Humor Judío - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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Humor Judío

4° Lustro Rev. Foro
Humor Judío
 
Por: Iako Behar
 
No hay buenos o malos judíos, hay nada más verdaderos inquisidores.
(Alain Finkelkraut)
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Dov pronuncia su rezo diario:
-Dios mío, dame el pan para comer, la vestimenta para vestirme y nada más. Del aguar­diente me ocuparé yo mismo.
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Un judío americano, muy progresista y ateo completo, decide dar una excelente educa­ción a su hijo. Lo envía a la mejor escuela de Nueva York, la Trinity School, antes religiosa, pero ahora laica.
A los pocos días, Danny declara al entrar su papá a casa:
-Papá, ya se lo que es la Trinidad. Es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. El padre, herido en sus más profundas convicciones laicas se encoleriza: -Danny, ¡tiene que metérsete muy bien en la cabeza! nosotros no tenemos más que un Dios... y nosotros ni le creemos.
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Se puede prolongar esta historia con una muy profunda reflexión.
-¡Dios no existe... y nosotros somos su pueblo elegido!
(Woody Allen)
Profundizando un poco más, Woody Allen dice en lugar del papá:
-Si Dios no existe, yo pago muy caro mi burla.
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Un alpinista sube a la cima de la nieve eterna. De repente, su pie pierde apoyo. Al principio su cuerda lo detiene, luego se desenrolla, pero termina por romperse.
Desesperado, el alpinista se agarra con las puntas de los dedos de una plataforma hela­da y resbaladiza sobre un precipicio de dos mil metros de profundidad. Él prueba enderezarse, pero al no lograrlo, llama socorro. El susurra porque un grito puede provocar una avalancha:
-¿Hay alguien?
Silencio, no responde nadie. El repite la pregunta con voz un poco más fuerte: -¿Hay alguien?
Ahora le responde una voz poderosa: -Yo soy Dios, estoy aquí.
El alpinista recobra el ánimo y espera lo que sigue con los dedos en peligro de resbalar­se en cualquier momento. La voz sigue:
-¡Ten confianza en mí! Tú puedes abandonar esa plataforma. Te envío dos bellos ánge­les blancos que te rescatarán en tu vuelo al planear.
El alpinista, consciente de su soledad, sin perder el ánimo en la soledad del silencio se atreve a preguntar:
-¿Hay alguien más?
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- ¡Jaime, tú me debes cuarenta rublos!
- Lo sé. Mañana por la mañana...
- ¡Mañana, mañana! Ya conozco tu mañana. La semana pasada me dijiste que me los devolverás, el pasado mes igual, el año pasado lo mismo...
- ¿Y qué, acaso no he cumplido mi palabra?
-»-
- Abraham, ¿cuánto dinero pusiste en el sobre de los recién casados?
- ¿El sobre mismo no cuesta?
-»-
- ¿Ud. quiere que le preste cien mil dólares? ¿Cuál es la garantía de que me los va a devolver?
- Le doy palabra de un hombre honrado.
- Bien, le espero hoy en la tarde acompañado de ese hombre.
-»-

Un hombre elegante llega a la entrada de una gran sinagoga en Yom Kipur. En la puerta el guardia le pregunta:
- ¿Es Ud. miembro de esta sinagoga?
-No.
- ¿Ha comprado Ud. su pase para Rosh Hashana y Kipur?
- No.
- Lo siento, entonces no puede Ud. entrar.
El hombre desesperado explica:
- Tengo un importante mensaje para el Sr.Goldstein. Es una emergencia... Ud. debe permitirme hablar con el Señor
- Bueno -accede el guardia. Le voy a permitir entrar, pero si lo veo orar...
-»-
-Ayer compré de Ud. el libro « ¿Cómo llegar a tener un millón?»
- Bien, ¿qué problema hay?
- Le faltan la mitad de las páginas.
- ¿Y qué de eso? Medio millón también es buena cantidad.
-»-
El casamentero le propone a una joven:
- Tengo un candidato para Ud. -¿De qué color tiene el pelo?
- Es rubio.
- No me conviene.
- ¿Desea moreno?
- Tampoco.
- Entonces, ¿cómo lo prefiere?
- Yo personalmente prefiero pelirrojo.
- ¿Por qué?
- Todos mis muebles son de color rojo.
-»-
Rina es miope y lleva lentes. Cuando viene a visitarle su amigo, ella se quita los lentes. Su amiga le pregunta:
- ¿Por qué te quitas los lentes cuando viene tu amigo?
- Primero, me veo más guapa sin lentes y segundo, mi amigo se ve más guapo cuando me quito los lentes.
-»-
Cohen, a los cincuenta años quiere casarse con una muchacha de veinte. Su amigo lo quiere persuadir que cambie de opinión:
-         Piénsalo bien. Después de veinte años, tú tendrás setenta y ella cuarenta... ¿Para qué necesitas una mujer tan vieja?
 
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