Ehud Manor, el Bardo Israelí - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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Ehud Manor, el Bardo Israelí

Colección y Consulta
Ehud Manor, el Bardo Israelí
(1941-2005)
 
Por: Tzila Chelminsky (Israel)
 
En el último año fallecieron vatios compositores, poetas y cantantes israelíes, como Naomí Shemer, Natan Yonatán, Uzi Hitman y Arik Lavi, y el famoso humorista Efraim Kishón, por lo cual el mundo cultural, musical y literario de Israel ha perdido a muchos de sus hijos más queridos, conocidos y prolíficos.
De duelo se encuentra nuevamente nuestro mundo cultural y musical con la prematura y repentina desaparición de Ehud Manor, el compositor lírico que falleció el pasado mes de abril. Poco conocido en el extranjero, fue uno de los más queridos en este país. Sus canciones son cantadas por todos y constituyó uno de los pilares de la cultura musical popular en Israel. Se puede decir que Manor fue percibido como la quintaesencia de lo israelí; lo prueba el infrecuente consenso nacional ante su canción “Ein Li Eretz Ajeret” (No tengo otra tierra), de la cual se han apropiado como emblema tanto la izquierda ideológica como la derecha.
Naomi Shemer, conocida internacionalmente por su canción Jerusalem de Oro, describió el paisaje israelí, el lago Kinereth, la playa de Ajziv, el Golán, Jerusalem; sus canciones se referían (a veces en forma crítica), a diversos acontecimientos. Manor, por su parte, se convirtió en parte de la cultura popular israelí a través de una combinación de coherencia, sensibilidad y talento. Sus canciones, sobre temas personales y cotidianos, están escritas en idioma sencillo, y contrastan con las tradicionales israelíes de los años 1950 y 1960. La lírica de Manor no trató de alentar a soldados a ir a la guerra o iniciar un nuevo asentamiento; y cuando llora a un hermano caído en la guerra no lo hace en forma estridente o en tono de gloria militar. En forma sencilla nos canta la vida cotidiana: una madre que espera a un hijo, un chico que observa la primera lluvia de invierno, niños en búsqueda de un perro perdido, una cortina movida por el viento. El pasado al que se refiere es autobiográfico, y la nostalgia por la casa de su infancia en Binyamina, su lugar seguro, no contiene insinuaciones nacionales tras la historia personal: con enorme cariño describe la época de su niñez y adolescencia en Los días de Binyamina, en la que evoca "los bellos días descalzos, en los que la gente aún decía Shalom y un amigo era un amigo”. Por cierto que a petición de la familia esta canción fue cantada durante su funeral que tuvo lugar en esa misma población.
Si bien sus más de 1.200 poemas y canciones constituyen su creación más importante, poseía una extraordinaria y prolífica creatividad en otros campos: tradujo aproximadamente 6(K) obras y regularmente intervenía en programas de radio y televisión. Fue un brillante traductor, experto en obras clásicas y conocedor de la literatura en general y de la inglesa en particular. Restauró la dignidad a la música pop o más bien se podría decir que introdujo la cultura pop entre los adultos israelíes.
Para muchos, Manor representó el "bello Israel" de una era ya desaparecida. Hijo de pioneros de Rusia que se establecieron en Binyamina en los años 20, desde pequeño tuvo la obsesión de escuchar la radio y discos viejos. Su padre trabajaba en los naranjales pero mantenía una casa llena de libros hebreos, mientras que su madre insistió en que aprendiese a tocar el piano y a estudiar música. Cuando tenía 30 años obtuvo su licenciatura en teatro, seguida por una maestría en la Universidad de Cambridge.
Cuando empezó a trabajar en sus populares programas de radio tuvo que cambiar su apellido de "Wainer" a uno más hebreo de acuerdo al espíritu sionista de la época y así llegó a "Manor", aunque no lo convencía la "m" puesto que no aparecía en el nombre original.
Hace siete años le fue otorgado el Premio Israel, la máxima condecoración en este país, coincidiendo con el 50 aniversario del Estado. El juzgado que le otorgó el premio lo consideró digno de tal presea por "representar la realidad contemporánea desde más de 30 años".
Poco antes de morir, la Universidad de Bar Ilán anunció que se le otorgaría un Doctorado Honorario en "reconocimiento a su prolífica actividad en el campo de la música hebrea. Muchas de sus canciones constituyen ya obras clásicas y una contribución de valor permanente".
El hombre que declaró que "que no tengo otra tierra, aunque ésta esté ardiendo" permaneció firme en el consenso nacional. En la manifestación por la paz del 4 de noviembre de 1995, noche del asesinato de Itzjak Rabin, Manor lo convirtió en un himno cantado por los 100.000 israelíes presentes en la plaza que ahora lleva el nombre del asesinado primer ministro.
Manor no evitó temas dolorosos como la muerte en "Nace un bello bebé", "La muerte de la mariposa" y la más conocida "Yehuda, mi hermano menor", que inmortalizó a su hermano caído durante la Guerra de Desgaste; igualmente en la "Canción a Ron", en honor del piloto aéreo que desapareció cuando su avión se estrelló en Líbano. Estas canciones combinaban la vivencia personal con el duelo colectivo.
Prefirió desde luego, cantos sobre el amor, y con su personal humor escribió "Aún no hemos hablado de amor" y “Halevai" (ojalá). Su canción "A-ba-ni-bi" ganó el primer puesto en el concurso de Eurovisión en París en 1978; en ella retornó el encanto infantil del sonido y usó el sencillo código de hablar de amor "en secreto" diciendo que sólo tres palabras "yo te quiero" son la esencia del mundo.
Para conmemorar el 60 aniversario de la fundación del Teatro Cameri, éste montó la obra "Cantos del Cameri", con una antología de los cantos aparecidos en las obras teatrales durante esos años. La mitad de las mismas fueron compuestas por Manor.
Ehud Manor nunca se rehusó a escribir para artistas que recién empezaban su carrera, y supo componer para todos. No es pues una coincidencia que prácticamente todos los cantantes tuvieran con él una continua e íntima amistad. Su desaparición ha dejado un profundo dolor y un vacío difícil de llenar en el ambiente cultural y musical del país.

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