Genocidio Armenio - Intelecto Hebreo

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01/08/2017
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Genocidio Armenio

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Genocidio Armenio


Por: Jacobo Contente

A casi la terminación del presente siglo y a más de ochenta años de haber sucedido estos hechos sangrientos, el pueblo armenio tiene -como el judío- páginas de terror, persecuciones y expulsiones, que contrarrestan hasta los mejores logros de la humanidad y de las diferentes culturas que han predominado en diferentes épocas de la era común. El presente artículo, no pretende ser un análisis detallado de hechos políticos, tampoco se hace con el ánimo de tomar partido, pero si resaltar una de las primeras grandes injusticias de principios de siglo, contra un pueblo que aún busca la paz y su bienestar.

Actualmente las fronteras de Armenia son con Georgia, Azerbaiyán, Irán y Turquía. En el pasado su territorio fue mayor, siendo de los primeros lugares en los que se desarrolló la civilización humana. Dentro de sus logros técnicos destacan la fundición del hierro y el cobre, además de los primeros cultivos de varios granos de cereales como el centeno.
Durante la mayor parte de su historia, fue regida u ocupada por potencias extranjeras, entre las que cabe destacar los asirios, persas, romanos, mongoles, turcos y rusos; por lo que los estados armenios independientes duraron muy poco tiempo. Uno de los más importantes -por su duración- fue el gobierno del Rey Tigranes el Grande, quien extendió su territorio desde el Mar Caspio al Mar Mediterráneo, además de algunas comarcas de la actual Siria. Este periodo de independencia finalizó en el año 69 a.C. con la invasión de los romanos. Armenia se convirtió en el 301 d.C. en el primer estado cristiano del mundo.
A lo largo de su existencia, Armenia ha sufrido tratamientos extremadamente violentos desde el Siglo XI, por lo que la migración de este pueblo ha sido constante, destacando la sucedida en el pasado siglo, cuando vivieron persecuciones por los gobiernos turcos y rusos de la época. Ya en el Siglo XX, las citadas naciones continuaron con sus acciones, que en el caso de los rusos, consistió en cierre de escuelas, consignación de propiedades y legislaciones adversas; pero el soportado a manos del «Gobierno de los Jóvenes Turcos» (1908-1918), fue uno de los más crueles y sangrientos que sufrieron. Se estima que entre 1915 y 1923, más de un millón y medio de armenios murieron por los conflictos existentes dentro de Turquía, constituyendo esta cifra, el 75% del total de su población. Por otra parte y sin analizar los aspectos políticos -como lo mencionamos en un principio- se estima que la pérdida turca a manos armenias fue de 300 mil personas; un verdadero e indiscriminado baño de sangre.
En la actualidad casi todos los países de América tienen entre su población ciudadanos de origen armenio; en el caso de Argentina, llegan a sumar aproximadamente 60,000. Algunos sobrevivientes que todavía viven, conmemoran la última tragedia el 24 de abril de cada año. Sobre este triste episodio ocurrido en el Cáucaso, existen varias publicaciones en diferentes idiomas que dan en detalle, un verdadero genocidio planeado por el Comité de Unión y Progreso de Turquía, encabezado por Mehmed Talat, Ismail Enver y Ahmed Djemal, cuya filosofía xenofóbica fue articulada por Zia Gokalp, el Dr. Mehmed Nazim y el Dr. Behaeddin Shakir. Este grupo formó los llamados «batallones especiales del carnicero», compuestos por criminales violentos, muchos de ellos escogidos de las prisiones turcas.
No obstante las versiones insistentes de que esta masacre fue acompañada de estrategias sistemáticas iguales a las perpetradas un cuarto de siglo después por los SS nazis, el gobierno turco, si bien no niega lo ocurrido, sólo se limita a manifestar que existía una guerra entre los dos pueblos, por lo que no tiene porqué reconocer un genocidio y mucho menos devolver tierras que dejaron los sobrevivientes armenios en su éxodo de territorio turco.
Gran parte de las víctimas armenias eran ciudadanos turcos que vivían en Anatolia y en los alrededores de Angora (actualmente Ankara); pero hubo también persecuciones y matanzas en otras poblaciones como Konya y Esmirna entre otras más. Las deportaciones de los pocos sobrevivientes, originaron que algunos representantes de gobiernos como el británico, francés, ruso, alemán y austríaco protestaran, amén de que los dos primeros eran enemigos del Imperio Otomano y los restantes, aliados del mismo. Estados Unidos -neutral hacia el imperio otomano en aquel entonces- también condenó los hechos y fue uno de los principales portavoces a favor de los armenios. Su embajador Henry Morgenthau, manifestó: «La nueva Turquía liberada de la tutela europea, celebró su renacimiento nacional con el asesinato de casi un millón de sus propios súbditos».












Varios testimonios de la época demuestran que esta persecución y matanza tenía el objeto de exterminación de este grupo étnico cristiano dentro de las fronteras turcas, no obstante, se esgrimió que dichas represalias se hacían por la rebelión que los mismos ciudadanos de este origen, habían encausado en un territorio que los había acogido en el pasado como emigrados, buscando una emancipación de Turquía a todas luces injustificable.
Al parecer, sólo el gobierno turco de Damad Ferit Pasha, reconoció tímidamente el genocidio armenio, después de diversas investigaciones que dieron por resultado la amonestación de algunos de los principales responsables. Otras instituciones como el Parlamento Europeo, votó en 1987 el reconocimiento de estos hechos xenofóbicos, al igual que lo hizo extraoficialmente el presidente Bush en 1990, mediante invitación a todos los norteamericanos para conmemorar el 24 de abril estos trágicos hechos, junto con los armenios radicados en el país.
No obstante lo anterior, oficialmente hasta hoy, la República de Turquía no reconoce que la matanza haya sido por motivos xenofóbicos, por lo que varias agrupaciones de corte internacional insisten en que esto debería suceder, sobre todo para cerrar otro capítulo bochornoso para la humanidad al término del siglo en que fueron perpetrados, al igual que la «mea culpa» de Alemania con el exterminio de judíos o los tardíos reconocimientos de la Iglesia Católica con la Inquisición y de España con la expulsión de 1492, por citar algunos.
Tal como sucedió en el holocausto judío de la Segunda Guerra Mundial, se registran infinidad de casos en que la población turca protegió a algunas familias e incluso les ayudaron a salir de Turquía, a riesgo de ser castigados por las autoridades y ejército turco; gloriosos hechos individuales que logran, en cierta medida -sobre todo a las nuevas generaciones- el seguir creyendo en la humanidad.
No cabe duda que una minoría como la armenia, no obstante poseer una larga historia e importante acervo, idioma propio y vasta literatura -cuya brillantez máxima fueron los siglos V y VI de nuestra época- tiene un sino de mucho esfuerzo y penurias, pues hasta finales de la década 1980, bajo la presidencia de Mijail Gorbachov, pudieron tener un enclave propio en la región de Azerbaiyán, territorio que hoy volvió a tener su antiguo nombre.
Pero la política y discriminación no han sido los únicos flagelos de esta nación, pues también ha tenido funestos fenómenos naturales como el terremoto de 1988 y la propia guerra de disputa por la región de Nagorno-Karabaj, con 20 mil muertes del lado armenio. Los gobiernos a raíz de esta renovada independencia, han sufrido y siguen sufriendo múltiples presiones, por lo que han estrechado incluso, vínculos con tradicionales opresores de su pueblo como lo ha sido Rusia. En la transformación de una economía comunista a la de libre mercado, le han causado aterradores niveles de desocupación y miseria, por lo que 1 millón -de sus casi 4 millones de ciudadanos- han tenido que abandonar el país a últimas fechas.

Es de lamentar que la situación traumática del pueblo armenio dentro y fuera de sus fronteras, no haya cambiado mayormente para bien como pueblo; al parecer muchas cosas siguen siendo coyunturales, pues no les han permitido o ellos conseguido, una verdadera paz real con sus vecinos y emocionalmente con la historia; independiente a la razón que fuere, como pueblo, desempeñó el lamentable papel protagónico de la primera gran matanza y movimiento diaspórico del presente siglo; un siglo, que con o sin un reconocimiento de la contraparte, jamás devolverá la vida de tantos hombres, mujeres y niños inmolados en una época supuestamente moderna, pero realmente bárbara que está llegando a su fin, con las conocidas proyecciones y sombras vergonzantes hacia el siglo XXI.


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