Simón Wiesenthal - Intelecto Hebreo

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01/08/2017
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Simón Wiesenthal

Colección y Consulta
Simón Wiesenthal 
(1908-2005)
El hombre tras la leyenda
 
Por: Tzila Chelminsky (Israel)
 
(Con su esposa Cyla en 1936)

A la edad de 96 años falleció el conocido "cazador de nazis", Simón Wiesenthal. La meta de su vida fue el "no olvidar": tanto recordar a todos aquellos que sufrieron el Holocausto y hacer que las futuras generaciones conozcan la forma en que millones fueron asesinados y torturados, como al mismo tiempo encontrar a los criminales, llevarlos a la justicia y presentar testimonios contra ellos, aun cuando hayan pasado varias décadas.
Simón Wiesenthal constituye una pérdida no sólo para el pueblo judío. Debe ser recordado por todo el mundo civilizado, por todos aquellos que creen en la justicia, no tienen miedo a reconocer el oscuro pasado de una parte de la humanidad y están determinados a sacar conclusiones para que esos terribles acontecimientos no se vuelvan a repetir.
A pesar del escaso tiempo transcurrido, ya se escuchan voces, cada vez más fuertes, que niegan el Holocausto. Aun inmediatamente después del terrible genocidio, el mundo no estaba dispuesto a escuchar; las grandes potencias involucradas en la Guerra Fría permitieron escapar a prominentes asesinos. Fue esta indiferencia a la que se enfrentó Wiesenthal como un Nuevo Quijote. Se encontraba solo, sin poder o dinero, él mismo un sobreviviente de varios campos de concentración y exterminio que había perdido 89 miembros de su propia familia. Este arquitecto nacido en Galicia podía haber dedicado sus energías, como muchos otros sobrevivientes, a rehacer su vida personal. En lugar de ello, Wiesenthal se convirtió en el abogado de los torturados y de los asesinados. Se propuso llevar a la justicia a los criminales e impedir que el mundo olvidara. Fue una tarea enorme para un individuo solo y sin apoyo.
Se estima que en el Holocausto participaron 600,000 alemanes y muchos colaboradores voluntarios de otros países. Hasta la fecha sólo 7,000 de ellos han sido juzgados, de los cuales 5,000 recibieron sentencias leves, sin relación alguna con la magnitud de los crímenes cometidos. Para apreciar la enorme tarea llevada a cabo por Wiesenthal, se calcula que aproximadamente 1,100, fueron por él descubiertos y llevados a juicio, incluyendo a Franz Stangel, comandante de los campos de exterminio de Treblinka y Sobibor, localizado en Brasil en 1961 y juzgado en Austria; al hombre que inventó los gases por inhalación en los camiones, y al que arrestó a Ana Frank.
Generalmente a Wiesenthal se le asocia con la captura de Adolfo Eichman, y efectivamente, siguió su pista, pero fue Fritz Bauer, un fiscal público alemán quien proporcionó al Mossad la información que llevó a su captura. Por ello Isser Harel, el jefe del Mossad, no lo menciona en su libro "La casa en la calle Garibaldi".
Sus principios fueron sumamente difíciles: Norteamérica estaba luchando contra el comunismo. Israel estaba peleando por su mera sobrevivencia contra países árabes hostiles y absorbiendo a miles de inmigrantes, por lo cual descubrir a los nazis no era exactamente su prioridad. Sólo a mediados de 1950 la situación cambió; Wiesenthal fue uno de los que más influyeron en el gobierno israelí para que se esforzara en encontrar nazis y llevarlos a la justicia.
Wiesenthal nació en 1908 en la ciudad de Buczacz, Galicia oriental, entonces parte del Imperio Austro-Húngaro y actualmente parte de Ucrania, (la misma ciudad en que nació el Premio Nobel de Literatura Shmuel Agnón). Estudió arquitectura en Praga y Varsovia y se graduó en 1932. Al estallar la Segunda Guerra Mundial se encontraba trabajando en la ciudad de Lvov (Lemberg), área ocupada por los soviéticos bajo el acuerdo Molotov-Ribbentrop. En 1941 Lvov fue ocupada por los nazis en la Operación Barbarroja contra la Unión Soviética. Wiesenthal escapó con ayuda de un amigo, fue capturado y enviado a numerosos campos de concentración. El 5 de mayo de 1945, cuando fue liberado en Matthausen (Austria) pesaba solamente 45 kilos. Su esposa sobrevivió asimismo, y Wiesenthal decidió dedicar su vida a la búsqueda de la justicia, de acuerdo a sus palabras "no hay libertad sin justicia". Al finalizar la Guerra viajó a Nüremberg para estudiar los documentos que sirvieron a los Aliados en sus juicios de los jefes del Tercer Reich. Su intención era usar estos documentos para perseguir a los criminales de guerra, pero terminó trabajando para el departamento norteamericano que estaba documentando los Juicios de Nüremberg.
En 1947 se instaló en Linz, Austria, donde estableció el "Centro Judío de Documentación Histórica", de corta existencia por escasez de fondos. En 1954 pasó todos sus archivos a Yad Vashem en Jerusalem y se trasladó a Viena. El mundo redescubrió la persecución de nazis en 1960, cuando Eichman fue capturado y juzgado en Israel. Sólo entonces, en 1961, empezó Wiesenthal a recibir reconocimiento por su trabajo, restableció su centro de documentación en Viena y se volvió una figura mundialmente conocida.
En casi toda su vida trabajó solo, y pese al mito de poderosas armas que llegan a todos los rincones del mundo, probablemente nunca envió a sus agentes a arrestar criminales nazis. Su centro de documentación consistía en pilas de periódicos y cajas de cartón llenas de documentos. Pero el mito fue importante, no sólo porque logró llevar a juicio a criminales nazis, sino también porque convirtió a Wiesenthal en un símbolo, dándole a su voz fuerza moral. Con todo pagó un precio elevado por su dedicación, dificultades económicas, amenazas contra su vida y un intento por volar su casa en 1982.
Wiesenthal recibió numerosos premios como la Legión de Honor Francesa, la Medalla de Libertad del presidente norteamericano, varios doctorados honorarios de instituciones internacionales reconocidas, y fue cuatro veces nominado para el Premio Nobel de la Paz. Su figura inspiró a directores y escritores, especialmente a Frederick Forsyth en su "Los archivos de Odessa" y a Ira Levin en "Los niños de Brasil".
Al crearse en 1977 el centro que lleva su nombre dijo: "Cuando la historia mire al pasado, quiero que la gente sepa que los nazis no pudieron matar a millones de personas impunemente". Fue un hombre que se levantó del infierno de los campos de concentración en busca de justicia, y simbolizó más que cualquier otra persona, el concepto de que no existe limitación de tiempo ni clemencia para los crímenes cometidos contra el pueblo judío y contra la humanidad.
El haber muerto en su cama a una edad tan avanzada es una forma de venganza. No sólo sobrevivió a la maquinaria infernal nazi, sino que vivió casi un siglo para perseguirlos. Pero su desaparición marca también el fin de su época. Al igual que él, han desaparecido físicamente la mayoría de los adultos que sobrevivieron el Holocausto. No es una coincidencia que este año, en la ceremonia de Recordación del Holocausto en Israel, las antorchas fueron encendidas por sobrevivientes que eran niños durante la Segunda Guerra Mundial. Han disminuido los sobrevivientes pero también los asesinos. Casi no queda vivo ningún criminal de guerra nazi.
Hay que reformar la lucha contra el legado del nazismo. Con la desaparición de los testigos oculares, habrá probablemente mayor negación del Holocausto, fenómeno contra el cual hay que luchar, junto con el ataque antisemita al estado judío.
A pesar de residir en el extranjero, se sintió muy ligado al Estado Judío donde residen su hija y nietos, por lo cual pidió ser enterrado en él. Israel, donde viven muchos sobrevivientes que tienen una enorme deuda de honor con Wiesenthal. Cuando en una ocasión se le preguntó cómo le gustaría ser recordado, dijo:
 
"Como un sobreviviente. No ha habido un sólo día en mi vida
que no recuerde que soy un sobreviviente".

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