Renacimiento - Intelecto Hebreo

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04/07/2018
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Renacimiento

Colección y Consulta
Renacimiento
Firenze (Florencia)
 
Por: Jacobo Contente
 
Hará poco más de un lustro tuve la oportunidad de visitar la bella Firenze (Florencia), adquiriendo en lo personal una deuda con ella, no sólo por lo que representó en lo que conocemos como Renacimiento, sino también por la belleza de sus palacios, calles y puentes que me hicieron gozar varios días de contemplación y sus respectivas noches de alegre paz y buen comer.

Esta pequeña ciudad que se puede recorrer -en relativo corto tiempo a pie- en todos sus sentidos, queda en el centro de la región toscana, en el noroeste de Italia. El río Arno la divide en dos y su población fija es de aproximadamente trescientos sesenta mil habitantes, llegando a seiscientos mil, si se toma en cuenta lo que se conoce como área metropolitana. Curiosamente Florencia por un largo período fue la capital del Reino de Italia; hoy es solamente la capital de la región toscana, pero su pasado y presente continúan brillando con luz propia.

A diferencia de otras ciudades de Europa, y no obstante que el turista que la visita sabe que fue la cuna del Renacimiento, o como dicen otros la Atenas de Italia, Florencia sorprende gratamente a su visitante, pues da más de lo que la persona pudo haber leído o escuchado de su magnificencia.          No obstante que en ocasiones, sobre todo en 1966, su acuoso y eterno compañero la inunda por las lluvias torrenciales de la región, sus plazas se siguen conservando como si el Arno no le hubiera jugado un mala pasada, al igual que sus remotos habitantes -los etruscos- que vivieron como aldeanos agrícolas hasta el año 1000. El Imperio Romano tampoco le hizo mella y a partir del Siglo XI, aunque perturbada frecuentemente por tumultos populares y por luchas intestinas, tuvo un enriquecimiento en todos sus aspectos.

Ya para el Siglo XII empezaron a destacar los primeros y potentes gremios de las artes y para el Siglo XIII, el florín se convirtió en una de las monedas más sólidas de Europa. En ese último siglo Dante Alighieri, con su Divina Comedia, confirió al florentino vulgar la dignidad que lo llevaría a convertirse en la lengua italiana que conocemos hoy en día. En el Siglo XIV, la ciudad se destacó por lo que se llamó el Siglo Gótico (de la escuela Giotto) aparte de la internacional de Boccaccio y de su Decamerón, aunque sufrió los embates económicos y de mortandad debido a la peste de 1348.

El renacimiento que se dio a nivel mundial, fue por el interés de destacados florentinos que buscaban volver a dar vida a los ideales no sólo del pueblo romano sino también de otras etnias. De este movimiento surgieron Leonardo da Vinci, Rafael y Miguel Ángel, que tuvieron dada su actividad, la fortuna de mantener viva una admiración a su trabajo a través de los tiempos. Ese renacimiento de los Siglos XIV y XV logra su mayor apogeo en el XVI, extendiéndose por Europa con la creación de universidades, escuelas y grandes construcciones, dejando atrás la turbulenta y obscura época de la Edad Media.

Ese renovador interés por el conocimiento en general dio acceso a varias ideologías y formas filosóficas como la árabe, la judía y la griega, mejorando la calidad de vida, pero también abriendo los ojos europeos a la riqueza y poderes de Oriente. Florencia comercialmente tuvo su esplendor, en gran parte por la llegada de mercaderes judíos de Levante, que fueron invitados por Cósimo I de Médicis, con el objeto de fomentar el comercio en la ciudad, aconsejado por Don Jacob Abravanel.

Con ellos llegaron refugiados hispano-portugueses y aunque la presión papal por medio de la Inquisición fue grande, e incluso en 1553 se quemó un Talmud para intimidarlos y fueron llevados a ghettos especiales, la población judía florentina aunque en cierta forma oprimida, pudo sobrevivir hasta 1778, donde el Gran Duque Pietro Leopoldo, les otorgó derechos cívicos, premiándoles incluso con cierta participación en los gobiernos locales.

Florencia fue ocupada por los franceses pero la autonomía de la comunidad judía no menguó y por el contrario los ghettos fueron abolidos en 1814; posteriormente hubo una emancipación parcial y otra definitiva en 1859, cuando la revolución triunfó y el judío Sansone d'Ancona fue nombrado ministro de hacienda del nuevo gobierno de Florencia. En adelante la comunidad se desarrolló libremente, destacando una bella sinagoga construida en 1882 que llegó a ser la más importante de Italia. Además contaban con escuelas hebreas, revistas, sociedades de estudios hebraicos y hasta 1935 con el Collegio Rabbinico Italiano.

Ese esplendor de Florencia y sus judíos se vieron opacados por una legislación racista en época de Mussolini, suprimiendo ciertas libertades y garantías, pero con la desaparición del dictador, la comunidad judía volvió a florecer con mayor fuerza fundándose un mayor número de centros de estudio.

Con la riqueza acumulada por los negocios, mercaderes, gobernantes y banqueros empezaron a embellecer sus hogares y su pequeña ciudad con obras de magnífico arte. La escultura, la pintura, la arquitectura, la música, la poesía y la literatura encontraron nuevas formas de expresión, interesándose además por temas que iban más allá de lo religioso. Se vieron reflejadas la vida cotidiana del florentino, su fantasía y la pasión por la aventura; revelaban con sus acciones que la cultura europea se estaba volviendo más humanista y se centraba cada vez menos en la religión.

En gran parte esa prosperidad del conocimiento y vida se dio por un progreso tecnológico, que permitió un mayor rendimiento productivo de los bienes y servicios, desarrollando con mayor ímpetu las manufacturas, la agricultura y el comercio, y la búsqueda de beneficios estimuló la inventiva y la exploración. Una clase media de mercaderes y artesanos llegaron a ocupar puestos políticos acordes con su poder y sapiencia, a expensas de una nobleza cuyo poder declinaba.

Como decimos ese renacer no sólo tuvo como meta las artes sino el humanismo con manifestaciones de diversas ideologías y estudios que metódicamente fueron clarificando la literatura, obras y documentación de la antigüedad, llegando no sólo a enriquecer la cultura latina sino todas las que habían existido en el pasado que contuvieran esos valores humanos que habían sido ahogados por un cristianismo mal entendido, sobre todo mal manejado por sus ministros.

Sería prácticamente imposible detallar las grandes obras y los autores de ese Renacimiento que hasta nuestros días -con ciertas excepciones- sigue vigente, por lo que con el perdón de tantas escuelas y artistas que se dieron en esos grandiosos siglos, me gustaría describir algunos lugares de esa cuna que revolucionó al mundo occidental, y que usted amigo lector no debe dejar de visitar, no por ello sus fundadores romanos le dieron el nombre de Florentia, que en latín significa florecimiento.

Empezaré por la catedral o duomo que se encuentra en pleno centro de la ciudad y que data del Siglo XIV; famosa por su gran cúpula diseñada por Brunelleschi. En su interior puede usted encontrar frescos de Vasari representando el juicio final. Con dimensiones gigantescas, una nave principal y dos laterales, usted admirará el recubrimiento de mármol de colores que forma un laberinto de formas y texturas, todo en mármol blanco, verde y rosa extraído de la región toscana, sin olvidar el gran atractivo de la puerta del baptisterio este, con paneles donde Ghiberti talló unos bajorrelieves en madera y más tarde recubrió con papel de oro.

De ahí puede usted caminar hasta la Piazza della Signoria, la mayor de Florencia donde se encuentra una fuente llamada de Neptuno, la Loggia de Lanzi y el palazzo Vecchio. Dicha plaza se encuentra llena de estatuas y reproducciones como la de David de Miguel Ángel. El palacio Vecchio se finalizó en 1322 y aun tiene su función original, pero su fama la adquiere por su alto campanario y sus magníficos salones, como el de Los Lirios, amén de una pequeña colección de arte entre la que se encuentran la Victoria de Miguel Ángel o el Ángel con Delfín de Andrea del Verrocchio.

Producto de ese gran gobernante (Cosme o Cósimo I) que dio pie a la formación de una gran comunidad judía, tenemos al Museo de los Uffizi, que ahora ostenta ser el primer museo italiano y del mundo en lo referente a pintura renacentista. Se dice que toda la fortuna de la familia Médicis se encuentra en este templo de la pintura. Usted puede encontrar obras desde el gótico hasta el Siglo XVIII, entre ellas la famosísima obra de Miguel Ángel «La Primavera o el Nacimiento de Venus».

Como la pléyade de grandes personajes y artistas que por el espacio de este medio escrito no puedo detallar, sucede lo mismo con los múltiples lugares de Florencia, por lo que termino citando los siguientes puntos de interés, que por su relativa cercanía y magnificencia, no puede usted dejar de visitar. El Bargello, San Lorenzo, San Marcos, Santa María Novella, Santa Croce, y lógicamente su bella estación de trenes, que puede aprovechar -si el tiempo se lo permite- en visitar por este medio en un mismo día, la no menos famosa y bella Venecia.

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