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27/09/2017
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Un gran regalo

Colección y Consulta
Un gran regalo
 
Por: Magdala
 
Al escultor Frédéric-Auguste Bartholdi se le ocurrió, una noche de verano de 1865, mientras cenaba en casa de un historiador francés, la idea de que la República Francesa hiciera un regalo a los ciudadanos estadounidenses con motivo de la conmemoración del centenario de la independencia de Estados Unidos a la que habían contribuido los soldados franceses y propuso una estatua que se llamaría "La Libertad alumbrando al mundo".

Durante un viaje que Bartholdi (con 37 años de edad) realizó a Nueva York, seis años más tarde, descubrió el perfecto emplazamiento para la estatua: la Isla de Bedloe, en la parte alta de la bahía de N.Y., un lugar visible para todos los barcos que acudieran al puerto. Regresó a París y comenzó a trabajar en la enorme estatua que llegaría a ser conocida popularmente como "La Estatua de la Libertad".

Según dijo se inspiró en El Coloso de Rodas. En primer lugar realizó en barro un pequeño modelo de la Libertad de 1.2 m. de altura. Después hizo millares de mediciones precisas con una plomada para ejecutar un par de modelos a mayor escala: el primero de 2.7m de altura y el segundo de 11m y por último construyó varias secciones de escayola que, una vez ensambladas, formarían una réplica a tamaño real de la estatua: algunas secciones medían 14 m. más que el Coloso de Rodas. La obra final, cuyo costo acabaría ascendiendo a unos 400,000 dólares que se sufragaron mediante suscripción pública.

La elección del rostro de la estatua dio muchos quebraderos de cabeza a Bartholdi, que finalmente se decidió por darle las adustas facciones de su madre, una fanática protestante que había vuelto loco a su hijo, literalmente hablando, al prohibirle casarse con la mujer a la que quería, una judía.


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