El Otoño - Intelecto Hebreo

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04/07/2018
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El Otoño

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El Otoño
 
Por: Bill Landau
 
El mes pasado escribí del anciano. Hoy escribo sobre los que somos otoñales, los que casi llegamos a la desesperación, pero aún no. Somos como esos árboles en el otoño de Nueva Inglate­rra: multicolores en su follaje, cobijando a hijos, padres, y si queremos y nos damos el tiempo, a muchos otros.
A sus 77 años James Watson -uno de los que decodificaron el ADN humano en 1953- nos obsequió el conocimiento íntimo de nuestra biología, y quien junto con Freud, nos ha hecho vernos como entes, mezcla de deseos cohibidos y aminoácidos en la ruleta celestial. Somos el árbol otoñal de la lujuria, violencia, amor, infinita inteligencia, compa­sión, Alzheimer, esquizofrenia y muchas otras cosas.

Watson, nos revela que, según él, a corto plazo conoceremos el secreto del código del cáncer, de la pérdida de la memoria, los diablos en la cabeza de los bipolares, atisbando "sencillamente" a esos aminoácidos desarreglados. Watson, el otoñal plus, no sólo habla de la cura de estos azotes, sino que también nos dice que la estupidez es genética. Si la estupi­dez es genética, Einstein tenía razón al decir que dos cosas, según él, seguro no tenían lími­tes: el infinito y la estupidez humana.
Como estas aseveracio­nes son, por supuesto verda­deras, entonces se deduce que la asignatura de Histo­ria en planteles deberá lla­marse: «Historia de la estu­pidez humana». Tal vez de esa manera entenderíamos porque somos lo que somos.
Hasta que se pueda ma­nipular el genoma humano para hacer que todos seamos inteligentes, debemos -como decían en los monasterios de la Edad Media- ¡orar herma­nos! y, mientras oramos, oi­gamos a James Watson cuan­do dice lo siguiente:
"Es irresponsable permi­tir el nacimiento de un niño que tendrá una grave enfer­medad incurable".
"Las decisiones genéticas deberán tomarlas las propias madres y no el Estado".
"Sería funesto parar las investigaciones genéticas, porque los racistas pudieran apoderarse de ellas."
Watson es ciertamente un libertario. Es más que eso, es un ser otoñal por excelencia. Dan ganas de ser como él, decir lo que piensa sin cortapisas, mandar al diablo aquello de ser "políticamente correcto". No ceder la soberanía de nuestras personas, que haremos de nuestro tiempo lo que nos venga en gana, con quien nos venga en gana. Que antes del invierno de la senectud declaramos un espacio de Libertad. Que sólo queremos compartir nuestro tiempo con aquellas personas que nos hacen crecer por dentro. Que debemos callar cuando hay que callarse, pero, y esto es muy importante, callar pero nunca obedecer. ¡Ya obedecimos bastante!
Tal vez por esto mi otoñal etapa ha sabido de sinsabores e infinitas alegrías. Estos son los retos que uno debe afrontar cuando ya se divisa un gato negro en la línea del horizonte.

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