Hellman, - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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Hellman,
cirujana notable
 
Por: N. Zvi Avigdor (Nueva York)
 
Este mes de marzo, al celebrarse el Día Internacional de la Mujer, recordemos que hasta hace muy poco la profesión de médico fue típicamente llevada a cabo por el sexo masculino. A través de la historia, con excepción de la partería, las mujeres eran vistas como incapaces de ser doctoras; además, tal trabajo sería inimaginable para ellas ya que su papel era el de "dedicarse a los hijos y al quehacer del hogar". Sin embargo, al lector le parecerá sorprendente el hecho que en los últimos 2 milenios, la mujer judía sí tomó parte en la práctica de la medicina. Flavio Josefo, el general y defensor de Galilea contra los romanos en el primer siglo de la Era Común, menciona en su autobiografía a "un José, hijo de una mujer médico..." y el Talmud está lleno de recetas médicas, muchas de las cuales son atribuidas a la madrastra de Rabí Abaye.
Sara la Mirgesse, una judía parisiense, practicaba la medicina en esa ciudad a finales del siglo XIII. Vemos también que existe un contrato del año de 1326 en la ciudad francesa de Marsella que indica un acuerdo hecho por una tal Sara de Saint Gilles, viuda del judío Abraham y un tal Salvet de Bourgneuf hijo de Davin en el cual la primera se compromete a enseñarle "el arte de la medicina" al segundo, por un período de 7 años. El pago del estudiante a su maestra consistió en pasarle a ella el dinero recibido por consultas impartidas por él a enfermos, durante el tiempo de su aprendizaje.
Ciertos manuscritos muestran que en el año de 1376, la doctora judía Virdimura pasa su examen de medicina impartido por los médicos de la Corte Real Siciliana y se destaca a tal grado, que obtiene permiso para el ejercicio de su profesión en todo el reino, en vez de sólo la ciudad, como era la costumbre al pasar ese examen. Al recibir su título exclamó, que su devoción sería hacia el tratamiento de los pobres quienes no podían pagar los altos cobros hechos por los doctores de su época.
En los estados germanos de la edad media existía gran cantidad de doctoras judías, las cuales en general, se dedicaban a la oftalmología. En el siglo XIV el poeta suizo Ammenhausen critica a los cristianos de su país por preferir llamar a las oculistas judías en lugar de llamar a médicos cristianos. En Alemania, Yehuda ben Asher escribe en su testamento (1349) la siguiente narrativa: "mis ojos enfermaron a la edad de 3 meses y por más que se hacía por mí, yo no mejoraba. Incluso a los 3 años de edad empeoré debido a ciertas curaciones, al grado de quedar ciego durante un año. No fue sino hasta que una judía oculista me dio tratamiento, que mejoré casi por completo en 2 meses". Estas tratantes de enfermedades oculares eran tan eficaces, que el matemático Bennedetti -quien también hizo contribuciones a la óptica- comentó de ellas: "las oculistas operan más rápido de lo que uno puede describir sus operaciones".
Los archivos de la ciudad de Frankfurt, Alemania, contienen documentos con un sinnúmero de nombres de doctoras judías. Casi todos tratan de los impuestos que se les cobraba por ejercer su profesión. Una que llama la atención es Bárbara "die jüdische" quien dio atención médica a los soldados durante la batalla de Wissenkirchen en 1394.
En 1419, el arzobispo Juan II de Wurzburg, Alemania, le otorga una licencia de tres años a una "doctora judía Sara" para practicar la medicina en todo el obispado. La licencia menciona que la practicante pagaría un impuesto anual de 10 florines. Nos damos cuenta que esta doctora tuvo mucho éxito profesional pues existe además una estipulación que la retiene como médico principal de todos los dominios del ducado de Franconia pertenecientes al señor Friedrich von Riedern y fue firmado por toda la nobleza de los francos.
Asimismo en Italia, vemos que una "donna ebrea" (mujer judía) llamada Perna practicaba la medicina con gran éxito en la ciudad de Fano en la segunda mitad del siglo XV. Inclusive nobles de otras regiones acudían a ella para ser atendidos.
La popularidad de las hembras médico israelitas trajo consigo gran envidia y oposición. Por ejemplo, en 1511 un tal Dr. Roslin se queja y pide a varias autoridades europeas que se eliminen las licencias médicas a los judíos, "tanto los hombres como las mujeres". Asimismo, a finales del siglo XV el malévolo fraile franciscano italiano Bernardino de Feltre (1439-1494), quien se dedicó incansablemente a la denuncia falsa y persecución de judíos, proclamó que un médico judío de Avignon, Francia le había confesado a él antes de morir, que "había matado a miles de cristianos enfermos por medio de medicamentos". Tal perjura se propagó por varias ciudades europeas, y como resultado, las clases sociales bajas se negaban a acudir a los médicos judíos.

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