Turquía, otrora centro del judaísmo oriental. - Intelecto Hebreo

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04/07/2018
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Turquía, otrora centro del judaísmo oriental.

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Turquía
Otrora, Centro del Judaísmo Oriental


Por: Jacobo Contente

La República Turca fue proclamada el 29 de Octubre de 1923. Su territorio extendido en dos continentes (Europa y Asia) lo bañan varios mares y lo atraviesan importantes ríos al igual que montañas; de estas últimas, tenemos el más alto del país con 5,165 m. y con una importante referencia bíblica como lo es el Monte Ararat.
Su legendaria historia se remonta a la época Paleolítica Superior, destacando el nombre de Anatolia como punto geográfico donde se desarrollaron varias culturas como la de los troyanos. También los hititas (2000 a.C.) fincaron su imperio en el Asia Menor y posteriormente indogermanos, griegos y persas, también dejaron su huella en lo que es hoy el territorio turco.
Con gran esplendor los romanos extendieron su imperio hacia el Este hasta el 330 d.C. cuando empezó una nueva historia con otro imperio (el Bizantino) teniendo como capital Constantinopla, hoy Estambul. En el siglo VII d.C. la mayor parte del Asia Menor durante cien años quedó en poder de los árabes, dando paso a los seleucidas, quienes lucharon contra los cruzados y además lograron pasar a Europa por los Dardanelos.
Con el transcurso del tiempo el Imperio Seleucida se dividió en pequeños jeques, entre ellos el jeque otomano, fundado en 1326 y como ciudad principal la de Bursa. Las conquistas iniciadas en 1400 a manos de varios sultanes no se hicieron esperar, llegando las fronteras otomanas: hacia el Este, hasta Persia y hacia el Oeste hasta Gibraltar. Sólo hasta 1683 en que los turcos fueron derrotados al atacar la ciudad de Viena, comienza entonces la decadencia del imperio.
En los anales de casi tres siglos de grandeza y expansión, los turcos fueron los anfitriones del inicio, desarrollo y esplendor de una comunidad judía, que no obstante existir en la región desde la época romana, fueron mejor tratados por los otomanos, estableciéndose principalmente en las ciudades de Bursa, Anatolia y Andrianápolis (hoy Edirné); esta última población se convirtió en centro de erudición rabínica.
El crecimiento paulatino de la comunidad judía a ambos lados del Mar Mármara en el siglo XIV, debido a la emigración por el fanatismo cristiano de países vecinos y además por la alta estima e importancia que le daban gobernantes turcos a judíos prominentes, entre ellos Jajam Bashí (consejero de estado) e Isaac Tzarfati (este último quien impulsó mediante cartas a las kehilot alemanas y húngaras, el éxodo general hacia la hospitalaria Turquía) no fue tan impresionante como el impulso demográfico tenido a efectos de la expulsión de los judíos de España.
Al sultán Bayaceto II (1481-1512), se le atribuyen las sarcásticas palabras: "llamáis rey sabio a Fernando, ¡A él que empobreció su pobre país enriqueciendo el nuestro!". Afortunadamente sus sucesores también imitaron su actitud y benevolencia hacia judíos de Portugal e Italia, derramándose los recién llegados por las provincias del imperio en crecimiento. Esta ola de emigrados impulsó diversas actividades y profesiones, además de transformar a la propia comunidad ya existente.
  Como había anticipado Bayaceto en su expresión, los judíos españoles, portugueses e italianos enriquecieron al Imperio Turco, tanto en lo económico como en lo cultural, creándose además, una verdadera élite de comerciantes, financieros, artesanos y científicos.
Los artífices sefardíes enseñaron a los turcos la manufactura de nuevas armas de fuego y de nuevas formas de preparar la pólvora; los matemáticos y astrónomos exiliados, encumbraron a su nuevo país como potencia marítima y militar; también se vio un cambio positivo hacia el progreso de la medicina por la afluencia de profesionistas y profesores de la escuela de Salamanca.
No cabe duda que el apogeo que tuvieron los judíos turcos se centra en el siglo XVI, tiempos de Solimán el Magnífico (1520-1566), a quien se le honró con el apodo de Rey Salomón; también se tuvo este apogeo con Selim II (1566-1574), quien tuvo como consejero a don José Nasí, sobrino de la célebre protectora de los "marranos" Graciela Mendesia, que a su vez formó parte de la corte del sultán y que desde Constantinopla intervenía en favor de sus hermanos perseguidos por la Inquisición.

La lista de personas y familias judías prominentes en ese período, es casi interminable y bien vale la pena citarla con detalle en un próximo artículo; mientras tanto, como uno de tantos ejemplos de la influencia del judaísmo en varios sultanatos comentaremos que Solimán, respetuoso del interés de los judíos por sus tradiciones emanadas en Tierra Santa, restauró las murallas de Jerusalem y las de Tiberíades.

Pero también existieron tiempos aciagos para los judíos turcos, como fue el caso del sultán Muran III, que dicho sea de paso, inició su poder con el asesinato de sus cinco hermanos menores, representando el prototipo del cruel y depravado déspota oriental.
Muran, en un arrebato de furia por habérsele descubierto falsificaciones en su propia moneda, que él mismo ordenaba y a la cual se acostumbró en llamar por su solidez en el pasado como "dinero judío", ordenó la captura y ejecución de todos los hebreos de su imperio, a quienes utilizó como chivo expiatorio. El edicto no se llevó a cabo, gracias a la intervención de Salomón Eskenazi gran cirujano del influyente visir Sokulu.
La condición judía de finales del siglo XVI, se tornó cambiante según las disposiciones y caprichos personales de cada nuevo gobernante. A efecto de lo que la comunidad vivía, surgieron nuevas corrientes místicas y mesiánicas, impulsadas por las doctrinas de Isaac Luria. Además surgieron "profetas" como David Reubeni y Salomón Moljo. Estos movimientos internos de tipo religioso, tuvieron su clímax en el siglo XVII con una conducta de masas encabezado por Shabtai Tzví. La posterior conversión de varios de esos falsos mesías al islam, fue una de las principales causas de la desintegración espiritual del judaísmo turco.
Sobre 1700 algunos notables judíos empezaron de nueva cuenta a granjearse los favores de los sultanes, sin embargo, el empobrecimiento de los judíos turcos hizo rápidos progresos provocando las primeras migraciones por efectos de la incipiente emancipación de los judíos establecidos en Europa. De este fenómeno surgen comunidades turcas en Viena, Francia e Italia. De este difícil periodo para los que se quedaron, se registra la ordenanza de Ajmed III, al obligar a los hebreos que poseían casas junto a las mezquitas, el venderlas a mahometanos, para que el santuario no fuera profanado por su presencia.
Las reformas políticas introducidas en el país durante el siglo XIX, favorecieron también a los judíos con una creciente libertad. En 1839 y 1856 se les concedió la igualdad ante la ley, la seguridad de su persona, propiedad y honor, y el derecho de desempeñar puestos públicos, además de prestar servicio militar. También alcanzaron un derecho a práctica de culto y se les colocó bajo un sistema más equitativo de tributación.
En la segunda mitad del mismo siglo, hubo un cambio favorable tanto en lo económico como en lo cultural, de este último, gracias a la obra educativa de la Alliance Israelite Universelle. Estos hechos fueron reforzados por filántropos judíos del extranjero como Moisés Montefiore y el Barón Edmundo de Rothschild.

Lamentablemente en la guerra ruso-turca en que se separó del territorio turco a Rumania, Bulgaria, Servia y Montenegro, al igual que el gobierno, la comunidad judía turca se cimbró y hubo afectación entre sus pobladores, originándose persecuciones antisemitas por el gobierno rumano en 1899. Por otro lado, los gobernantes turcos presentaron una actitud francamente hostil hacia la colonización judía de Palestina.
Con una segunda constitución proclamada en 1908, el nuevo régimen con ideales de otomatizar a todas las etnias y religiones sobre bases de civismo secular, dio por resultado una real emancipación civil y política, pero a su vez una política completamente adversa a cualquier aspiración de autonomía judía, incluyendo el sionismo.
Bajo esas circunstancias los judíos participaron como soldados en las guerras balcánicas y posteriormente en la Primera Guerra Mundial, en donde Turquía se alió a las potencias centrales, dando la derrota por resultado, un desmembramiento del Imperio Otomano que también tuvo sus efectos nocivos en los destinos de los judíos del país.
Exasperado el gobierno por la defección de las naciones árabes y temiendo la traición de poblaciones no musulmanas, provocó actos de salvajismo que no encontraron paralelo sino hasta la época del nacionalsocialismo en Alemania. El exterminio global se dio contra armenios cristianos, sospechosos de simpatías pro rusas.
Durante la ocupación aliada de Estambul, la propaganda sionista alcanzó gran intensidad, lo que no tardó en perjudicar a los judíos nativos. A la victoria de Kemal Atatürk, padre de la República Democrática, se extremó la política de absorción de las minorías, ya fuera éstas étnicas o religiosas. El ladino, lengua que se perpetuó dentro de la comunidad turca hasta ese entonces, empezó a decaer por la obligación del uso del turco como lengua de enseñanza en todas las escuelas y la administración de las mismas a funcionarios turcos. Aún la Alliance Israelita Universelle no pudo conservar sino unas pocas de sus viejas escuelas; también se abolieron antiguas instituciones judías que fueron fundadas desde los tiempos de Jajam Bashí.
El nacionalismo turco, dio al traste también con la prosperidad económica de las minorías, pues los musulmanes ocuparon los puestos principales en empresas como transportes, comunicaciones y cámaras de comercio. Todo esto empujó a los judíos de nueva cuenta a una emigración, cuyo rumbo principal fue América Latina.
Se debe aclarar que no hubo una orientación antisemita del gobierno de Atatürk, sino la tendencia oficial a favorecer la nueva clase media turca a expensas de las antiguas burguesías, representadas -según ellos- por los judíos, griegos, armenios, etc.
En Turquía se notaron algunas nuevas tendencias reflejo del surgimiento del nazismo en Europa, apareciendo organizaciones fascistas que provocaron desórdenes antisemitas. Sin embargo el gobierno desaprobó los desórdenes e incluso investigó a sus autores, clausurando las organizaciones de reciente cuño. Los autores de una matanza ocurrida en Edirné, también fueron castigados y se hicieron varias declaraciones oficiales de que el régimen condenaba el antisemitismo; incluso el gobierno ayudó a cierto número importante de refugiados del racismo, en su mayoría miembros de profesiones liberales que provenían de Alemania, otorgando además permiso de continuar hacia Palestina.
En la segunda conflagración mundial bajo el régimen de Ismet Inönu, Turquía -después de algunas actitudes dudosas por la presión de los ejércitos alemanes- se decidió a favor de los aliados y poco a poco las condiciones de la comunidad judía fueron más benéficas. Este cambio también se dio en la esfera económica.
A comienzos de 1944 Turquía ayudó a muchos judíos del sudeste europeo, apoyando a muchas organizaciones de rescate, e incluso proporcionando varios barcos para el transporte de judíos rumanos y búlgaros; en marzo de ese año, permitió el paso por su territorio de 5000 niños que iban hacia Palestina. Durante los últimos meses de la guerra, Turquía sirvió de paso de escape a un promedio semanal de 150 personas en su peregrinaje a diversos países de asilo.
Demográficamente la comunidad judía turca detuvo su crecimiento desde el siglo XVIII; en el XIX incluso decreció al igual que en el XX. La ausencia de estadísticas confiables, no permiten dar números reales, aunque se estima que en nuestro tiempo existen unos 24,000 judíos en la República Turca, la mayor parte en Estambul (22,000) y aproximadamente 2,000 en Izmir.
De este largo período resultan muchas construcciones sociales y religiosas judías, como la Knéset Israel de Galatá, la sinagoga italiana de Beyoglu, el templo Ahrida de Balat, las trece antiquísimas sinagogas de Andrianápolis, que desaparecieron en el gran incendio de 1905, la de Esmirna, que tuvo la misma suerte en 1841, la moderna sinagoga Nevé Shalom de Estambul, la cual -en el pasado reciente- sufrió un sangriento atentado terrorista, el hospital Or-Hajayim, orfanato y otrora varias escuelas que han desaparecido por el incremento de la educación oficial en centros laicos.
También en el campo editorial, los judíos de Turquía fueron muy activos. Tan sólo en Esmirna existieron una docena de publicaciones en ladino, turco y hebreo. En Estambul había otras que se publicaban en varios idiomas incluyendo el francés, destacando "La Boz de Türkiye" editado por el culto Albert Cohen. La publicación de libros fue muy extensa y abarcaba varios géneros; incluso se llevaron al teatro varias obras originales de autores judeo-turcos donde destacaron, entre otros temas, las tradiciones judías traídas desde España, acompañadas con cantos y bailes que hasta la fecha -por haberse impreso- han sido rescatadas y conservadas por estudiosos del tema en varios países, sobre todo en Israel.
En nuestros días, como medio escrito de importancia, sólo tenemos la referencia del bien logrado periódico "Shalom" cuyas páginas mayormente escritas en turco, brindan a la comunidad local y a la que emigró a otros países en la segunda mitad de este siglo, un vínculo entre el pasado y presente. Llama la atención y se comprueba en el citado periódico -por el poco espacio dedicado- el olvido paulatino del ladino. Ya muy pocos jóvenes de la comunidad lo saben, pues aún en casa hablan el turco moderno; resultado de la política practicada por el gobierno desde el inicio de la República encabezada por Atatürk.
Hoy en Israel viven más de cien mil judíos de origen turco. Al igual que sus antepasados que llegaron de España a Turquía y que conservaron el ladino por siglos, estos ciudadanos israelíes procuran hacer lo mismo con el difícil idioma turco, hablándolo en sus casa y en reuniones; con ese fin incluso editan un periódico en Israel de mediana circulación.
Es muy difícil para un país con tanta historia, incluyendo un vasto imperio, entrar a la modernidad. Sin embargo dentro de la problemática imperante en el Medio Oriente, consideramos que Turquía es el segundo más moderno -después de Israel- y cuya idiosincrasia está cambiando a pasos agigantados. Últimamente el gobierno ha enfrentado con éxito los brotes y políticas de grupos extremistas musulmanes, pues aunque la mayoría de la población es musulmana, no son muy practicantes y están en contra de fanatismos externos que tratan de imponerles. Además se ha ocupado de continuar las buenas relaciones con la mayoría de países occidentales.
E1 turista que visita esa estratégica región se encuentra con cambios que le hacen sentir -sobre todo en Estambul- una extensión de capitales europeas; haciendo del paseo algo muy especial y atractivo por su gran belleza natural y magnas pinceladas del pasado en sus palacios, mezquitas, folclore y alimentación.
En la provincia turca -independiente a las ciudades importantes que se han tratado en este artículo- existen lugares verdaderamente privilegiados como: Canakkale, Troya, Efeso, Kusadasi, Pamukkale y muchos otros más con vías modernas de acceso y costos bajos comparados con los europeos, en donde los visitantes -últimamente muchos de Israel- pasan unas espléndidas vacaciones rodeados de una historia, comodidad y servicios muy aceptables.
La comunidad judía ya no tiene la influencia de grupo de antaño, pero si mantiene una influencia individual en el campo del comercio, industria y exportaciones. Si bien ha perdido muchas de sus características, incluyendo el ladino, vive al ritmo general de la nación sin ninguna restricción oficial de minoría o credo.


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