Ofrenda a un perro difunto - Intelecto Hebreo

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04/07/2018
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Ofrenda a un perro difunto

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Ofrenda a un perro difunto
 
Por: Jacobo Königsberg
 
De las costumbres más o menos paganas, que de tiempos prehispánicos perviven entre ciertos sectores de la población de México está la de las ofrendas a los muertos en los primeros días de noviembre de cada año.
La ofrenda es un regalo que se hace al difunto y consta, principalmente, de cosas que aquel disfrutaba en vida, sean objetos o comida y bebida, incluso música. Los dones se colocan sobre la tumba adornada con flores, papeles de color, retratos y velas y cuanto le plazca al donante. Pudiendo también ofrecerse sobre una mesa o tarima en otro lugar, en la casa, en un corredor o un patio. Esta costumbre, estimulada por medios, se ha propagado entre religiosos, descreídos y ateos.
Una ofrenda de este tipo, fue montada en el café Guardatiempos, en honor a un perro callejero adoptado por Mario, el dueño del establecimiento, al que llamaron Pulgoso, el que fue muy querido por su amo y por los vecinos, sin distinción de edades.
A su muerte lo lloraron chicos y grandes y no faltó quien fuera, entre lágrimas, a dar el pésame a su dueño y colocara veladoras a las puertas del café, donde solía echarse a tomar el sol. La ofrenda al Pulgoso fue un curioso homenaje a un can que tanto amor despertó, tanto entre la gente amable, como entre aquellos que no pueden ver a sus congéneres ni en pintura, los que han adoptado como divisa: «mientras más conozco a la gente más amo a mi perro».
Me llamó la atención a mí, que no amo a los perros, tal desbordamiento de cariño por un cánido, cuando los humanos quieren por lo general, a los demás animales, de preferencia res y aves, a la cazuela, a la parrilla o al pastor, a diferencia de los carnívoros natos o carroñeros que los aman crudos.
Ya sabemos que la carne de perro no se considera, al menos en México, un platillo apetecible, aun cuando no es raro que un taquero abusivo los sirva en barbacoa o tinga y, quizás, eso explique tal derroche de afecto por el can.
Como sabemos, todos los seres vivos que constituyen la biosfera se devoran unos a otros y se alimentan, en un festín interminable, formando lo que han llamado cadenas alimenticias: el pasto es comido por la res, ésta es deglutida por el carnívoro y el cadáver de este último sirve de abono al pasto, para bosquejar el fenómeno en unos cuantos trazos. Todo el que tiene vida da, tarde o temprano, sustento a otro vivo para que viva. Y en este asunto podemos aseverar que cada especie quiere, sinceramente, a la que le sirve de alimento y si el hambre es muy grande, la ama entrañablemente.
Esto, afortunadamente, no fue el origen del afecto al Pulgoso según deduje, después de hacer una encuesta entre aquellos que mostraron profundo dolor con su deceso, quienes reiteraron su profunda simpatía y amor sincero por el perro.
Amor, cuántas facetas tiene esta palabra, desde cuantos puntos de vista se puede ver y a cuántas cosas, buenas y malas, ha dado origen. Entre las primeras está el enunciado del mandamiento de Moisés que ordena: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Que difícil debió ser pregonar el amor al prójimo hace unos tres mil quinientos años, cuando ese concepto apenas estaba adquiriendo forma, como un embrión que empieza, a gestarse y cuyo producto no se vislumbra. Pregonar amor al prójimo era ir contra la naturaleza, donde impera la lucha del animal contra el animal, del hombre contra el hombre.
Era más realista, como lo hacían los caudillos de otros pueblos, enseñar a odiar, despreciar, porque así es más fácil amedrentar, atacar, sojuzgar y hasta matar para dominar, que es otra faceta del amor, la del amor al poder, que es el que enseña la naturaleza y la experiencia histórica, que nos muestra como se imponen sobre otras las naciones, las religiones y las ideologías.
Amar al prójimo durante la lucha en la arena de combate es muy peligroso porque amar significa confiar en el otro y, por ello, bajar la guardia y volverse vulnerable con riesgo de ser derrotado, lo cual desde el punto de vista de la lucha por la supervivencia tal y como nos lo enseñan la naturaleza y el instinto, es una locura que puede acarrear la muerte del individuo. Pero parece que sólo el hombre, impulsado por quien sabe que fuerza, es capaz de este tipo de locuras. Amar, perdonar... aunque perdonar pueda significar perder.
Desde el punto de vista de la naturaleza, el hombre puede parecer una locura sobre dos patas. Todo lo que el hombre ha creado, desde los primeros utensilios, pasando por la producción de fuego, hasta los viajes al espacio y la ingeniería genética, es una gran locura que va contra la «lógica» que regía la existencia hasta la aparición de este extravagante ser. Aunque visto retrospectivamente (¿hay otra manera de verlo?) cada mutación, cada nueva forma adquirida por los seres vivos fue una rareza, una extravagancia en el momento de su aparición. Ordenarnos amar al prójimo fue una extravagancia más, porque hasta entonces y por millones de años el mandato fue: Devorarás al prójimo.
Amar al prójimo exige un gran esfuerzo, es un durísimo ejercicio. Tan duro como el que nos impusimos para habituarnos a caminar sobre dos pies, para mirar a lo lejos tener libres las manos para que, sin su función de apoyo y locomoción, adquirieran la destreza que el cerebro empezaba a reclamarle, para usarlas en otros menesteres que, entre nieblas vislumbraba, como la fabricación de instrumentos y todo cuanto desde entonces creó, adquiriendo cada vez más, habilidades hasta llegar al virtuosismo.
Amarás al prójimo va más allá de los principios éticos que, originalmente, sólo servían para regular el funcionamiento del clan, para que respondiera en forma organizada y unánime a los requerimientos del grupo, sea en el aprovisionamiento, la defensa o el ataque. Amar al prójimo significa dejar de amagarlo, de atacarlo, de guerrear, en acciones tan desgastantes como inútiles y emplear toda la energía, toda la fuerza y toda la capacidad creativa de la humanidad en alcanzar confines que hoy no imaginamos, pero que podremos rebasar cuando hagamos extensivo el mandato de amor a todos los seres vivos incluidos los Pulgosos que vagan por el mundo.

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