El canto de las cucarachas - Intelecto Hebreo

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04/07/2018
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El canto de las cucarachas

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El canto de las cucarachas
 
 
Por: Lucy Kreimerman
 
 
Era temprano. Nos habíamos citado a las 20:30 y aún quedaba poco más de media hora. Aprovecharía para buscar alguna prenda para el verano, unas sandalias quizás. Esperé pacientemente la revisión del guardia de las tres personas que llegaron delante mío. Mi turno pasó rápidamente ya que me había acostumbrado a no llevar bolso de mano cuando entraba a algún centro comercial con el fin de acelerar el trámite. Mientras respondía a las preguntas mecánicamente pensaba si no había sido imprudente citarnos en el Arcafé de Ramat Aviv. Quizás hubiera sido menos peligroso otro lugar. Pasé, caminé despacio por los pasillos casi desiertos mirando las vidrieras distraídamente.
 
Al principio decíamos... ¿qué le vamos a hacer? Luego cuando leímos que comenzaron a disparar a los autos en el crucero de Ayosh (¿dónde diablos quedará eso?), comentamos, aunque poco preocupados, que no deberíamos ir a pasear por esos rumbos los sábados. Una intifada más o una intifada menos no nos hacía gran diferencia. De cualquier manera no nos cambia el estilo de vida o, Dios libre, que estos acontecimientos tengan implicaciones nefastas para el "high tec". Todo este asunto hasta podría ser algo bueno porque expone la verdadera cara de Arafat y todo su enjambre de mentiras.
 
Es verdad que cuando se inició el tiroteo del barrio de Guilo en Jerusalem si nos preguntamos un poco más seriamente qué pasa. ¿Qué es esto de que estén disparando hacia una zona tan poblada de la Capital donde abundan mujeres, niños y ancianos? (no hagamos mención de los hombres productivos cuya sangre parece considerase barata a menos que pertenezca a alguno de los personajes del gabinete). La constancia de los disparos produce una idea brillante en las autoridades: levantar una alta barda que separa a Guilo de Bet Djala (de donde vienen los disparos) y decorarla con un paisaje pastoral para esconder la semejanza de las cercas de los campos de concentración. No está tan mal, pensamos. Uno se acostumbra a todo y esto protegerá a los residentes de Guilo de los agresores.
 
Sin embargo, los sucesos del mes de Octubre del año 2000 si presentaron un poco más de problemas ya que los revoltosos eran los árabes israelíes. Después de todo también incluían al puerto de Jaffo, que tiene una población predominantemente árabe. Podría ser que tuviéramos que renunciar a las exóticas delicias del "Dr Shashuka" o el pan de Aboulafia. ¡Qué pena que tuviéramos que prescindir del delicioso helado de Dr. Lek al lado de la Torre del Reloj así como la maravillosa vista de Tel Aviv desde la explanada! Bueno... no perdamos de vista que ninguna de estas cosas son indispensables y que a todo se acostumbra uno. Al fin que uno tiene que mantener la línea y será magnífico para la dieta (pensamos) no comer los recién horneados panes de Aboulafia con queso cashcabal y humeante pasta de tomates secos. ¡Cuántas calorías ahorraremos al no finalizar el paseo por Jaffo con un riquísimo helado de chocolate y nuez del Dr. Lek! Así que atengámonos a la situación de gran emergencia y dejemos los placeres culinarios en aras de nuestro país.
 
Las cosas se ponían un poco más tristonas al cerrarse la opción de ir a comer un excelente humus en los pueblos árabes del Monte Carmelo, en la Galilea o alrededor de Jerusalem, hasta que nos concientizamos de que todo esto era una verdadera ventana de oportunidad...para conservar la figura: ¿Tienen ustedes alguna idea de la cantidad de calorías que tiene una pita?) No tardamos mucho en acostumbrarnos a no visitar el Mar de Galilea con sus preciosas vistas ni a hacer picnics en los bosques que tanto bienestar nos han proporcionado. Nos consolamos pensando cuántos incendios estamos previniendo al no llevar los asados a estos bellos sitios, de qué manera tan estupenda estamos contribuyendo a no contaminar el aire y a reducir los congestionamientos de tránsito. Todo esto se transforma en un significativo ahorro de dinero al gastar menos gasolina y reducir la devaluación del auto. A todo se habitúa uno.
 
Los ataques terroristas en los centros urbanos nos dejaron demudados al principio, definitivamente desconsolados y llenos de temor y de rabia. Pero lentamente encontramos pequeños consuelos e hicimos algunos ajustes. Efectivamente, ir a los centros comerciales o pasear mirando vidrieras en la ciudad era una demostración de valentía incalculable por lo que comenzamos a frecuentar menos, mucho menos, estos peligrosos sitios. Esto mejoraba notablemente el problema de encontrar estacionamiento en lugares permitidos. Además, las centrales de los autobuses y el aeropuerto dejaron de estar aglomeradas lo que nos consolaba inmensamente. Podíamos conseguir mercancías muy baratas debido a las liquidaciones de los almacenes que anunciaban la quiebra día a día. Había menos crímenes pasionales dentro de la población judía y los accidentes de tráfico disminuían dado que la gente salía menos de su casa y viajaba con mucho más atención por aquello de que pudiera detectar un individuo u objeto sospechoso en el camino. También nos consolaba pensar que en las calles de Nablus y de Ramallah las cosas estaban aún peores que en las nuestras. Ahora podrán los palestinos agradecer a Arafat la desgracia que les ha hecho caer sobre sus cabezas, nos dijimos una y otra vez.
 
¿Y nosotros? ¿Qué clase de vida estamos haciendo? ¿Cuántos inocentes más tendrán que morir? ¿Dónde será el próximo encuentro con la desgracia? ¿Qué podemos hacer para detener esta ola de violencia?.. Estos atormentantes pensamientos nos asaltan en las noches después del noticiero de las 11:30 con el resumen de los acontecimientos del día...
 
Un momento, lo primero es lo primero. Durante algunos meses después del fatídico septiembre del 2000 hasta el surgimiento del plan de emergencia económica y el ostracismo mundial por la agresión al sufrido pueblo conquistado, vivimos con una simple filosofía: "La mejor venganza a la incomprensión del mundo y a los crímenes del terrorismo es demostrar que a pesar de ellos llevamos una vida excelente y seguimos adelante". En la sobremesa de buen restaurante, con un excelente café expresso o un delicioso vaso de vino, comentábamos o discutíamos airadamente si Sharon nos llevaría a la guerra o no, si Estados Unidos nos apoyaría o no, etcétera, etcétera... Esto no podía hacer daño a nadie y nos daba un buen respiro. Hasta que los ataques terroristas en los restaurantes más frecuentados del país nos vinieron a sacudir.
 

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