Goldberger - Intelecto Hebreo

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01/08/2017
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Goldberger

4° Lustro Rev. Foro
Goldberger,
Conquistador de la Pelagra
 
Por: N. Zvi Avigdor
(Nueva York)
 
Hace exactamente 100 años, un médico norteamericano llamado Joseph Goldberger se encontraba en México haciendo investigaciones epidemiológicas para su país. En ese año de 1905 no se imaginaba que 10 años después clarificaría la causa de la pelagra.
Esta enfermedad fue muy común mientras se desconocía su origen. Su nombre deriva del latín pellis = piel y del griego agra = convulsión y es también llamada enfermedad de las 3 “D” (dermatitis, diarrea, y demencia). Se pensaba que algo en el clima caluroso tenía que ver con su aparición pues ocurría con más frecuencia en las áreas mediterráneas y en el sur de los E.U. Sus manifestaciones dermatológicas la hacían a veces confundirse con la lepra, por lo que muchos decían que seguramente era producida por algún agente infeccioso.
Pero fue Goldberger quien descubre, mediante gran astucia, cuidadosa observación y brillante deducción, que la pelagra estaba relacionada con la nutrición de los pacientes afectados. Sus aportaciones fueron inicialmente ridiculizadas y rechazadas por el ámbito médico, como es frecuente, la típica reacción inicial a ideas innovadoras.
Joseph Goldberger (1874-1929) nació en Giralt, aldea que hoy día pertenece a la República Checa. Hijo de padres judíos dedicados al pastoreo, emigra a los 6 años de edad, con su familia, a la ciudad de Nueva York. Fue a escuelas de gobierno y a la temprana edad de 16 años ingresa a la universidad a estudiar ingeniería. Al escuchar casualmente una conferencia impartida por el fisiólogo Dr. Austin Flint, se impresiona profundamente y decide cambiar de carrera, graduándose como médico en 1895. Instala un consultorio en el apartamento de sus padres pero no tiene éxito y se muda a Pensilvania donde abre un consultorio particular. Dos años después se encuentra “aburrido” por lo que decide cerrarlo y solicitar empleo en la Secretaria de Salud Pública (U.S. Public Health Service). Al principio es adjudicado a hacer los exámenes médicos de nuevos inmigrantes en el puerto de Nueva York, pero sus jefes se dan cuenta de su interés y vocación por la epidemiología. Es así como de 1902 a 1906 es asignado al Programa de Investigación y Lucha Contra Enfermedades Epidémicas; para ese propósito es mandado al extranjero (Cuba, México y Puerto Rico) y a varios estados del sur de la Unión Americana. Debido a su gran dedicación -y mal agüero- adquiere las enfermedades que estudia ("fiebre amarilla, dengue, y tifo”), pero su tenacidad es tal que aprovecha estas experiencias para describirlas con gran detalle: Goldberger decide escribir un diario de sus padecimientos y aun en los momentos que no puede hacerlo por fiebre o debilidad, le dicta heroicamente a un amigo los síntomas que Él adquiere. Afortunadamente sobrevive tales calamidades, y su actitud durante éstas le hace ganarse una reputación de epidemiólogo brillante y audaz. Es en México donde se contagia de tifo.
Gracias a meticulosos análisis y pacientes observaciones, el Dr. Goldberger publica en 1909 el descubrimiento de la causa de la “Enfermedad de Shamberg”, (una erupción parecida a la viruela). No era más que la infestación por un ácaro que se encontraba en los colchones hechos de paja que usaba la gente de bajos recursos económicos. También demostró que la “Enfermedad de Brill”, que se consideraba hasta entonces como diferente al tifo, no lo era.
Las contribuciones científicas de Goldberger fueron numerosas e importantes. Además de aportaciones en las cinco enfermedades ya mencionadas, demuestra que se puede transmitir el sarampión a los monos y que su virus causante se encontraba en las secreciones nasales y bucales de las personas infectadas. Fue considerado también un experto parasitólogo e hizo descubrimientos con respecto a varios gusanos transmisibles al hombre.
En 1914 Golberger se encuentra en Detroit investigando la difteria cuando el gobierno de los E.U. le pide que ponga esa tarea a un lado, y se dedique al estudio de la pelagra. El Congreso norteamericano se encontraba muy preocupado por las estadísticas recién obtenidas indicando que cientos de miles de ciudadanos habían adquirido tal aflicción (hoy se sabe que entre 1907 y 1940, 3 millones de norteamericanos contrajeron la pelagra, y 100,000 murieron a consecuencia de ella). En Goldberger caía la esperanza del control de la enfermedad.
Joseph se traslada a Carolina del Sur y decide poner a un lado todas las opiniones médicas establecidas con respecto a la pelagra. Comienza a estudiar la enfermedad sin nociones previas ni prejuicios, informándose acerca de todos los aspectos imaginables con respecto a la historia y las condiciones de vida de los afligidos. Es así como se da cuenta que el factor climático no era el causante, pues si fuera verdad que el calor la provocaba, ¿por qué los ricos no la padecían?
En el manicomio del estado de Georgia se da cuenta que aunque varios centenares de los internados sufrían de pelagra, ninguno de los 300 miembros del personal presentaba la enfermedad. Lo mismo ocurría en la cárcel de Mississippi: los presos la padecían pero los carceleros, no. Con ésto descartó que fuera una causa infecciosa.
Parecía ser que no habría solución al problema. Pero en una visita a un orfanato se da cuenta que casi todos los niños entre los 6 y 12 años de edad tenían pelagra pero ninguno de otras edades la padecía. Analizando los alimentos ingeridos, se dio cuenta que a los menores de 6 años se les proporcionaba leche y a los mayores de 12 se les proporcionaba algo de carne. Dedujo que algo había en estos alimentos que prevenía la pelagra. Sus observaciones comparativas indicaron que los alimentos proporcionados en las instituciones gubernamentales (cáceles, manicomios, hospitales y orfanatorios) eran constituidos en su mayoría por alimentos basados en el maíz. Decidió dar carne, leche y vegetales a los enfermos y ¡eureka! -la recuperación fue dramática.
La próxima acción de Goldberger sería demostrar científicamente estos resultados. Es así como experimenta con 11 reclusos voluntarios sanos (a cambio de proporcionarles su libertad). Seis de ellos se sometieron a una dieta sin carne y leche y los otros 5 a una alimentación con esos elementos. Todos los 6 primeros enfermaron de pelagra pero ninguno de los otros 5. Publica tales resultados pero asombrosamente su teoría no es aceptada en los círculos médicos. La frustración de Goldberger fue tal, que para demostrar en forma definitiva la falta de contagiosidad del mal, Joseph y sus colaboradores ingirieron y se inyectaron secreciones nasales, substancias obtenidas de las lesiones cutáneas y hasta la excreta, de peligrosos.
El paso siguiente era encontrar qué substancia en la carne o leche era la que prevenía la enfermedad. Comenzó a aislar los aminoácidos (proteínas) de tales alimentos, y aunque llegó a sospechar que uno de estos, el triptofano, estaba relacionado a la enfermedad, murió de cáncer antes de demostrarlo. Años después se determinó que la causa de la pelagra es la falta de vitamina B3 (niacina) que se encuentra en alimentos altos en proteína como las carnes, aves, leche, legumbres y cacahuate. Pero tanto en los animales como en el hombre el precursor de la vitamina B3 es el triptofano, tal como fue la intuición del Dr. Goldberger.
Su innata vocación para el análisis hipotético así como su método de razonamiento en la comprobación teórica han sido inigualables. No en vano es apodado “el Sherlock Holmes de la medicina”.

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