La ex-Ciudad de los Palacios - Intelecto Hebreo

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01/08/2017
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La ex-Ciudad de los Palacios

Colección y Consulta
La ex-Ciudad de los Palacios
 
Por: Enrique Elías
 
Era ese romántico periodo en la historia de la Ciudad de México en el que ésta era conocida por «La Ciudad de los Palacios», un bien merecido sobrenombre que le fue impuesto a fines del siglo XTX en vista de las imponentes construcciones basadas en la antigua y bella arquitectura europea de la época. Las calles y banquetas brillaban por su limpieza, los parques, jardines y camellones, con sus bien cuidados prados y plantas, sus caballerosos guardias vestidos a la usanza de los policías de Europa que se basaban en los uniformes Napoleónicos, en fin, era la época en que la ciudad gozaba de estricto mantenimiento debido al celoso cuidado de sus moradores y de sus autoridades, que gobernaban con responsabilidad. Ha de haber sido maravilloso vivir en aquella época de seguridad y belleza.
Terminada la revolución en 1918, las ciudades fueron «invadidas» por campesinos revolucionarios, algunos de ellos autonombrados generales que a base de su fuerza ocuparon puestos claves de un nuevo gobierno, e ignorantes de la responsabilidad que asumían como gobernantes. Lo único que movía a estos «generales» era el afán de hacerse ricos y/o poderosos, recortando a su máximo la inversión necesaria para mantenimientos y otros menesteres. El triste resultado es que la otrora orgullosa «Ciudad de los Palacios» se ha convertido en la actualidad en «La Ciudad de la Esperanza» la esperanza de que algún día se pavimenten las calles y banquetas, se repongan tuberías de agua en sustitución de las viejas, remendadas tuberías que ya dieron honroso servicio por más de un siglo, se reparen drenajes para evitar que la gente pobre pierda todo su patrimonio, sus ahorros, sus viviendas y sus posesiones en cada inundación anual durante las épocas de lluvias, y de que tengamos dirigentes gubernamentales honestos, realmente dispuestos a cumplir su responsabilidad y que se preocupen por el bienestar del pueblo que los mantiene.
En la «Ciudad de la Esperanza» tenemos robos, asaltos, homicidios, secuestros y crímenes de toda clase donde se pierden vidas a diario, pero, eso sí, tenemos un cuerpo de policía corrupta desde su dirigencia, mal pagada y escasa porque «no alcanza» el presupuesto después de que los principales directivos lo hayan desnatado. Además la irresponsabilidad de las autoridades que prefieren no darse cuenta de los problemas citadinos es patética, y notable. Para erigirse monumentos, prefieren gastar nuestro dinero producto de nuestros impuestos, construyendo obras innecesarias o inservibles como lo es una ciclo pista que nadie usa, que está inconclusa y que con sus elegantes puentes costó una millonada. Lo mismo se dice de un segundo piso a las vías rápidas principales de la metrópoli que se construye por capricho político sin que en realidad se necesitara. Bien podría el gobierno de la ciudad edificar edificios de estacionamiento público para eliminar el caos de tránsito que ahoga a la ciudad. Bien podría también reforzar el cumplimiento de las leyes de tránsito para eliminar que irresponsables y menores de edad conduzcan vehículos de transporte público aminorando los numerosos accidentes que tantas vidas cuestan diariamente.
Esperamos que no solamente el primer cuadro de la ciudad goce de un remodelamiento sino que los gastos metropolitanos sean para beneficio de pobres y ricos por igual. Tanto derecho tienen unos como los otros.







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