La dura vida de los judíos en Yugoslavia - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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La dura vida de los judíos en Yugoslavia

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La dura vida de los judíos en Yugoslavia


Por: Samuel Francés (Bulgaria)

¿Cuántos son los judíos en Yugoslavia? ¿Cómo logran ellos superar las difíciles condiciones de la guerra no declarada contra su país? ¿Qué medidas fueron tomadas para que sobrevivieran y qué ayuda les han prestado las organizaciones judías internacionales? Con estas cuestiones comenzó mi conversación con

Alexandr Eisenberg, dirigente de la mayor comunidad judía en el país, la de Belgrado, y con Alexandr Leibl, miembro del consejo directivo de la Unión de las Comunidades Judías en Yugoslavia.
Conversábamos a semioscuras -a lo mejor era una casualidad, pero durante todas mis visitas a la comunidad el suministro de corriente eléctrica estaba interrumpido. He aquí lo que pude enterarme:
Hasta la Segunda Guerra Mundial había en Yugoslavia 82,242 judíos. La enorme parte de ellos perecieron durante el Holocausto. Quedaron vivos menos de 15 mil personas, o sea, un 18.24%. Entre 1948 y 1952 en seis grupos consecutivos emigraron a Israel 8,600 personas, seguidas más tarde por emigraciones individuales.
Después de la desintegración de Yugoslavia en 1991, y sobre todo durante la guerra en Bosnia, una parte importante de los judíos amenazados lograron emigrar a Israel y a otros países o encontraron refugio en Belgrado. Muy pocos de ellos regresaron a Bosnia con la paz en esa ex república yugoslava. Hoy en día la Unión de las Comunidades Judías en Yugoslavia cuenta con 3,500 miembros. La mayor parte de ellos, 2,200, reside en Belgrado, pero la Unión tiene filiales también en Novi Sad, Subbótica, Sómbor, Páncevo, Zrenjanin, Zemun, Prístina y Nis. A excepción de varias familias dispersas en Montenegro, casi toda la población judía está concentrada en Serbia.
Los bombardeos de la OTAN crearon graves problemas a la población judía en Yugoslavia. Unas 500 mujeres, niños y ancianos (ya que los hombres en edad de reclutamiento no podían abandonar el país) partieron al extranjero, principalmente a Hungría, donde los judíos locales, con la ayuda financiera del "Joint" estadounidense y de las organizaciones judías internacionales, les ofrecieron una cálida acogida. Además de haberles garantizado el hotel y la compañía de activistas locales (¡y sobre todo las activistas!) les visitan a menudo, regalándoles flores y frutas o invitándoles a conciertos y a otras actividades culturales. Aproximadamente la mitad de esos refugiados se fue más tarde a Israel, donde los jóvenes fueron acogidos en los kibuts (las famosas comunas agroindustriales del país judíos), y muchos se quedarán para siempre.
Unos 50 de los refugiados regresaron a Yugoslavia aún antes de que terminaran los bombardeos, para estar junto con sus esposos, hermanos, padres o hijos. Sólo una de las familias judías de Prístina, la capital de Kósovo, emigró a Israel, y como su llegada coincidió con la gran fiesta Pésaj, fue invitada a la cena festiva (el seder) en la casa del entonces primer ministro, Benjamín Netanyahu.
Aún durante los primeros días de los bombardeos la Unión expresó su protesta y preocupación. Más tarde la Unión reiteró su lealtad a Yugoslavia y su esperanza por una solución pacífica del conflicto. Al mismo tiempo fueron tomadas medidas para la protección física de la gente en caso de una profundización de la crisis. En la sinagoga fueron aseguradas condiciones para dormir y reservas de comida, agua, combustible y medicamentos para unas ochenta personas, y en la sede de la comunidad, para otras sesenta.

Estamos muy agradecidos a las organizaciones judías de todos los países vecinos, entre ellas la de Bulgaria, por su disposición, desde el propio comienzo de los bombardeos, de recibir a determinado número de nuestros niños y mujeres en caso de peligro -dijo Alexandr Leibl. Nuestra vida se parece a la de todos los ciudadanos de Yugoslavia: llena de peligros y privaciones, aún más que las bombas y los cohetes no escogen, ni se interesan de qué nacionalidad tú eres. Sin embargo, hasta el momento ningún judío ha muerto ni ha sido herido. Hay algunas destrucciones y daños en las viviendas y otros bienes de miembros de nuestra Unión en Belgrado, Aléxinac, Páncevo, pero la gente ha quedado intacta.
La vida de nuestra comunidad está dificultada, pero no ha parado del todo -añade el otro Alexandr Eisenberg. Cada día a las 11:00 a.m. se reúne el Comité para la Crisis, para discutir las cuestiones pendientes. Nuestra principal tarea era garantizar la evacuación con autobuses de las mujeres y los niños a Hungría. Los bombardeos y las dificultades con el transporte no nos permiten reunimos cada sábado por la noche, como lo hacíamos antes, pero cada miércoles, de las 11 a.m. hasta las 2 p.m., todos aquellos que están libres vienen aquí para charlar, recibir informaciones, verse con sus amigos y parientes. El equipo social funciona intensamente, se reparten ayudas financieras a los más necesitados, pero el problema es que desde el comienzo de los bombardeos casi nadie de la comunidad recibe a tiempo sus salarios y pensiones. Regularmente se reúnen asimismo la comunidad religiosa, el coro "Hermanos Baruj", la organización deportiva "Macabbi", etc.
Me interesé por los lazos de la Unión con los judíos yugoslavos que viven en Israel. Me contaron que cada uno tiene gente cercana en la Tierra Prometida. Están unidos en "Itadrut Olei Yugoslavia", que edita cada dos meses un boletín informativo. Lo malo es que en esa organización, que ahora se llama "Itadrut Olei Ex Yugoslavia", han surgido ciertas contradicciones entre los judíos procedentes de las diferentes repúblicas del país, ya desintegrado. Sin embargo, no se puede negar el apoyo, sobre todo espiritual, a los nuevos "olim", a los recién llegados a Israel, para que no se sintieran abandonados en un ambiente ajeno.
Cuando salía de la comunidad, me encontré en la escalera con un hombre de mi edad, cerca de los sesenta, probablemente cantante del coro "Hermanos Baruj", que me saludó con un verso de la canción "Ava Naguila". Le respondí con otro verso de la misma canción. Quisiera mucho que nuestro próximo encuentro se celebrara en condiciones de paz, y que nuestros hermanos de Belgrado y del resto de Yugoslavia, una de las comunidades judías más antiguas del mundo, vivieran una vida normal, como lo merecen.

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