Peligro del «Síndrome de Fausto» - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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Peligro del «Síndrome de Fausto»

4° Lustro Rev. Foro

 La Familia Génesis del Hombre
Peligro del «Síndrome de Fausto»


Por: Marie Pesso

¿ESTA USTED RENUNCIANDO A SU VIDA A CAMBIO DE LA FAMA, LA FORTUNA, EL PLACER Y EL PODER?


SEGUN LA LEYENDA, Fausto estuvo dispuesto a venderle su alma al diablo a cambio de 24 años de poder y placeres sin límite. Desde la Edad Media hasta nuestros días, compositores, poetas, dramaturgos y novelistas se han valido del tema de Fausto. La más famosa de estas historias fue obra del poeta alemán Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832).

La esencia de la leyenda faustina toca la vida de todos nosotros, más aún en nuestra era. Se trata de temas que todos debemos afrontar, consciente o inconscientemente: ‘‘¿Por qué hay tanto sufrimiento y dolor en nuestra vida? ¿Cómo alcanzaremos la felicidad, el éxito, la prosperidad y el poder? ¿Qué estamos dispuestos a hacer, o a qué estamos dispuesto a renunciar, con tal de lograr aquello que creemos me hará feliz?"
La leyenda de fausto habla de nuestra vida y de la enajenación del ser humano. Habla de la falta de propósito y sentido en nuestros días. Habla del sufrimiento y de la tragedia que son parte de la vida de todos nosotros.
Lo que es más importante, Fausto habla de las promesas engañosas que el mundo nos hace y que nos llevan a vender ingenuamente nuestra vida. Pero también la sociedad se ha precipitado a venderse, entregándose a la esclavitud económica a cambio de comodidades y ventajas.
Edward Cornish, director de la revista The Futurist (El Futurista). Trazó una analogía con Fausto para describir nuestra aventura amorosa con la tecnología. Sostuvo que cuando se produjo la revolución industrial: "El hombre celebró un pacto faustiano con la máquina. Así como el diablo le concedió a Fausto una vida de placeres terrenales a cambio de su alma, la máquina (tecnología) le ofreció al hombre un nivel de vida más alto a cambio del sacrificio de su vida tradicional centrada en el hogar y familia".
Pero aquella "máquina", ¿nos ha dado lo que tanto deseábamos? ¿No habremos pagado demasiado caro, desvirtuando y marchitando nuestra humanidad, aquello que la tecnología nos dio?
Todo ser pensante reconocerá inmediatamente que hemos renunciado a mucho en aras de las comodidades y placeres que la tecnología nos confiere. Hemos renunciado al agua pura y al aire limpio, hemos renunciado a gran parte de nuestros vínculos con la tierra y la familia, y hemos renunciado a la seguridad del mundo.
Pero los trueques faustianos que más inquietan son los espirituales. Son los que hacemos en el interior de nuestra propia mente y que luego nos impulsan a obrar. La pregunta es: ¿Qué cosas deseamos hasta tal punto que estaríamos dispuestos, como Fausto, a dar nuestra alma a cambio de ellas?
Reflexionemos sobre las decisiones faustianas que muchas personas tomarán mientras usted lee este artículo. Son trueques que tendrán repercusiones profundas en su vida... quizá hasta el punto de destruirla: una persona vende su matrimonio por las emociones de una aventura extramatrimonial; otra renuncia a su libertad y buen nombre por dineros robados y lo que puede comprar con ellos; una tercera vende su salud a cambio de las sensaciones inducidas por estupefacientes, alcohol o tabaco.

POR ALCANZAR UNA FORTUNA. . .
Un ejemplo de un convenio faustiano que ocupó los titulares de los periódicos fue el de Dennis Levine y su convenio con el diablo de la fortuna. Eleasar Levine fue socio de uno de los bancos de inversión más poderosos de los Estados Unidos y destacado especialista en la fusión de empresas.
En mayo de 1996 fue detenido por unos agentes del gobierno, bajo sospecha de haber percibido ganancias ilícitas enormes negociando en acciones con base en información confidencial.
El Sr. Levine decidió cooperar en la investigación, y se declaró culpable de los cargos penales en su contra y restituyó la totalidad de las ganancias obtenidas: 11,5 millones de dólares. Luego cumplió una sentencia de 18 meses en la cárcel.
Desde que recobró la libertad, Levine dio conferencias en diversas universidades sobre el mal inherente en la negociación de acciones con base en información confidencial describió las repercusiones negativas de sus experiencias faustianas en su propia vida, la de su familia y sus colegas. El Sr. Levine espera que esto disuada a los ambiciosos estudiantes de negocios para que no se entreguen a prácticas comerciales ilícitas o poco éticas.
Reconoce que celebró un acuerdo faustiano, vendiéndose por el deseo de tener cada vez más dinero: "Era tan grande mi ambición, que sobrepasaba lo racional. Paulatinamente perdí la noción de lo que constituye un comportamiento ético".
Cada día de nuestra vida, nosotros también tenemos que tener decisiones análogas a nuestra manera, sobre un convenio con el diablo. La apuesta material que está en juego quizá no sea tan grande, pero las consecuencias espirituales son las mismas.

EVITEMOS LOS TRATOS FAUSTIANOS
¿Qué tiene que ver la adoración y la obediencia a Dios con el hecho de encontrar el verdadero propósito y sentido de nuestra vida?
Hay una relación importantísima, desde luego. El conocimiento del propósito que tiene la vida humana tal como esta se cumple en nuestro diario vivir, está vinculado con el conocimiento de quien es Dios, que está haciendo y cual es el designio suyo. Ese conocimiento define nuestro propósito y nuestro futuro, dándole así sentido a nuestra vida actual.
Si desconocemos el camino de Dios, quedamos a la deriva en un mar de incertidumbre moral, ética y espiritual. Perdemos de vista el futuro y la razón de ser del hombre, así como el sentido de nuestra vida. En tal clima de confusión, la falta de honradez parece casi lo correcto y se vuelve muy importante en nuestra vida.
Perdernos la noción de qué está bien y que está mal. Podemos incluso llegar a justificar nuestras acciones de alguna manera: "Todo el mundo lo hace". "Tengo que sobrevivir". "¿A quién le puedo perjudicar?" "La culpa es de mis padres". "Sencillamente no comprenden".
Cuando acatamos y seguimos el camino de Dios, no cometemos este tipo de errores en nuestros juicios morales. Respetamos a los demás y sus bienes tanto como a nosotros mismos. Este importante conocimiento nos ayuda a evitar aquella enfermedad espiritual que se llama "Síndrome de Fausto".


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