Monogamia versus poligamia - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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Monogamia versus poligamia

4° Lustro Rev. Foro

Monogamia versus poligamia
(La Takaná de R. Gershom B. Judah).


Por: José Brito (I. Canarias, Esp.)

Antes de entrar de lleno en el tema, indicar que la Torá no limita, en absoluto, el «derecho» del hombre a tener más de una esposa.
Yo incluso diría más: son innumerables los pasajes donde a través de la atenta lectura de un texto bíblico determinado, se puede deducir cuando un hombre tenía más de una esposa (sin contar, claro está, las concubinas). Por otra parte, parece que esta fue la costumbre generalizada en el antiguo Cercano Oriente.
Sin embargo, la realidad era otra. Debido a las difíciles condiciones económicas de la época, la mayoría de la gente se inclinaba por una práctica matrimonial monógama, estando más bien lejos de actitudes no ya polígamas sino incluso bígamas.
Durante el período del II Templo, esta actitud de frontal rechazo hacia la poligamia se vio reforzada por un mayor concepto moral de fidelidad mutua entre los esposos.
Según parece, muchas esposas de la época no terminaban de creerse lo de la «fidelidad mutua» y exigían -por escrito- de sus maridos, el compromiso formal de que sólo contraerían nupcias con las interesadas. Esto, al menos, es lo que parece deducirse de los documentos asirios y babilónicos hallados y relacionados directamente con este tema.
No obstante lo anterior, había casos puntuales en los que era preceptivo el tomar una segunda esposa, por ejemplo, para cumplir con un matrimonio «levirático» (en hebreo «yibbum») o cuando la primera esposa era estéril y resultaba necesario asegurar la descendencia.
Fue, sin embargo, durante el período helenístico cuando las fuentes judías registran una mayor incidencia de casos de bigamia y poligamia debido, en gran parte, a una relajación de las costumbres, lo cual era propio de la civilización griega.
Ya desde época tan temprana, los sabios no terminaban de ponerse de acuerdo en asuntos tan trascendentales para la vida del judío como era la concesión de la «Halizáh» (el divorcio levirático) y la práctica del «Yibbum», aunque bien es verdad que una gran mayoría de estos sabios se inclinaban por la primera opción al considerarla moralmente más adecuada. (No quiero ni imaginar el susto que se llevarían esos sabios si, por un momento, volvieran a la vida y vieran el negocio que significa para algunos judíos ortodoxos y/o ultra ortodoxos, lógicamente faltos de escrúpulos y del menor sentido de la decencia, la concesión de la «Halizáh» a toda aquella mujer judía religiosa que dependa de este requisito para poder contraer un nuevo matrimonio).
No solamente discutían los sabios acerca de lo comentado en el párrafo anterior, algunos condenaban violentamente el contraer matrimonio con dos mujeres, incluso si el propósito era la procreación (no se especifica si el interesado quería «procrear» con las dos o si, por el contrario, la primera era estéril y por esa razón tomaba una segunda esposa).
R. Ammi, un «amorá» palestinense, parece que fue uno de los pocos sabios judíos de su época que se comprometió seriamente con la ya tan traída y llevada «liberación de la mujer», así como en su lucha pro-igualdad de derechos en relación al varón. R. Ammi no se «andaba por las ramas» y atacaba directamente, según él:
«Cualquier hombre que tome una segunda esposa, estando todavía casado con la primera, se divorciará de ésta última y le pagará lo estipulado en la «Ketubá». (Yev. 65a).
(Se desconoce si alguna organización feminista de la época le dedicó al dilecto R. Ammi, en algún lugar de la Palestina de entonces, una calle o, al menos, fijó una placa con su nombre para conmemorar tan magno acontecimiento. (Me refiero al hecho de tenerlas en cuenta como «Sujetos de Derecho»). (Una feminista «observante» me diría que lo de «sujeto» es acepción eminentemente masculina; sinceramente, decir «sujetas» me parece horroroso).
Es muy probable que para llegar a la conclusión anterior, R. Ammi se inspirara en el Derecho romano en el cual la poligamia estaba totalmente prohibida, especialmente desde que todos los judíos del Imperio, después del año 212 de la Era Común, fueron declarados ciudadanos romanos.
También los judíos residentes en Babilonia fueron bígamos y polígamos a pesar de vivir inmersos en usos sociales completamente diferentes y donde, por extraño que pueda parecer, el vínculo monógamo era determinante en la relación de pareja.
Rava, un erudito radicado en Babilonia y perteneciente al período amoraita, decía al respecto:
«Un hombre puede casarse con otras esposas además de la primera, con la condición de que pueda mantenerlas a todas». (Yev. 65a; Ket. 80b).
Sin embargo, el pensamiento generalizado de la época, y siempre de acuerdo a los sabios era que un hombre sólo debería tomar cuatro esposas. (Muchos estudiosos del Derecho Matrimonial, en su vertiente semítica, ven en esta disposición la fuente primigenia de la ley musulmana que sólo permite a sus fieles tener cuatro esposas.)
Prácticas bígamas y polígamas también se registraron frecuentemente entre las comunidades judías radicadas en el Norte de África y en España.
En realidad, todas aquellas comunidades judías que vivían en países dominados por el Islam, fueron mayoritariamente polígamas, ya que la religión oficial permitía y apoyaba abiertamente tal costumbre.
El hecho de que la práctica de la poligamia era asumida como algo muy común entre los judíos que residían en tierras musulmanas se constata con el hecho de que el exégeta español Maimónides tan siquiera menciona la proscripción de la poligamia en su código de ley judía.
No debemos olvidar que Moses Ben Maimon –Maimónides-, nacido en Córdoba, España, sefardí de "pura cepa", desarrolló tanto su pensamiento filosófico como lo más importante de su obra exegética cuando  España estaba bajo dominio musulmán. Su importancia y su sapiencia eran tales que las comunidades judías orientales aceptaban sus veredictos sin ningún tipo de reticencias. Pero Maimónides era sefaradita, es decir, oriundo de Sefarad, España, y de acuerdo a lo expuesto por el profesor Henry Mechoulan:
"Es sefaradita quien reivindica la herencia judía española en los ámbitos cultural y ritual. El mantener algún tipo de relación o semejanza con el llamado «rito portugués» no es suficiente para denominar sefaradí a una persona que jamás hubiese oído hablar de España. En este contexto, no es posible considerar sefaraditas a los judíos de la mayor parte de las comunidades orientales. Es una simpleza considerar a alguien sefaradí por el mero hecho de no ser ashkenazí".
Pero acerca de esta «declaración de principios», amigo lector, han corridos «ríos de tinta» y, me temo, que seguirán corriendo.
Por un momento, nos hemos desviado del tema central de este artículo, así que sigamos con él.
En contraposición a la forma habitual de actuar de las comunidades orientales y sefaraditas con marcada influencia islámica, los judíos de raíz askenazí, radicados mayoritariamente en Alemania, Polonia, Rusia y la zona norte de Francia, fueron muy raramente polígamos. La razón podría ser, aparte de unas condiciones económicas francamente difíciles, el que vivían en un entorno esencialmente cristiano, donde la Iglesia, basándose en determinados textos del Nuevo Testamento, exigía de sus adeptos una vida ejemplar, dentro de la cual la relación monógama era totalmente imprescindible.

La Takaná de R. Gershom B. Judah.-
A Gershom B. Judah Meór Ha-Golah, que es su nombre completo, se le puede considerar como uno de los principales y más prolíficos líderes espirituales de la judería germana. Aunque, en realidad, existen muy pocos apuntes biográficos acerca de este personaje y, en su inmensa mayoría, son de naturaleza legendaria, sabemos que, aparentemente, nació en Metz -hoy dentro de territorio francés-, aunque casi siempre residió en Mainz, Alemania, donde dirigía una yeshivá y donde, según parece murió.
La estima y el fervor religioso que despertó este insigne talmudista entre sus correligionarios, tanto de su misma época como de generaciones posteriores, queda bien patente en una cita de Rashí quien, refiriéndose a él, le califica de «Luz y guía no solamente de la judería germana sino de todos los judíos askenazíes».
Aunque, en realidad, el nombre de Gershom B. Judah está ligado a la promulgación de muchas y muy importantes takanot, quizás la que lo ha hecho célebre y popularmente conocido dentro del círculo de estudiosos judíos del Derecho Matrimonial, es la relacionada con la prohibición de la poligamia, la cual incluye un apartado donde también se prohíbe el divorciarse de una esposa contra la voluntad de la misma. Esta takaná le es atribuida a Gershom B. Judah por otro insigne talmudista y legislador de nombre Meir de Rothenburg; no obstante, Eliezer Nathan, quien también vivió en Mainz, pero un siglo después de Gershom, se refiere a ella como una takaná de tipo comunal.
Es muy probable que rabinos y talmudistas anteriores a Gershom B. Judah trataran y legislaran acerca de las relaciones intermatrimoniales basándolas en prácticas esencialmente monógamas, y no de forma especial porque creyeran que había en ello algún tipo de prohibición bíblica que, de hecho, no la hay, sino porque, como se ha comentado anteriormente, las comunidades askenazíes vivían en un medio predominantemente cristiano, donde las relaciones con la Iglesia no eran precisamente boyantes, por esa razón y en aras de una aceptable convivencia, no era aconsejable obrar de modo contrario a como lo hacia mayoría, máxime de esa mayoría seguían unas directrices marcadas única y exclusivamente por la Iglesia.
Bien fuera antes o después, de lo que no cabe duda es que la prohibición de la poligamia en el ámbito judío se deriva de esta takaná dictada, por lo que parece, por Rabenu Gershom y su corte, takaná que, posteriormente, devino en Herem, y que los sabios y estudiosos del Talmud y la Halajá han dado en llamar «el Herem de Rabenu Gershom».
En términos generales, y a efectos de un mejor conocimiento de las costumbres de las diferentes comunidades judías, podríamos decir que esta takaná fue aceptada como de «obligado cumplimiento» sólo por las comunidades askenazíes y no por las sefaradíes o aquellas otras formadas por judíos orientales.
Una prueba fehaciente de que los judíos orientales hicieron caso omiso de lo «recomendado» por Rabenu Gershom y su equipo de eruditos, la encontramos en que los judíos procedentes de Siria, en el momento de redactar la Ketubá, incluyen un párrafo donde se especifica que:
«El marido no podrá tomar una segunda esposa a menos que la primera mujer no conciba hijos en un plazo de diez años. Sólo si ella lo consiente el marido podrá contraer nuevas nupcias».

Situación actual.-
En 1,950 y a raíz de una conferencia rabínica convocada en Israel por los Grandes Rabinos de dicho país, se renovó la prohibición de Rabenu Gershom, en el sentido de considerar la monogamia obligatoria para todos los judíos sin importar su lugar de procedencia ni su afiliación comunal. Excepción fue hecha para aquellos inmigrantes procedentes de países musulmanes que hubieran llegado a Israel con varias esposas.
En este articular caso y previa apelación especial al Gran Rabinato, no se anularían los matrimonios contraídos por estos inmigrantes antes de llegar al país.
En el futuro, y exceptuando casos muy puntuales donde, de acuerdo a la legislación religiosa, se permitiría a un esposo contraer un segundo matrimonio, la poligamia fue proscrita no solamente en el Estado de Israel sino también, por expresa recomendación de los grandes Rabinatos Askenazí y Sefaradí, en todas las comunidades de la Diáspora.

Bibliografía:
= Jewish Matrimonial Law in the Middle Ages. Z.W. Falk.
= The Jewish Marriage Contract. (1,927). L.M. Epstein.
= The Jewish Marriage Anthology. (1,965) B.H. Goodman.
= A Treasury of Sephardic Laws and Customs E. Dobrinsky.


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