesto de elección se enfrentan públicamente, etc.
En tales situaciones observamos con frecuencia lo siguiente: el ponente expone generalidades o vaguedades, a menudo con tono triunfalista. Contesta a medias, o en broma, las preguntas que se le hacen, para beneplácito de sus seguidores. Niega cualquier falla en su propuesta o informe y no se inhibe de llamar diálogo al monólogo; aun si no ha cesado de hablar dirá algo como: "Qué gusto poder charlar aquí con ustedes". En cuanto a los asistentes, su intervención está restringida: no se les permite repreguntar o aun preguntar. Y no es rara su polarización: los partidarios soslayan las deficiencias del ponente y lo alaban sin recato, mientras que sus adversarios le hacen acusaciones múltiples e infundadas, exhiben pancartas agresivas y objetan todo. Si los interlocutores son reporteros, suelen formular preguntas inocuas o para lucimiento del ponente.
Por otra parte, en el campo científico el diálogo presenta varias formas, una de ellas el que se da en el llamado seminario, que en las ciencias exactas presenta las siguientes características. El ponente, conocedor del tema, pronuncia no sólo exhortaciones o vaguedades sino resultados concretos con fundamentos teóricos o experimentales, en un lenguaje preciso, con términos de significado claro y unívoco.
Los asistentes, incluyendo un buen número con el mismo nivel del expositor, poseen alguna familiaridad con el tema (no se acostumbra disertar, por ejemplo, sobre plantas nucleares ante arqueólogos o historiadores). Las intervenciones están poco reglamentadas: pueden preguntar y repreguntar, y aun interrumpir. Todos tienen posibilidad de hacerlo, pero son los más conocedores quienes intervienen en mayor grado. No se estilan las preguntas de palero, para lucimiento del expositor, pero sí las incisivas,
que a veces lo ponen en aprietos.
A menudo surge la polémica, moti­vada por las aproximaciones o los datos usa­dos, o su interpretación, o porque lo que dice el expositor ya era conocido. Pero no bus­can los asistentes agredirlo o destruir su re­putación, ni insinúan que su propuesta for­ma parte de alguna conspiración. Tampoco se polarizan mayormente; aun sus amigos pueden cuestionarlo y no por ello aquél se siente atacado. No consideran imperdonable el hecho de que el ponente cometa un error, a menos que sea una trampa deliberada, pero sí es mal visto que eluda una pregunta, finja no entenderla, o no reconozca los errores que le son señalados. A veces no se resuelve ahí mismo la polémica, pero los desacuerdos se precisan.
Como se ve, son muy diferentes las características del procedimiento que es lla­mado de la misma forma en ámbitos distin­tos: diálogo. Uno se pregunta si no sería po­sible trasladar sus características en el cam­po científico al de la actividad política y so­cial.
 
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