Tómate una Foto - Intelecto Hebreo

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04/07/2018
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Tómate una Foto

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Tómate una Foto
 
Por: David Liberman S.
 
¿Cuántas veces hemos apuntado una cámara?, si la luz es adecuada, 
enfocamos y tomamos la foto. ¿Cuántas veces nuestra foto habla?
 ¿Cuántas veces cuenta una historia?
 
Parecería que hay algo mágico en tomar una foto buena, una foto que nos cuente, sin una sola palabra, toda una historia. Esto no es fácil. De las fotos que hemos tomado, la mayoría nos traen recuerdos extraordinarios. Pero ¿cuentan una historia?, cualquiera que vea esas fotos ¿sabe cuál es esa historia?
En marzo de 1917, nació en Ucrania, de familia judía, en un pequeño pueblo llamado Stalino, un hombre al que le fue dado el don de tomar fotos que cuentan historias. Su nombre Yevgueni Khaldei. Su familia como la mayoría de las familias judías de Ucrania tenía pocos recursos económicos. Su madre murió siendo él muy niño. En un pogrom entraron a la casa. La mamá lo cubrió con su cuerpo, recibiendo un balazo que la atravesó. La bala llegó, sin herirlo, hasta Yevgueni. Fue criado por los abuelos en una casa de un solo cuarto, sin plomería, que combatían la pobreza con educación, ya que el abuelo era maestro en su casa de literatura judía.
De alguna manera llegaban a esa casa varias revistas soviéticas como Ogonyok, Krasnaya, Prozhekore y otras. Tenían muchas fotografías y éstas le fascinaban a Yevgueni.
Debido a una fuerte hambruna, que costó la vida de más de cinco millones de gentes, Khaldei dejó la escuela después del 4o Grado y con excepción de un corto curso de fotografía en Moscú, al que fue enviado a instancias de su maestro de escuela, esto constituyó toda su educación. Trabajó en un taller de ferrocarriles, donde por su tamaño era el que se podía meter a la caldera de las locomotoras a limpiarlas.
Su primera cámara fue una caja de cartón y una lente de los anteojos viejos de su Babushka (abuela), la cual construyó con un diagrama que encontró en una revista. Después pudo conseguir una FED, que era una copia soviética de la Leica, ganando un concurso en un Banco que premiaba el ahorro. Mucho tiempo después, cuando ya trabajaba para TASS, la agencia de noticias soviética, TASS le regaló una Leica auténtica y muchos años más tarde, el fotógrafo Robert Capa le regaló una Speed Graphic, la cual era su sueño anhelado.
Con su cámara FED tomó fotos para el periódico de la fábrica donde trabajaba. Después tomó fotos para el periódico de la ciudad y posteriormente para el de la región. En 1935 mandó unas fotos a Soyusfoto, precursora de TASS. Estas fueron publicadas y él fue invitado a tomar un curso profesional en Moscú.
Estuvo por largo tiempo buscando trabajo. El problema principal era que no le daban un permiso de residente en Moscú y esto le impedía trabajar ahí. El papá de Khaldei tenía en Moscú un amigo judío que era sastre. Se llamaba Israil Solomonovitch Kishiter que a su vez tenía un amigo dueño de unos baños a los que iba el jefe de la oficina de pasaportes y era la persona responsable de dar los timbres de residencia. Sólo le llevó unas cuantas cervezas, cantar unas canciones y consiguió el permiso de residencia. Así fue como logró entrar a trabajar en TASS, pero este trabajo fue interrumpido cuando fue llamado al ejército en 1937. Sirvió como guardia en la frontera con Finlandia y fue desmovilizado justo poco antes de la invasión soviética, reintegrándose a su trabajo en TASS.
Tomó fotografías en todos los ámbitos imaginables. En Bielorrusia, en Ucrania, en Polonia y otros. Sólo después de mucho tiempo, regresó a Stalino donde tomó la fotografía de sus abuelos y de su padre, así como de sus hermanas y medias hermanas. Esta sería la última vez que los vería ya que en 1941 los nazis entraron a Stalino y mataron a todos los judíos.
La segunda guerra fue el gran tema de sus fotografías. Tomó tantas y todas cuentan una historia sin palabras. Khaldei documentó fotográficamente la toma de Bucarest y Belgrado. En Budapest tomó unas dramáticas fotos de judíos asesinados en una sinagoga, o una pareja que se asustaron mucho cuando vieron a Khaldei ya que él tenía un abrigo de piel negra. Ellos pensaron que él sería un SS.
"Me acerqué, les tome una foto, ellos inmóviles. Después me acerque más y les arranque las estrellas, primero a la mujer y después al hombre. Entonces ella se asustó más y empezó a llorar diciendo: No, no las tenemos que usar. Entonces les dije Shalom y que era ruso. La mujer se puso a llorar y abrazar a su marido...."
Estas dos fotografías no eran para publicación y Khaldei las guardó hasta que fueron recientemente publicadas, cuando se dio a conocer su colección.
Ya para el final de la guerra él supo que estaría en Alemania. Fue a ver a su amigo Solomonovitch y le pidió que cosiera dos o tres banderas soviéticas. Israil le dijo que tenía mucha suerte ya que acababa de desmantelar un salón de juntas del partido comunista y que los manteles eran rojos. Que podía sin problema hacer tres banderas. Khaldei las puso dentro del forro de su abrigo. Él había visto la foto que Joe Rosenthal había tomado de los marines que habían levantado una bandera americana en Iwo Jima y se había propuesto encontrar una oportunidad para hacer lo mismo. Esta oportunidad se presentó la mañana del 2 de mayo de 1945. El Reichstag estaba en llamas después del intenso cañoneo al que lo habían sometido los soviéticos. Khaldei corrió hacia el Reichstag acompañado de algunos soldados con los que subió hasta la azotea, acercándose a la fachada. Sacó la tercera bandera (las dos anteriores ya habían sido usadas, una en Tempelhof y la otra en la puerta de Branderburgo). Encontraron un tubo y Khaldei le pidió a uno de los soldados que se subiera al pedestal de una de las estatuas y la desplegara. El soldado se volteó y le dijo que había sobrevivido la guerra y no quería morir cayéndose de la azotea del Reichstag. Khaldei le pidió a otro soldado que le detuviera las piernas y así se tomó una de sus más grandes fotos. Esta fotografía le dio la vuelta al mundo. La revista Life la usó para su portada y le mandó un cheque de 200 dólares. Este cheque fue encontrado entre sus papeles después de su muerte. ¡Nunca lo pudo cobrar!
La historia de esta fotografía todavía tiene una vuelta más. Ya de regreso en Moscú, cuando estaba imprimiendo la fotografía, su jefe, el editor de TASS notó que el soldado que le detuvo las piernas, al que sostuvo la bandera tenía dos relojes, uno en cada muñeca. Esto era señal de saqueo, lo que no era bueno e hizo que Khaldei retocara la foto, borrando uno de los relojes.
Otra de sus obras de arte es la foto que le tomó al Mariscal Zhukov entrando a la Plaza Roja montado en un caballo blanco. El caballo iba a galope y Khaldei tomó la foto justo en el momento en que las cuatro patas del caballo están en el aire, señal inequívoca de "vencedor".
Habiéndose terminado la guerra Khaldei cubrió los mecanismos de paz. En Potsdam tomó la fotografía de Stalin con Roosevelt y Churchill. Después vinieron los Juicios de Nüremberg. En ellos Khaldei observaba a los nazis esperando el momento en que se revelara algo de su forma de ser. Muy en especial observó a Goering quien se dio cuenta y se tapaba con la mano para que Khaldei no lo pudiera fotografiar. Además Khaldei quería que algún colega fotógrafo le tomara una foto en la que estuviera Goering. Esta foto le costó una botella de vodka pero lo logró.
Cincuenta años después Khaldei volvió a Europa. En el pueblo francés de Peripgnan recibió un homenaje junto con Joe Rosenthal. Los colegas llamaron este homenaje "la venganza de los dos judíos". En Berlín hubo una exposición de sus fotografías y recibió una medalla del Ministerio de Cultura Francés. Ha habido múltiples exhibiciones siendo las más exitosas la del Jewish Museum de Nueva York y la de San Francisco.
Los que lo conocieron afirman que es la materialización de una frase rusa que dice: "un hombre de alma rara". Murió el 6 de octubre de 1997.
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