La Tragedia de la "Dinastía" Herzl - Intelecto Hebreo

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01/08/2017
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La Tragedia de la "Dinastía" Herzl

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La Tragedia de la "Dinastía" Herzl


Por: Tzila Chelminsky (Israel)

Cuando hablamos de Teodoro Herzl, el visionario que fundó el movimiento sionista como entidad política, salta a nuestra imaginación su romántica fotografía donde, apoyado en el balcón del hotel "Drei Koenige" (Tres Reyes), en Basilea, fija la mirada en el horizonte, con el río y un puente en el trasfondo. La vida de Herzl, sus logros, luchas y temprana muerte nutrieron los mitos nacionales. ¿Cómo se puede de otra forma describir la vida de ese hombre que, sin nación, sin dinero y sin territorio logró erigir una organización política y crear en el pueblo judío el sueño de un Estado? ¿Cómo pudo ese rey nunca coronado llevar a cabo el proyecto de un verdadero reino? Su personalidad fue móvil determinante de la historia: su fértil imaginación estaba aunada a una firme y auténtica confianza en sí mismo; carismático, poseía profundidad política y era a la vez un auténtico aventurero.

Herzl tuvo la "jutzpá" de enfrentar a reyes, sultanes y gobernadores presentándoles sus planes para la solución del problema judío. Lo increíble es que esas reuniones realmente se llevasen a cabo y que tanto el emperador alemán como el sultán otomano estuviesen dispuestos a escuchar a este "rey judío", sin corona ni súbditos. El elemento de la sorpresa parece haber jugado un papel importante: la solución al problema judío fue presentada como si promoviese los intereses coloniales, ya que pidió a Alemania que fuese el protector de las colonias judías en Palestina y ofreció a los turcos un jugoso préstamo financiero para cubrir sus deudas.


Cuando en 1895 Teodoro Herzl empezó a soñar con la idea de un hogar nacional judío, tuvo la visión de un papel prominente para su familia, la creación de una dinastía que operaría en el futuro estado. Desde esa fecha hasta su muerte en 1904, Herzl forjó con su propio esfuerzo un movimiento mundial. Sus hijos, Paulina, Hans y Trude fueron educados como príncipes, aislados de sus compañeros y conscientes, desde muy temprana edad, del peso de la responsabilidad que les imponía su apellido.

Pero en serio contraste con su visión política, el sueño de Herzl de establecer una dinastía familiar nunca se realizó: sus tres hijos sufrían de varias formas de inestabilidad mental que los marcaron de por vida. Alienados de la sociedad, incapaces de mantenerse por sí mismos, constituyeron una vergüenza secreta para el movimiento sionista que los mantuvo durante muchos años, por cierto pesada carga financiera para sus escasos recursos. Murieron jóvenes, atormentados y solitarios, sin haber alcanzado a ver la realización del sueño de su padre.


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