Reflexiones Médicas Sobre la Mezcla Leche/Carne - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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Reflexiones Médicas Sobre la Mezcla Leche/Carne

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Reflexiones Médicas Sobre la Mezcla Leche/Carne
 
 
Por: Zvi Avigdor, New York, E U.
 
Mucho ha sido escrito acerca de los beneficios médicos (tanto corporales como psicológicos) que resultan del cumplimiento de preceptos judaicos. Por ejemplo, descubrimientos relativamente recientes indican que la circuncisión es importante para la prevención de enfermedades venéreas, la prevención de la infección urinaria en el primer año de vida y la prevención del tipo más común de cáncer de la matriz.
 
Otros son más conocidos, como los provechos provenientes de la prohibición de ciertos alimentos: que la carne de puerco alberga a la triquina y otros parásitos; que los mariscos son portadores cardinales de la hepatitis A y otras infecciones, etc.
 
Las ventajas sanitarias que resultan de la dos veces milenaria obligación rabínica del lavado de manos antes de ingerir alimentos no requiere explicación, pero si la hubiera requerido hace sólo 150 años, cuando se desconocía la existencia de microbios. Asimismo, la exigencia religiosa del baño corporal, como mínimo una vez a la semana para los hombres (mikve del viernes) y una vez al mes para las mujeres (mikve postmenstrual) parece hoy día como un decreto obvio por los sabios judíos (pero criticado ampliamente en la antigüedad); hoy sabemos que éste fue el que mantuvo a la población judía casi inmune a las plagas europeas de la edad media, cuando las masas gentiles raramente sometían sus cuerpos a un lavado total.
 
Y así, podríamos seguir con múltiples alusiones con respecto al binomio mandamiento-salud en la religión hebrea, pero quisiera concentrar este ensayo al entendimiento de uno solo: el posible beneficio resultante de no comer carne y leche al mismo tiempo (de los 613 mandamientos bíblicos, el número 113).
 
La prohibición rabínica de no comer productos lácteos junto con carne, deriva del versículo "...no cocinarás un cabrito en la leche de su madre" (Éxodo 34:26) que a primera vista se interpretaría como un estatuto humanitario, no dietético; obviamente puede reconocerse la crueldad de aquel que cocina a un animal utilizando la leche de la propia madre del sacrificado. Pero los sabios judíos ampliaron el precepto, determinando que éste indicaba, el no juntar jamás a ambos elementos, independientemente del parentesco. Siguiendo el razonamiento expresado al comienzo del presente artículo, surge la pregunta: ¿será que existe quizá alguna utilidad médica como resultado de tal prohibición? La respuesta es, en mi opinión, afirmativa y he aquí la posible explicación.
 
Recordemos que el hierro es un mineral sumamente necesario para el metabolismo corporal. El hierro se encuentra en los glóbulos rojos de la sangre y tiene como función tomar el oxígeno que llega al organismo a través del pulmón. Una vez que el hierro se ha cargado de oxígeno, lo reparte a todas las células del organismo. Así, el hierro almacena y transporta oxígeno, y su escasez produce anemia, la cual es debilitante. En los niños peor aún: debido al crecimiento del cerebro en la infancia, la anemia por deficiencia de hierro tiene como efecto que no llegue suficiente oxígeno a ese órgano, pudiendo resultar un bajo cociente intelectual.
 
El lector se preguntará ¿qué tiene que ver el hierro con la incógnita planteada: leche-carne-salud? Pues bien, recordemos que la fuente más importante de hierro, es la carne que consumimos. Pero la presencia de leche en el estómago produce inhibición de la absorción de hierro a la sangre. En otras palabras, al encontrarse carne y leche al mismo tiempo en el estómago, la leche inhibe el paso del hierro proveniente de la carne, a la sangre. Este proceso no es insignificante; por ejemplo, actualmente en los EU, la causa más común de anemia en los niños entre 1 y 5 años de edad es la ingesta excesiva de leche de vaca, la cual, como hemos mencionado, obstruye la utilización del hierro ingerido por los niños (antes del año de edad esto no ocurre, pues la leche de pecho materno contiene una sustancia que facilita la absorción de hierro; además, la leche materna es muy rica en hierro así como las "fórmulas" del primer año a pesar de ser éstas generalmente de vaca, tienen agregadas grandes cantidades de hierro y por lo tanto, se absorbe lo suficiente).
 
Son varias las causas por las cuales la leche inhibe la absorción de hierro. Entre ellas su caseína y sus grandes cantidades de calcio (la leche de vaca tiene 4 veces la cantidad de calcio de leche humana). En un estudio de investigación, Hallberg y colaboradores demostraron que al consumir leche o una malteada junto con una hamburguesa, la absorción de hierro se reducía en un 63%.
 
Las prohibiciones religiosas judías fueron hechas sin explicaciones, pero tal como dijimos al principio, la ciencia ha demostrado el beneficio de muchas y ahora vemos que en el caso del consumo carne/leche, el provecho está también presente. Pero ¿por qué hacer un dictamen religioso sólo en el caso del hierro y no con otros minerales? Pienso yo que la respuesta es sencilla, ya que el hierro, es considerado el mineral más importante en el metabolismo de los mamíferos. La necesidad de hierro ha sido tan fundamental para la supervivencia del hombre, que existen teorías en que los antropólogos llegan al grado de designarlo como el elemento primordial ¡del que dependió la evolución total del ser humano! En este sentido citaré sólo un ejemplo de la importancia que los científicos le han dado al hierro: En el año de 2002, el Dr. Leonard Shlain publicó el libro Sex, Time and Power: How Women's Sexuality Shaped Human Evolution (Sexo, Tiempo y Poder: Como la Sexualidad Femenina Moldeó la Evolución Humana) en donde afirma que inclusive, la conducta humana actual, es el resultado de la cantidad de hierro disponible a través de la historia. Schlain explica que la necesidad de hierro fue tan esencial para la supervivencia, que históricamente forzó ciertos comportamientos en la mujer, los cuales fueron determinantes para el resultado actual de relaciones interpersonales entre ellas y el hombre.
 
Según esta teoría antropológica, debido a que las mujeres tienen necesidades tan altas de hierro (por menstruar cada mes, por embarazarse y por proveer lactancia), en nuestro pasado evolutivo, la mejor forma de reponer el hierro perdido era obviamente por medio de la ingesta de carne. Pero la mujer, por no ser cazadora, se vio forzada a manipular al hombre por medio de favores sexuales para que le trajera una cena de carne rica en hierro. Esta conducta táctica, según el Dr. Shlain, fue la que puso en marcha aspectos interpersonales que resultarían en las dimensiones tan complejas existentes hoy, con respecto a la conducta intersexual humana. Así, el deseo femenino de hierro fue el responsable de la evolución de las relaciones interpersonales entre ambos sexos, incluyendo sus relaciones íntimas, las interacciones sociales tan complejas entre ambos, la resolución tan diferente de problemas cotidianos, los diferentes caracteres psicológicos que diferencian al hombre y a la mujer y todos los rasgos que vemos que diferencian a ambos.
 
He ahí sólo una instancia de por qué el hierro y ningún otro mineral es tenido en tan alta estima. Quizá la importancia fisiológica del hierro fue detectada por los sabios judíos al imponer el mandato leche-carne.
 
Lo que comprueba aún más la tesis carne-leche-hierro es el sorprendente permiso rabínico de ingerir carne casi inmediatamente después de la ingestión de leche, pero el tener que esperar varias horas para ingerir leche después de ingerir carne. Podemos ahora entenderlo puesto que los productos lácteos son rápidamente digeridos y absorbidos por el tracto digestivo y al llegar la carne, después de la leche, esta última ha desaparecido, no encontrando el hierro ningún impedimento para ser absorbido; mientras que la carne, tarda horas en ser digerida y la ingesta de leche en su presencia, resulta en una estancia prolongada de leche en el estómago, resultando en inhibición de la absorción del hierro carnal.
 
El judaísmo legislativo ha mostrado efectos superlativos en lo que a la salud se refiere y el trinomio carne/leche/hierro es un ejemplo más; si los sabios de antaño tuvieron noción de ese beneficio biológico, jamás lo sabremos.

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