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27/09/2017
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Legado falso y nefasto

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Legado falso y nefasto
 
Por: Magdala
 
Seguramente se trataba de un servidor leal del Papa, un escribano del Siglo VIII y quizás su único anhelo fue ser útil a la Iglesia. Sin embargo esta persona que falsificó el documento conocido por los historiadores como la "Donación de Constantino", no podía sospechar que llegaría un día en que se mandaría a la hoguera a quienes cuestionaran su validez.

Esta "Donación" es un supuesto edicto publicado por el emperador romano Constantino el Grande en 315 e.c. Una leyenda difundida en la Edad Media aseguraba que en ese año Constantino padecía una lepra incurable y sanó milagrosamente al ser bautizado por el Papa Silvestre, obispo cristiano de Roma. Se creía que este documento era producto de ese milagro y reflejaba la agradecida decisión del emperador de recompensar a la Iglesia donándole a perpetuidad parte de su imperio y decretaba en él que "Silvestre y sus sucesores gobernaran sobre la ciudad de Roma y todas las provincias, distritos y ciudades de Italia y de Occidente... para siempre".

Continúa el documento diciendo que Constantino dejó libre el palacio lateranense de Roma para que lo ocupase Silvestre y que él mismo acarreó los 12 primeros cestos de tierra del lugar de la colina vaticana que se convertiría en la basílica de San Pedro. Y agrega que como resultaba impropio que dos soberanos viviesen en la misma ciudad, se trasladó a Bizancio, en Oriente, donde emprendió la construcción de una nueva capital imperial.

Desde el Siglo VIII este extraordinario "testamento" proporcionó a los Papas la excusa que necesitaban para intervenir en la política mundial. Tras su aparición no menos de diez Papas y sus aliados citaron la Donación en apoyo de empresas militares, utilizando la supuesta herencia de Constantino para legitimar su ambición y la persecución de cuanto parecía amenazarla.

Esta supuesta soberanía papal llegó a su apogeo en 1300, cuando el Papa Bonifacio VIII, revestido de armadura imperial y acompañado de cardenales que lucían las púrpura cesárea, se dice que declaró en público: "Soy emperador. Soy Augusto". Pero este empeño resultaría especialmente desastroso para la Italia medieval, pues las luchas por el poder entre Roma y otros varios Estados ambiciosos mantuvieron la península desgarrada y ensangrentada durante centenares de años.

El día de hoy nos parece extraño que se haya tomado en serio la Donación de Constantino, pues en muchos aspectos es claramente apócrifa. Aunque el primer manuscrito data del Siglo IX, fue casi con seguridad, urdido durante la última mitad del Siglo VIII con el fin de probar que el papa no era sólo independiente de cualquier emperador terrenal sino también superior.

Algunos especialistas piensan que la Donación fue ideada para apoyar la lucha del Papa Esteban contra las amenazas bárbaras a Roma, en la que fue ayudado por el rey franco Pipino, padre de Carlomagno; pero la mayoría sospecha que fue redactada en la cancillería pontificia por un funcionario llamado Christophorus.

Aunque desde el Siglo X había despertado sospechas, el fraude no fue aceptado como tal durante casi 700 años. Si bien el derecho de Constantino a donar la mitad de su imperio fue puesto en duda con frecuencia por los puristas que discutían el papel del Papa en los asuntos temporales, pocos dudaban de que el documento fuese auténtico.

El engaño fue descubierto hasta el Siglo XV, cuando dos eruditos eclesiásticos sometieron al fin el texto a un examen profundo. Fueron un alemán (Nicolás de Cusa) y un italiano (Lorenzo Valle), quienes -cada uno por su cuenta- emprendieron el estudio del documento. Pronto advirtieron que estaba llena de errores graves, entre ellos la mención de hechos históricos que ni Constantino ni sus contemporáneos podían haber conocido.

Por ejemplo, el documento menciona la ciudad de Constantinopla y su poderío, siendo que en 315 Constantino residía aún en Roma y no había fundado su nueva capital. Describe a los funcionarios romanos como sátrapas, palabra que no se usaba en ese sentido y llama al obispo de Roma Papa casi 200 años antes de que el título se generalizase. También hace a Constantino autoproclamarse vencedor de los hunos unos 50 años antes de que éstos pusieran el pie en Europa.

Si Constantino hubiese deseado legar la mitad de su imperio a la Iglesia, esta decisión se hubiera reflejado una y otra vez en los documentos de la época; sin embargo, la única mención de ese legado antes del Siglo IX es la de la propia Donación. Nadie más, ni siquiera el obispo Eusebio de Cesárea, biógrafo contemporáneo de Constantino, parecía haber oído hablar de ello.

El 7 de noviembre de 1433, Nicolás de Cusa presentó sus hallazgos al concilio de Basilea, que los aceptó sin vacilar. Siete años más tarde Lorenzo Valla publicaba una resonante condena de la Donación y, por implicación, del derecho del Papa al poder temporal. En esa época Valle trabajaba para el rey Alfonso de Aragón, que estaba envuelto en una enconada disputa con Roma por el dominio de Nápoles y aunque a Valle le interesaba desacreditar al Papa, nadie dudó de la exactitud y precisión de su trabajo.

La Donación de Constantino había sido, en palabras de Voltaire "la más osada y magnífica" de las falsificaciones.

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