Una visita al "Call de Girona" - Intelecto Hebreo

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04/07/2018
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Una visita al "Call de Girona"

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Viaje por las juderías de Sefarad.
Una visita al "Call de Girona"


Por: José Brito
Tenerife, España.


La ciudad de Gerona, Girona en lengua catalana, se encuentra situada a menos de 100 km. Por carretera de Barcelona, capital, a su vez, de la región autónoma de Cataluña.
Parafraseando una expresión de reciente cuño, creo que Girona es, por derecho propio, un «must» para todo aquel judío, especialmente si pertenece a la rama sefaradí del judaísmo, que se precie de querer conocer los lugares donde, en un momento dado de la historia, la cultura judía desempeñó, de una u otra forma, un papel fundamental.
En realidad al «call» de Girona le cabe el honor de compartir, junto con la judería de Praga, el honroso título de «barrio judío mejor conservado de Europa». De paseo por este «Call» -nombre que se daba antiguamente a los distritos judíos situados en Cataluña-, parece como si, de un momento a otro, nos fuéramos a encontrar, emergiendo de sus angostas, húmedas y oscuras callejuelas, a algún rabino de venerables barbas; o bien, al visitar sus recoletas plazas, sentiremos un indefinible sentimiento de nostalgia que nos acompañará durante todo el trayecto. Como la extraña sensación de haber perdido algo que -aunque no conocimos- nos fue, y nos es, muy querido.

Pero……….
Hagamos un poco de historia.
Aunque los orígenes de esta judería son inciertos, podríamos decir que, documentalmente, los primeros judíos se instalaron en Girona a fines del siglo IX, aunque en honor a la verdad, dichas pruebas documentales son sospechosas de haber sido manipuladas.
No obstante lo anterior, ya en el siglo XI la presencia judía en la ciudad está suficientemente probada en documentos pertenecientes a la Catedral, donde se da fe de la presencia inequívoca de este colectivo.
Como era habitual en la época, los judíos de Girona participaron activamente en la vida económica de la ciudad, comprando, vendiendo o cambiando mercaderías, así como rentando inmuebles de su propiedad, o de propiedad comunal, tanto a judíos como a cristianos. Alrededor del año de 1.150 y de acuerdo a testimonio prestado por Sealtiel Ben Rabí Seset, los judíos de Girona disfrutaban de los mismos privilegios cívicos que cualquier otro habitante de esta ciudad.
Al principio se instalaron, según parece, en casas abandonadas por clérigos católicos muy cercanas a la Catedral, siendo este el núcleo urbano a partir del cual se fue formando la futura Aljama gerundense, la población judía de Girona llegó a alcanzar el millar de habitantes, contando con tres sinagogas. Sin lugar a dudas, durante sus tiempos de esplendor, fue la segunda judería de importancia en Cataluña sólo superada por Barcelona.
La Calle de la Forsa, antiguo trayecto urbano de la Vía Augusta romana, constituía, junto con los alrededores de la Catedral, la arteria principal de la vieja judería y fue el eje fundamental en torno al cual se iría construyendo lentamente el entramado de calles, callejuelas y recónditas plazoletas que conforman el actual -y antiguo- Call.
La vida de la Aljama giraba en torno a la sinagoga que, como ya hemos comentado anteriormente, fueron tres, todas ellas localizadas muy cerca del Carrer -calle, en catalán- de la Forsa. De estas tres sinagogas, posiblemente sea la tercera. Localizada en el Carrer de Sant Llorens, y donde se encuentra ubicado el Centro de Estudios Judaicos Bonastruc Sa Porta -nombre con el que es conocido en Cataluña Mosé Ben Nahmán, y que, de la misma forma, es mencionado en las fuentes hebreas como Nahmánides o Ramban (con n al final para distinguirlo de Maimónides a quien, también, se le denominaba Rambam, pero terminado en m)- , la que más interese al viajero por varias razones, siendo, posiblemente, la más importante de ellas, el que las otras dos casi ni existen, sólo se sabe el emplazamiento que tenían y poco más. En cambio de la tercera, al haber sido rescatada del olvido y de la «desidia» histórica por un grupo de gerundenses entusiastas y amantes del legado histórico-judaico de su ciudad, se la puede contemplar, más o menos, como fue en el pasado.
De esta tercera sinagoga, que fue la única de la ciudad que continuaba en activo cuando se produjo la desafortunada expulsión de los judíos de España, sabemos que en sus instalaciones albergaba un hospital, una casa de baños (mikvá) y una escuela para mujeres. Al marchar al exilio, el edificio y todas sus pertenencias fueron vendidos a los clérigos de la Catedral, lógicamente, por un precio sensiblemente inferior al real. Un caso más de rapiña clerical propio de la época y del amargo momento histórico que le tocó vivir a la comunidad judía radicada en Sefarad.
La convivencia entre judíos y cristianos en la ciudad de Girona podríamos calificarla de buena y estable, si exceptuamos los clásicos incidentes fácilmente predecibles en una situación de coexistencia donde las reglas sociales eran impuestas por una mayoría cristiana fanáticamente fiel a las directrices dictadas por la Iglesia. No obstante y sin perjuicio de lo anterior, las uniones matrimoniales entre cristianos y judíos fueron frecuentes.
Esta situación de buena vecindad y tolerancia parece que acabó, según algunos investigadores, en el siglo XI, mientras que otros inciden en que el verdadero declive de la aljama gerundense se produce a partir del siglo XIV. Sea como fuere, ya encontramos documentados asaltos al Call a partir del año de 1.276. Los motivos eran los de siempre, en primer lugar, la intolerancia religiosa alentada, especialmente, por los clérigos de la Catedral, después vendrían la envidia suscitada no solamente por la pujanza y el poder económico de los hebreos, sino por sus privilegios concedidos directamente -gracias a su condición de «servi regis»- por los reyes de la Corona de Aragón, sabedores del buen hacer de estos súbditos que, aunque odiados y vilipendiados por las clases populares, constituían una basa fundamental para el desarrollo y la economía del reino.
Afortunadamente, y si exceptuamos al del año de 1.391, donde «la sangre judía corrió abundantemente», y no solamente en la judería objeto del presente artículo, sino en toda España, los motines que frecuentemente se desataban en el Call de Girona consistían en el apedreamiento sistemático de las casas del barrio y de los huertos de viñas y hortalizas que sus habitantes poseían extramuros de la ciudad.
Nuevamente, es necesario hablar de intolerancia clerical ya que era desde las azoteas de la Catedral desde donde se apedreaba, continuamente, no sólo a las casas del barrio judío sino a sus moradores también, causando innumerables destrozos y en ocasiones la pérdida de alguna vida humana. Un ataque de este tipo se halla documentado en una carta dirigida por los habitantes del Call al rey Pedro III en 1.278, en la cual le exponen el hecho y piden una mayor protección ante aquellos clérigos escasamente escrupulosos con la vida de los que no compartían sus mismas creencias religiosas. Esta «sana» costumbre de apedrear a sus semejantes se ponía, especialmente, de manifiesto el día de Viernes Santo.
Cuando la plebe se ponía demasiado furibunda y amenazaba con llegar a acciones de más envergadura como, por ejemplo, durante el progromo llevado a cabo el 10 de agosto de 1.391, en que el populacho saqueó el Call degollando a cuarenta de sus moradores, los hebreos eran conducidos, bajo fuerte protección, a la Torre Gironella, donde eran confinados hasta que los ánimos se calmaran.
Con este sombrío panorama, el censo de población judía de Girona mermó considerablemente. A los muertos habidos durante los asaltos, hay que sumar los que huyeron tratando de encontrar mejores horizontes y los que a través de un proceso de conversión, la mayoría de las veces poco sincero, pasaron a engrosar las filas del cristianismo.
Las demostraciones de fuerza e intransigencia contra los judíos continuaron, con mayor o menor virulencia, hasta el momento de su expulsión. En 1.409, todos los habitantes de la judería fueron obligados a oír las prédicas del monje benedictino fray Vicente Ferrer, también conocido como el «Ángel del Apocalipsis», quien abiertamente manifestaba la necesidad de convertir a todos los judíos, aunque, eso si, por el camino del propio convencimiento y sin necesidad de utilizar la fuerza. No obstante a su manifiesta «buena fe» y «comprensión» del problema judío en España, en cualquier lugar donde predicara este controvertido personaje, el amotinamiento de la población cristiana, enardecida con sus sermones, y el posterior ataque a la judería estaba garantizado. Muchos judíos al saber que el mencionado fraile predicaría en sus lugares de residencia, solicitaban el bautismo con suficiente antelación como para salvar su vida y la de su familia.

En 1.445, entre otras medidas discriminatorias y encaminadas a lograr una total segregación, se les ordenó el uso de determinados ropajes para facilitar, cuando se hallaban fuera del Call, su inmediata identificación, aunque, en realidad, lo que se pretendía era acentuar su marginación.
El punto culminante de esta serie continua de despropósitos y atropellos llegó cuando, en 1.453, el inquisidor general de la Diócesis de Girona intentó expulsar de la ciudad al patriarca de la Aljama, Benevist Samuel. Al saberlo, la autoridad real instruyó debidamente a las autoridades ciudadanas para que, bajo ningún concepto, se permitiera vejación alguna al patriarca o a cualquier otro judío, ya que estaban exclusivamente sometidos a la jurisdicción real.
La Real Orden de expulsión de Sefarad llegó a Girona casi a finales del mes de abril de 1.492. La Aljama ya se hallaba por esas fechas en plena decadencia y su potencial humano estaba considerablemente reducido, sin embargo, el difícil equilibrio de convivencia entre ambas comunidades -la judía y la cristiana- parece que nuevamente se había restablecido y el éxodo forzado a que fueron condenados sus «convecinos» judíos no fue bien visto por la mayoría cristiana que habitaba la ciudad. Tanto es así, que las mismas autoridades municipales mostraron muy poca efectividad y celo en el cumplimiento de la orden de expulsión. El día 31 de julio de 1.492, el Call de Girona fue definitivamente abandonado por sus últimos moradores.
Aunque, efectivamente, la influencia hebrea en la vida económica de la ciudad de Girona fue muy importante, la huella profunda e imperecedera que dejaron los judíos en esa ciudad es, sin duda, la cultural. La aportación gerundense fue fundamental para el desarrollo de la doctrina esotérica de la cábala.

Girona era en el siglo XIII,
la sede del primer círculo cabalístico español.
Como es bien sabido, la doctrina cabalística apareció por primera vez entre los judíos radicados en la región del Languedoc -situada en el Midí francés- y de allí, posiblemente por cercanía, fue traída a Girona por un erudito de la ciudad de Narbonne, de nombre Yishaq Sagí Nahor -Isaac el Ciego para las fuentes hebreas españolas, e Ishaq el Cec, para las mismas fuentes, pero en lengua catalana-. El estudio de la cábala se extendió rápidamente por todo el Call y de su escuela, localizada en la ya antes mencionada Calle de la Forsa, salió el primer grupo de cabalistas formado en la Península Ibérica. Quizás sea por esta especial dedicación de la Aljama gerundense a las cuestiones del espíritu que muchos autores de la época se refieran a Girona con el apelativo de «Madre de Israel».
Fueron varios los eruditos que brillaron por su sapiencia y conocimientos cabalísticos, sobresaliendo entre ellos Yacob Ben Seset Girondí -gentilicio de Girona-, o los filósofos Ezra Ben Shelomó y Azriel de Girona. Pero de entre todos ellos, el máximo exponente de sabiduría fue, sin lugar a dudas, Mosé Ben Nahmán o Nahmánides, también conocido en Cataluña como Bonastruc Sa Porta. Nacido en Girona en 1.194, primero fue rabino de la judería de su ciudad y, más tarde, gran rabino de Cataluña. También destacó como filósofo, médico, talmudista y cabalista. Su actuación como mediador o árbitro de las disputas surgidas entre tradicionalistas y maimonidistas fue crucial para conciliar posturas entre ambas tendencias.
Fue Nahmánides quien en 1.236 tomó parte en la «Disputa de Barcelona», rebatiendo los postulados del monje dominico y converso Pau Cristiá. En esta ocasión, Nahmánides tuvo que defender la religión judía públicamente.
Si la razón y el sentido común estuvieron siempre de su lado y no hubo forma de rebatir sus poderosos argumentos en defensa de su fe ancestral, la insidia y la calumnia pronto hicieron acto de presencia. Al final, la Inquisición Papal -diferente a la implantada dos siglos después por los Reyes Católicos-, le acusó de blasfemia. Comprendiendo el peligro en que se hallaba, Nahmánides se embarcó rumbo a Tierra Santa donde, aproximadamente en el año de 1.270, murió en las inmediaciones de San Juan de Acre.
El Centro de Estudios Judaicos «Bonastruc Sa Porta».
Aunque en un principio funcionó con el nombre de Isaac el Cec, al asumir el ayuntamiento de la ciudad de Girona, en 1.991, la dirección de todo el complejo arqueológico, éste fue rebautizado con el nombre de «Bonastruc Sa Porta» que es el que actualmente ostenta.
Su principal labor consiste en preservar el legado histórico judío de la ciudad y en mostrar, de la manera más veraz posible, como transcurría el diario devenir de un colectivo humano -el hebreo- que fue esencial para el desarrollo tanto económico como cultural de dicha ciudad.
A medida que se efectuaban las obras de remodelación del centro, numerosas autoridades del mundo de la cultura internacional -no solamente judías- , se interesaron en el proyecto. Tanto fue así que, bajo el patrocinio del profesor Moshé Lazar, directivo de la Sociedad Sefaradita de California, se creó la asociación americana de «Los Amigos del Call de Girona». Por la misma fecha, la compañía aérea T.W.A. organizaba visitas de ciudadanos norteamericanos a la judería gerundense.
Pero, quizás, el momento más emotivo de toda esta historia fue cuando un descendiente directo de Bonastruc Sa Porta visitó el Call.
Su nombre era Samuel Nahmán y ya había visitado España anteriormente cuando a la edad de 18 años se había alistado en la Brigada Lincoln -perteneciente a las Brigadas Internacionales y formada mayoritariamente por hebreos- para defender la democracia y la libertad contra el fascismo. Sobrevivió a la Guerra Civil española y, seguidamente, se enroló en el ejército norteamericano para luchar contra Hitler en la Segunda Guerra Mundial. En 1.983, visitó Girona y declaró a los periódicos:
« los que hemos estado durante quinientos años en el exilio, trescientos en Italia, un siglo en Turquía y otros cien en Estados Unidos, saber que tenemos aquí nuestras raíces nos causa una profunda emoción. Simplemente ver estas calles y estos edificios constituye una sorpresa. Si los gerundenses me lo permiten, creo que puedo sentirme catalán, de Girona. Comprendo que me faltan muchas cosas por aprender, en primer lugar, el catalán. Nuestro padre siempre nos había explicado la historia de Nahmánides y su trayectoria en la cultura del pueblo hebreo. Pero no creíamos que se mantuviera la casa de Bonastruc Sa Porta ni su recuerdo tan vivo como lo he encontrado en Girona».
Por todo lo anteriormente expuesto en este artículo, la judería, o Call, de la hermosa y monumental ciudad de Girona, es un pedazo vivo de la historia, no solamente judía, sino de todos, y que bien merece una detenida visita.




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