Los cuentos infantiles y la tolerancia - Intelecto Hebreo

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04/07/2018
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Los cuentos infantiles y la tolerancia

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Los cuentos infantiles y la tolerancia


Por: Mirele y Alfredo Bistre

Indiscutiblemente que los cuentos infantiles son herramientas informales y divertidas en la transmisión de costumbres y la formación de valores y hábitos.
A través de «inocentes» narraciones con aventuras y emoción se nos han inculcado a nosotros también modelos de lo que debe ser lo bueno e inclusive lo estéticamente aceptado.
En este contexto, quisiéramos referirnos a la película «Shrek», la cual justamente rompe con mucho de lo que es el «cuento ideal», ya que aquí el ogro no es el malo del cuento y la princesa no es la clásica jovencita bella y delicada.
Curiosamente nuestros hijos no salieron completamente satisfechos de la película, seguramente su inconsciente ya les había preparado el camino indicando que el «happy end» (el príncipe y la princesa se casaron y vivieron felices para siempre) es la conclusión correcta. ¿Cómo es posible que la princesa se haya convertido en ogra?
Bueno, es difícil terminar con arquetipos prefabricados y arraigados por tantos siglos, por eso aplaudimos el objetivo de la película, mostrar que el interior de las personas es más importante que lo superficial, que hay «otro tipo de bellezas» aparte de las heredadas por la cultura griega y sobre todo, que no nos debemos llevar por los prejuicios.
Es más fácil repetir lo que una mayoría piensa, y también naturalmente tendemos a formarnos imágenes e ideas, muchas veces incorrectas sobre lo desconocido.
Por ello, que bueno que existan ejemplos así en los cuales los pequeños aprendan a revalorar sus propios modelos de historia y cuento, y sobre todo, a no estereotipar y aprender a conocer a la gente sin juzgarla con anterioridad.
Ahora, los invitamos a que dejen de lado sus prejuicios y pongan atención en la siguiente historia que les relataremos:

La niña granada

Una pareja de reyes no tenía hijos, la reina se atormentaba pensando que quizá su esposo la dejaría por ello; pero un buen día una mujer se le apareció diciéndole que ella debía comer media granada y la otra mitad el marido, y así tendrían una hija a la que debían nombrar Romana.
Efectivamente así sucedió, la madre murió y el padre se volvió a casar, pero la madrastra era muy celosa de la belleza de la hijastra y más aún cuando la hija que tuvo era físicamente poco dotada.
La nueva reina convirtió al hechicero en su amigo y consejero, a él la preguntaba: ¿Quién es más bella que yo? a lo que él respondía que Romana mil veces más.
El hechicero le dijo que para deshacerse de ella, tenía que enviarla al sótano a tejer algodón sucio.
Romana triste lloraba su destino, hasta que se le apareció la misma mujer que a su madre, la que le manifestó que pasarían una corriente de agua roja, la cual tenía que ignorar, después una negra y finalmente una blanca, en ésta ella debía sumergir su algodón y después lavarse cara y manos, los resultados fueron asombrosos, quedó más bella que antes.
La madrastra sorprendida quiso arrancarle el secreto a Romana, la madre mandó a su hija al sótano y esperó a que la anciana se le apareciera, pero como la trató mal, la mujer le dijo que se lavara con la corriente de agua negra, con lo que quedó más fea que antes.
El hechicero volvió a aconsejarla diciéndole que calumniara a la princesa, diciendo que salía con un joven y que llegaba muy tarde a palacio, el rey al enterarse mandó a matarla, pero como el mensajero se apiadó de ella no la mató, ella le dijo que llevara la sangre de un perro en lugar de la suya.
La princesa Romana huyó a una casa donde habitaban 40 ladrones, los cuales le dieron refugio a cambio de que ella les limpiara la casa y les cocinara.
Un día la reina preguntó a su hechicero si ella era la más bella, a lo que nuevamente contestó que Romana mil veces más. En esta ocasión el consejero le dijo que ella se disfrazara de vendedor de joyas y en el momento que Romana se probara el anillo que él le entregó, ella moriría.
Así sucedió y la princesa fue puesta en una caja de cristal.
Un día un príncipe fue de cacería, al matar a un pájaro que cayó por ahí, descubrió a la hermosa princesa, la cual él quiso llevársela para darle buena sepultura.
Antes de enterrarla la lavaron y al quitarle el anillo ella resucitó. El enamorado de la bella princesa, le pidió matrimonio, a lo que ella accedió pero con la condición de que los 40 ladrones que se comportaron como sus propios hermanos, fueran invitados a la boda.
La mala reina se sorprendió nuevamente con la respuesta a su eterna pregunta al hechicero ¿quién es la más hermosa? ella aseguraba que Romana ya estaba muerta.
Ahora había otro plan para dejar de lado a Romana, el día de la boda debía presentarse como la mamá de la novia para conseguir el permiso de entrada, ella debía pincharle la cabeza con un alfiler y la princesa se convertiría en paloma. Entonces la hija verdadera de la reina tomaría el lugar de Romana.
Así sucedió y Romana transformada en paloma se alimentaba únicamente de un naranjo, como esta planta dejó de ser regada, la paloma se debilitó y el príncipe compadecido se dedicó a cuidarla. Cuando la reina se enteró por su insistencia de quién era la más bella, de que la paloma era más atendida que su propia hija enferma, el hechicero influyó para que la reina dijera que en un sueño ella vio que con la sangre del sacrificio de la paloma su propia hija sanaría.
Cuando el príncipe estuvo a punto de hacerlo, vio como un alfiler cayó de la cabeza de la paloma, transformándose ésta en la princesa Romana.
El príncipe entendió lo que sucedió y clavándole el alfiler a la princesa demostró en público el engaño al que habían sido sujetos todos.
El rey, el príncipe y Romana vivieron en felicidad y salud.
Seguramente después de leer esta historia, se le habrán venido a la mente, imágenes de la tierna infancia disfrutando del cuento de Blanca Nieves.
Pues queremos decirle que esta historia quizá está influenciada de las maravillosas historias del siglo XIX de los hermanos Grimm, pero lo que sí es certero es que este cuento es una transcripción de cronistas grabada por folkloristas israelíes en Egipto (1).
Seguramente cuando iba siguiendo la secuencia de la historia, mentalmente se peleaba diciendo, ¿pero cómo, esto no va aquí, cómo le inventaron? eso de los 40 ladrones ya me pareció babilónico, etc...

Vale la pena que a veces dejemos volar nuestra mente y transportarnos sin ataduras… con libertad, sin prejuicios.


1) The Jewish Spirit a Celebration in Stories and Art. Ed. Ellen Frankel, 1997. p.p. 126-130

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